Laminectomía: ¿en qué consiste y cuáles son sus riesgos?

La laminectomía es una técnica quirúrgica que se suele utilizar en las estenosis vertebrales, en especial si otros tratamientos conservadores han sido ineficaces. Te explicamos en qué consiste.
Laminectomía: ¿en qué consiste y cuáles son sus riesgos?
Leonardo Biolatto

Escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto el 07 abril, 2021.

Última actualización: 07 abril, 2021

La laminectomía es una cirugía que también recibe el nombre de descompresión abierta. Consiste en extirpar la parte posterior de una vértebra (llamada lámina) para crear más espacio en el conducto vertebral.

La columna vertebral está formada por 33 vértebras, separadas entre sí por los discos intervertebrales. Son discos cartilaginosos que amortiguan el choque entre estos huesos. La laminectomía se realiza para aliviar una presión excesiva en el conducto que pudiese dañar los nervios o la médula.

Es un procedimiento que se suele emplear en pacientes con artritis de columna. Aunque suele ser una técnica segura, conlleva riesgos y aspectos importantes a tener en cuenta. En este artículo te explicamos todo lo que debes saber sobre la laminectomía y cómo se realiza.

¿En qué consiste una laminectomía?

La laminectomía, como acabamos de señalar, es una técnica quirúrgica que se realiza en la columna vertebral. Consiste en extraer una parte de una o más vértebras. La porción que se extirpa recibe el nombre de lámina.

También se la nombra como descompresión abierta porque mediante ella se consigue aliviar la presión sobre los nervios raquídeos y la médula espinal. En la mayoría de casos, se realiza cuando otros tratamientos han sido insuficientes, como la fisioterapia o los medicamentos.

El aumento de presión puede deberse a patologías como la artrosis, las hernias de disco o los tumores. La idea es que, cuando los nervios quedan comprimidos, suele aparecer dolor, alteraciones de la movilidad e incluso pérdida de control de los esfínteres.

El procedimiento de alivio se realiza mediante un corte en la espalda. A través de la incisión se extrae parte de la vértebra o las vértebras que estén provocando el cuadro. Una vez hecho esto, se quita la parte del disco que se haya herniado.

Los nervios y los músculos se vuelven a colocar en su posición original y se procede a cerrar el corte. De esta manera, aumenta el espacio del conducto vertebral. Si la lesión afecta a la parte del cuello, el abordaje suele realizarse por la parte anterior.

En algunos casos, la técnica se combina con otras, como la artrodesis, para que la columna vertebral no pierda estabilidad. La artrodesis consiste en fusionar dos vértebras entre sí, evitando que se desplacen.

Columna vertebral humana.
La estructura de la columna vertebral es susceptible de provocar pinzamientos y lesiones en los nervios, lo que se acompaña de dolor y hasta trastornos de la movilidad.

¿Por qué se realiza?

La laminectomía se realiza para aliviar un exceso de presión dentro del canal vertebral. Este aumento de presión suele asociarse a un crecimiento óseo excesivo de las vértebras. Ocurre, por ejemplo, en la artritis y en la artrosis.

El problema es que la presión produce daños en la médula espinal y en los nervios raquídeos. Estos pacientes suelen sufrir mucho dolor, cuya localización varía en función de qué zona esté afectada. Además, puede haber debilidad, entumecimiento y pérdida del control de los esfínteres.

La laminectomía suele reservarse para los casos en los que hayan fracasado los tratamientos menos agresivos. Por ejemplo, cuando los fármacos analgésicos no calman el dolor o la fisioterapia no mejora el resto de síntomas.

También suele estar indicada cuando la gravedad es muy notable. Es decir, cuando se ven afectadas las actividades diarias del paciente. Si no consigue controlar los esfínteres, caminar o permanecer de pie se recurre a la laminectomía.

Según explican los especialistas de la Clínica Mayo, es una técnica que puede utilizarse para tratar las hernias discales. Sobre todo aquellas en las que no se puede acceder al disco dañado. La estenosis lumbar es otra de las razones principales para su prescripción.

