Funciones de los 12 pares craneales

Los 12 pares craneales controlan e intervienen en numerosos movimientos y sensaciones que llevamos a cabo diariamente. Al ser tan importantes, queremos compartir cuáles son y sus funciones principales.
Funciones de los 12 pares craneales
Mariel Mendoza

Revisado y aprobado por la médica Mariel Mendoza.

Escrito por Equipo Editorial

Última actualización: 21 noviembre, 2022

Los 12 pares craneales o nervios craneales nos permiten realizar las tareas diarias de manera cómoda y eficiente. Llevan parte de la información de nuestros sentidos al cerebro y del cerebro a algunos de los músculos y vísceras.

Estos nervios atraviesan unos pequeños orificios de la base de cráneo que están conectados a encéfalo. Desde aquí, se ramifican hacia diferentes partes del cuerpo para cumplir con sus funciones. Difieren así de los nervios espinales, los cuales nacen en la sustancia gris espinal.

Dentro de los 12 pares craneales que veremos a continuación, podemos agruparlos de manera sencilla en relación con sus funciones. Por lo tanto, los nervios ópticos, olfatorios y vestibulococlear son totalmente sensitivos.

Por otro lado, los nervios oculomotores, troclear, abducens, accesorio e hipogloso, son completamente motores. Y, por último, el trigémino, el facial, el glosofaríngeo y el vago son tanto sensitivos como motores.

Funciones de los 12 pares craneales

Antes de comenzar la función de cada par craneal o nervio craneal, es importante saber que el orden de estos se establece por el número romano perteneciente al nervio craneal de menor a mayor.

De manera general, y como señalan los expertos, la inervación de los nervios craneales es tanto aferente como eferente. Esto es, sus acciones se sienten en el plano sensorial, motor y autonómico. Te dejamos con las funciones específicas de los 12 pares craneales.

Nervio olfatorio (I)

Los pares craneales incluyen al nervio olfatorio.
Este nervio conecta con una zona especializada llamada bulbo olfatorio.

Como hemos visto, se trata de un nervio craneal. Se encarga de transmitir los estímulos olfativos desde la nariz hasta el cerebro.

Este par craneal tiene su origen en las células del bulbo olfatorio. Su principal característica distintiva es que es el nervio más corto de los 12 pares craneales y, junto con el nervio óptico, es uno de los dos nervios que no convergen en el tronco del encéfalo.



Como consecuencia de defectos genéticos, traumatismos o neoplasias puede ocurrir una disfunción del nervio olfativo. Los expertos distinguen así la anosmia congénita (la cual puede ser un síntoma del síndrome de Kallman), los tumores en el bulbo y el tracto olfatorio y la anosmia postraumática. Esta última es relativamente común, y se genera luego de un traumatismo craneoencefálico.

Nervio óptico (II)

La función principal de este par craneal es la de detectar la luz entrante y la imagen que se muestra en la retina y realizar la transmisión hacia la corteza cerebral. Además, y en combinación con el nervio oculomotor, también participa para cambiar el tamaño de la pupila.

Está compuesto por los axones de las células ganglionares de la retina. Estas llevan la información de los fotorreceptores al cerebro, donde luego se integrará e interpretará. El nervio óptico tiene su origen real en el diencéfalo.

Las disfunción del nervio óptico puede derivar en una pérdida parcial o total de la visión. El daño real está condicionado por el lugar exacto donde ocurre el daño.

Por ejemplo, se sabe que el daño en el nervio óptico anterior al quiasma óptico origina pérdida de la visión monocular ipsilateral; el daño en el quiasma óptico ocasiona pérdida de ambos campos visuales temporales y el daño al tracto óptico desencadena hemianopsia homónima contralateral.

Nervio oculomotor (III)

El nervio oculomotor también se conoce como el nervio motor ocular común. La función principal de este par craneal es la de controlar el movimiento ocular. También es el responsable del tamaño de la pupila. En cuanto al origen de este nervio craneal, se origina en el mesencéfalo.

Los expertos distinguen dos funciones de este nervio: las somáticas (voluntarias) y las autonómicos parasimpáticos (automáticas). En el primer caso destacan la elevación del párpado superior y la coordinación de los músculos oculares que median en el seguimiento visual y la fijación de la mirada.

Las funciones automáticas más importantes son la capacidad de constreñir la pupila y la contracción de la curvatura del cristalino. Esto último permite, entre otras cosas, enfocar el cristalino en los objetos más cercanos. La diabetes, la hipertensión, el trauma, la neoplasia o un aneurisma pueden ocasionar la parálisis del nervio.

Nervio troclear o patético (IV)

Se trata de un nervio que, como hemos mencionado antes, consta de funciones motoras. Además, también tiene funciones somáticas. Estos nervios están conectados con el músculo oblicuo superior de ojo, pudiendo hacer que rote y que lo separe del globo ocular.

Al igual que el anterior par craneal, presenta su origen en el mesencéfalo. En compañía con el nervio oculomotor y el nervio motor ocular externo participa en el movimiento del ojo. Su disfunción puede ocasionar desviación ocular, diplopía y cambios posturales de la cabeza. Se sabe que la mayoría de los casos son de naturaleza congénita.

