¿Qué es la disfunción ejecutiva y cómo puede afectar?

Las personas que experimentan disfunción ejecutiva tienen dificultades para planificar, organizarse y gestionar su tiempo. ¿Cómo podemos ayudarlos?
¿Qué es la disfunción ejecutiva y cómo puede afectar?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales el 10 octubre, 2021.

Última actualización: 10 octubre, 2021

Ana escucha lo que dice la maestra, pero se distrae luego con el color de sus zapatos. Juan empieza la tarea de matemáticas, pero no logra finalizarla porque se ha levantado de la silla varias veces. Alberto se encuentra frente a una situación inesperada que requiere de una decisión inmediata, pero no logra dar una respuesta. ¿Qué tienen en común estas personas? Que presentan disfunción ejecutiva.

La función ejecutiva es aquella que se caracteriza por la toma de decisiones, la planificación y la conducta dirigida a una meta, la organización y el control. Para muchas personas, la función ejecutiva es como la central de mando del cerebro.

¿Qué es la disfunción ejecutiva?

Antes de comprender qué es la disfunción ejecutiva, definamos qué es la función ejecutiva. La misma se relaciona con la capacidad de planificación, de toma de decisiones y de atención. Nos permite integrar la información disponible para adaptarnos con éxito al medio.

El lóbulo frontal es el área del cerebro que se encuentra implicada en la función ejecutiva. Más concretamente, la corteza prefrontal. En general, se desarrolla entre la infancia y la adolescencia, aunque puede continuar mejorando a lo largo de toda la vida.

Algunas de las habilidades implicadas en la función ejecutiva se relacionan con lo siguiente:

  • Permanecer concentrados y prestar atención.
  • Iniciar y finalizar tareas.
  • Organización y planificación.
  • Flexibilidad cognitiva: adaptar nuestra respuesta a una situación novedosa, corregir, modificar una acción en curso.
  • Monitorización: supervisar la propia actividad para ser capaces de adecuarse o corregir si es necesario.
  • Control de impulsos  y de emociones.
  • Identificación de los deseos, intenciones y necesidades de los otros.
  • Memoria de trabajo: manejo de información por un corto período de tiempo para realizar una tarea.

Ahora bien, cuando pensamos en la disfunción ejecutiva, nos referimos a las dificultades o al déficit vinculado a aquellas habilidades de planificación y de control.



Signos y síntomas de la disfunción ejecutiva

Cuando la función ejecutiva se ve afectada, algunas de las dificultades que se presentan son las siguientes:

  • Problemas para dar continuidad a las tareas: se puede empezar con algo, pero cuesta finalizarlo.
  • Dificultades en el manejo de la atención de manera flexible o para cambiar el foco de atención.
  • Problemas para sostener una conducta por un período largo de tiempo.
  • Dificultad para organizar prioridades y con la gestión del tiempo.
  • Problemas para seguir una secuencia de pasos o instrucciones.
  • Dificultad para anticipar las consecuencias de los actos.
  • Problemas para comprender lo que los otros piensan, sienten o cómo actúan.
Distracción en un niño con disfunción ejecutiva.
Las distracciones son frecuentes en los niños. Es importante entender si son normales o signos de disfunción.

Posibles causas y su diagnóstico

El diagnóstico más frecuente vinculado a la disfunción ejecutiva se relaciona con el trastorno por déficit de atención (con o sin hiperactividad). Como su nombre lo indica, se caracteriza por la hiperactividad, el déficit de atención y la falta de control de los impulsos.  Suele ser un diagnóstico complejo, ya que al precisarse en la infancia, a veces sus síntomas resultan confusos.

La disfunción ejecutiva también puede originarse por un daño en los lóbulos frontales; a veces por traumatismos. Otras causas se deben a trastornos del neurodesarrollo u enfermedades como las demencias y el alzhéimer.

Por otro lado, las funciones ejecutivas también se ven afectadas en otros cuadros, como el trastorno límite de personalidad. En algunos casos, intervienen la herencia y la genética.



Abordaje de la disfunción ejecutiva y recomendaciones

Como muchas de las habilidades que están vinculadas con la función ejecutiva son fundamentales para el aprendizaje y para la vida laboral, además de un diagnóstico correcto, existen algunas estrategias que permiten que las personas afectadas cumplan con sus metas.

Entre ellas, se recomiendan las siguientes:

  • Dividir las tareas en pequeñas subtareas: así será más fácil mantener la atención de manera sostenida. Es importante reconocer logros y motivar a continuar, especialmente si son niños.
  • Limitar los estímulos, propiciando un ambiente sin distracciones: cualquier elemento puede ser un potencial distractor; por eso, lo mejor es tratar de despejar la mesa de trabajo y el ambiente.
  • El descanso es clave: cuando no existe un buen sueño, aumenta la hiperactividad y la dificultad para el control de impulsos.
  • Ayudar a la organización a través de distintos recursos: planificadores mensuales, agendas, aplicaciones, dispositivos electrónicos.
  • Practicar ejercicio: esto ayuda a la descarga de energía.
  • Fijar días con actividades precisas: por ejemplo, los lunes se dedican al deporte, los martes a ordenar la habitación y etcétera.
  • Psicoeducación: brindar información a la persona y a su familia sobre lo que sucede, las dificultades y los recursos para afrontarlo.
  • Automatizar algunos procesos: por ejemplo, en el caso de una persona adulta, se puede solicitar el pago automático de los impuestos.
  • Conversar con otras personas sobre los planes: esto permite detectar si algún aspecto importante está siendo olvidado.
Agenda para contrarrestar la disfunción ejecutiva.
La organización con planificadores y con agendas permite una mejor consecución de las metas.

Implicarse para ayudar y acompañar

La disfunción ejecutiva se caracteriza por dificultades en las habilidades que están más presentes en la vida cotidiana: cognitivas, de conducta y emocionales. Por lo que muchas veces, esas tareas que parecen sencillas, requieren de un esfuerzo titánico.

Es preciso comprender que muchos comportamientos que parecen erráticos encuentran su causa en el funcionamiento de las habilidades ejecutivas. Si bien no todos los casos revisten complejidad, es importante que el entorno procure acompañar, que actúe con paciencia y que se puedan facilitar ciertas estrategias y medios para lograr una mayor integración.

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