¿Qué riesgos tiene una laminectomía?

La laminectomía se considera una técnica segura. No obstante, debemos tener en cuenta que la columna vertebral es una estructura compleja y delicada. Además, como cualquier otra cirugía, se asocia a una serie de posibles complicaciones.

Por ejemplo, puede haber sangrado, coágulos sanguíneos o infección de la herida. Durante esta intervención es posible que se dañe alguno de los nervios raquídeos. Esto podría dejar secuelas, como debilidad, entumecimiento o incluso parálisis.

También puede haber derrame del líquido cefalorraquídeo o desgarros del tejido fibroso que recubre y protege la médula. Estas complicaciones requieren, en la mayoría de casos, realizar una segunda cirugía.

Cómo prepararse para una laminectomía

Antes de realizar una laminectomía es fundamental que el paciente conozca todos los aspectos de la intervención. Lo más seguro es que haya que suspender o modificar ciertos tratamientos antes.

Además, el día en el que se haya programado la intervención habrá que evitar comer o beber líquidos en las horas previas a la misma. Se recomienda buscar ayuda para los días posteriores, ya que actividades como cocinar o incluso el aseo pueden resultar complejas.

Qué ocurre durante la laminectomía

Tal y como explica un artículo de la corporación WebMD, la laminectomía se realiza con anestesia general. Por eso, el paciente deberá estar intubado durante el procedimiento. Lo normal es que la operación se realice mediante un corte en la espalda, a no ser que se desee tratar la columna cervical.

A través de la incisión se van disecando los tejidos para alcanzar las vértebras afectadas. El cirujano eliminará la lámina o los espolones óseos que estén comprimiendo los nervios. En algunos casos, es posible que haya que retirar varios huesos diferentes.

Del mismo modo, como comentamos al principio, es posible que la laminectomía se combine con otras técnicas. Por ejemplo, con una artrodesis para estabilizar la columna vertebral. Si hay una hernia discal, es probable que se elimine también el disco afectado (la técnica se denomina discectomía).

Después de la cirugía

La laminectomía es un procedimiento de duración variable. Aunque en algunos casos el paciente puede irse a casa el mismo día de la intervención, lo más frecuente es que permanezca ingresado al menos unas jornadas. Así se puede observar si aparece alguna complicación.

Justo después de la intervención se traslada al paciente a una sala de recuperación. Ahí se examina si la sensibilidad y la movilidad son adecuadas. Es normal que haya dolor en la zona intervenida.

Además, la recuperación es progresiva. Suele ser necesario que pase una semana para volver a las actividades cotidianas. Incluso, los primeros días puede resultar complejo caminar, levantar cosas o moverse. Es usual que se recomiende fisioterapia tras la laminectomía.

Médico revisa columna antes de una laminectomía.
Las laminectomías cervicales son ligeramente diferentes al resto, debido a las estructuras anatómicas del cuello.

Expectativas frente al procedimiento

La laminectomía se considera una intervención segura. En la mayoría de casos se consigue que el dolor previo a la intervención disminuya de forma notable. Al menos, el que afectaba a las extremidades.

Cuando se ha completado la recuperación (unos 2 o 3 meses), los pacientes intervenidos revelan una gran mejoría. No obstante, algunos síntomas pueden volver a aparecer con el paso de los años. Sobre todo si la patología de base progresa.

Por eso, en algunos casos es necesario realizar una segunda intervención. La mayoría de las veces se hace porque vuelve a aparecer estenosis en otra parte de la columna o esta se encuentra inestable.

La laminectomía es una intervención compleja

Es cierto que, en la mayoría de casos, la laminectomía produce una mejoría muy significativa de los síntomas. Sin embargo, este tratamiento se suele reservar para las personas en las que han fallado otros tratamientos menos agresivos.

La razón principal es que, aunque se considere una técnica segura, no está exenta de riesgos. Por ello, siempre debe ser el médico el que aconseje cuál es el abordaje más indicado para cada paciente, en función de sus condiciones de salud.

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