Nervio trigémino (V)

Como ya sabemos, se trata de un nervio con funciones mixtas; es decir, tanto motoras como sensoriales. Presenta la característica de ser el nervio más grande de todos los pares craneales.

Lleva información sensitiva a la cara, transmite la información a los músculos masticatorios, tensa el tímpano y el velo del paladar y, además, recoge la sensibilidad de la cara y sus mucosas. Para ser más específicos, la información sensorial que conduce son el tacto, el dolor y la temperatura.

Los especialistas dividen las funciones del nervio trigémino en función de sus ramas. Así, se distingue el nervio oftálmico, el nervio maxilar y el nervio mandibular. Las disfunciones del nervio más comunes son la neuralgia trigeminal, los dolores de cabeza intensos y el síndrome de Wallenberg.

Nervio abducens (VI)

El nervio abducens también se le conoce como nervio craneal motor ocular externo y, como su nombre indica, es un nervio motor. Esto lo diferencia del nervio oculomotor y el nervio troclear, ya que como hemos visto estos tienen funciones sensoriales.

Es el responsable de transmitir los estímulos motrices al músculo recto externo del ojo. Por otro lado, permite que el ojo se pueda mover hacia el lado contrario de donde tenemos situada la nariz.

La disfunción más común es la parálisis del abducens. Los especialistas lo consideran un signo temprano de presión intracraneal elevada o un glioma pontino. Los traumatismos que ocasionan comprensión son también un catalizador del daño en el nervio.

Nervio facial (VII)

Es otro de los nervios mixtos. Consta de varias fibras nerviosas que realizan diferentes funciones como:

  • Mandar órdenes a los músculos de la cara para crear expresiones faciales.
  • Enviar señales a la glándulas salivales y lagrimales.
  • Recoge la información del gusto a través de la lengua.


El nervio tiene su origen en el tronco del encéfalo y se extiende por detrás hasta el nervio motor ocular externo. Se sabe que los traumatismos, los accidentes cerebrovasculares, la parálisis de Bell idiopática, la neoplasia y la meningitis granulomatosa, entre otras cosas, pueden comprometer la función del nervio.

Nervio vestibulococlear (VIII)

Se trata de un nervio sensorial. También es conocido como par craneal del nervio auditivo y vestibular, conformando así, el nervio vestibulococlear.

La función de este par craneal es la de mantener el equilibrio y la orientación en el espacio. También se encarga de la función auditiva. Las infecciones, las traumatismos directos, los tumores y las malformaciones congénitas pueden comprometer su función.

Nervio glosofaríngeo (IX)

Los pares craneales tienen neuronas.
Estos nervios son muy importantes en todo el organismo.

Es un nervio cuya influencia reside en la lengua y la faringe. Recoge información de las papilas gustativas que están en la lengua y la información sensitiva de la faringe.

Por otro lado, lleva órdenes a las glándulas salivales y diversos músculos del cuello que facilitan la deglución. Como bien advierten los investigadores su parálisis deriva en disfagia, alteraciones del gusto, ausencia del reflejo de náusea y la pérdida del reflejo del seno carotídeo.

Nervio vago (X)

El par craneal número 10 es el nervio vago o neumogástrico. Nace en el bulbo raquídeo e inerva en los siguientes órganos:

  • faringe;
  • esófago;
  • laringe;
  • tráquea;
  • bronquios;
  • corazón;
  • estómago;
  • hígado.

También interviene en la deglución y, además, manda y transmite señales al sistema nervioso autónomo pudiendo, incluso, ayudar a la regulación de nuestra activación y controlar los niveles de estrés, entre otras funciones.

Entre muchas otras cosas, se sabe que las lesiones en el nervio vago derivan en disfagia, disartria y ronquera. También, puede ocurrir una desviación de la úvula y efectos parasimpáticos de carácter transitorio.

Nervio accesorio (XI)

También conocido como nervio espinal, es un nervio motor y se podría decir que es uno de los más puros. Se encarga de movimiento cefálico y rotatorio por su inervación del músculo esternocleidomastoideo. Por lo tanto, permite la rotación de la cabeza y de los hombros.

Investigaciones recientes sugieren que el nervio accesorio provee también funciones sensoriales. La patologías directas que afectan al nervio son raras, de manera que su disfunción normalmente es una consecuencia de una lesión.

Nervio hipogloso (XII)

Es un nervio motor que, al igual que el vago y glosofaríngeo, interviene en la musculatura de la lengua y en la acción de tragar. Se distinguen cuatro ramas del nervio: meníngea, descendente, tirotiroidea y muscular. A pesar de ello, solo esta última se considera realmente parte del nervio hipogloso.

Los nervios craneales, estructuras muy importantes

Como puedes ver, estos nervios tienen funciones muy específicas y vitales para la vida tal y como la conocemos. Existen muchas enfermedades capaces de lesionar uno o varios de estos nervios, originando signos clínicos bastante característicos para los nervios. Muchas de ellas son de carácter temporal o reversible, mientras que otras son permanentes.

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