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Feijoo, filósofo español, “Sólo de un modo se puede acertar; errar, de infinitos”

4 minutos
El acierto requiere coherencia entre datos, contexto y razonamiento, mientras el error surge por múltiples fallos posibles.
Feijoo, filósofo español, “Sólo de un modo se puede acertar; errar, de infinitos”
Escrito por Estefanía Filardi
Publicado: 24 febrero, 2026 08:00

¿Cuántas veces has tenido la certeza de estar en lo cierto para descubrir después que te equivocabas? Benito Jerónimo Feijoo, monje benedictino y ensayista del siglo XVIII, escribió en su obra Teatro crítico universal una frase que resume bien la asimetría entre el acierto y el error: “Sólo de un modo se puede acertar; errar, de infinitos”.

La idea implica que acertar requiere que todo encaje correctamente, mientras que para fallar basta con que una pieza esté mal. En un mundo donde las opiniones se forman en segundos y se comparten sin filtro, esta observación funciona como vacuna contra la prisa intelectual.

Por qué acertar es más difícil que errar

Atinar suele exigir coherencia entre varios elementos. Por ejemplo, tener los datos correctos, el método adecuado, el contexto bien interpretado y las conclusiones que sigan de las premisas. Si uno de estos elementos falla, el resultado también.

El error, en cambio, tiene múltiples puertas de entrada. Un dato mal verificado, un sesgo de confirmación, una generalización apresurada o simplemente no haber considerado alternativas.

Feijoo escribía contra las supersticiones y creencias populares que se aceptaban sin cuestionamiento. Observó que la gente llegaba a conclusiones falsas por caminos muy diversos, pero que el razonamiento correcto requería cuidado y método. Esta asimetría no ha cambiado; se ha amplificado con la velocidad a la que se difunde información hoy.

Comprobar supuestos antes de opinar

Aplicar la idea de Feijoo empieza por reconocer que tu primera intuición puede estar equivocada de muchas formas. Antes de dar por cierta una información, pregúntate: ¿de dónde viene este dato? ¿Quién lo verificó? ¿Qué estoy asumiendo que podría no ser así?

Este hábito no convierte cada conversación en un interrogatorio, pero sí añade una pausa antes de aceptar algo como verdadero. La mayoría de los errores en las decisiones cotidianas vienen de supuestos no comprobados que se daban por válidos. Cuestionarlos no es desconfiar de todo, es reconocer que el error tiene más caminos que el acierto.

Por eso, Feijoo criticaba la tendencia a confundir lo que parece evidente con lo que es cierto. Muchas creencias falsas persisten porque “suenan bien” o porque mucha gente las repite. La popularidad de una idea no la hace correcta, y el consenso puede estar equivocado si se basa en información defectuosa.

En la actualidad, esto se traduce en distinguir entre lo que sabes con evidencia y lo que asumes por intuición o por repetición. Puedes actuar basado en intuiciones cuando el coste de equivocarte es bajo, pero las decisiones importantes merecen verificación. La certeza genuina requiere más trabajo que la sensación de estar seguro.

Crear protecciones simples para las decisiones cotidianas

No hace falta analizar cada decisión con rigor científico, pero puedes crear reglas mínimas que reduzcan errores evitables. Antes de compartir información en redes, comprueba la fuente. Antes de comprar basándote en una reseña, busca al menos dos más. Antes de tomar una decisión financiera, consulta con alguien que sepa del tema.

Estas protecciones no garantizan aciertos, pero cierran algunas de las infinitas puertas del error. Son filtros que eliminan los fallos más comunes sin requerir esfuerzo excesivo. La idea no es alcanzar perfección, sino reducir la probabilidad de fallar por descuido.

No malinterpretes la frase de Feijoo como una invitación al perfeccionismo o al miedo a actuar. No lo es. Feijoo también reconocía que hay que decidir con información imperfecta. El objetivo no es eliminar todo riesgo de error, sino ser más cuidadoso con lo que das por verdadero.

Puedes actuar sin certeza absoluta, pero siendo consciente de esa incertidumbre. Puedes equivocarte después de haber comprobado, pero al menos habrás cerrado algunas vías de error evitable. La diferencia está en actuar con criterio en lugar de con prisa.

El acierto exige más que el error

Feijoo escribió en una época donde la imprenta ya difundía información rápidamente, pero donde aún era posible pausar antes de formar opinión. Hoy la velocidad de la información hace más fácil errar y más difícil acertar. Las redes sociales premian la seguridad instantánea, no la duda razonada.

La frase de Feijoo recuerda que el acierto suele ser más exigente que el error. No porque sea inalcanzable, sino porque requiere atención, método y disposición a revisar lo que crees saber. En un entorno que valora la respuesta inmediata, esa pausa para comprobar puede parecer lenta. Pero es la diferencia entre acertar de un modo o fallar de infinitos.

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.