Trastorno por duelo prolongado: ¿qué es y cómo superarlo?

El trastorno por duelo prolongado es un nuevo diagnóstico que tiene voces a favor y en contra. Veamos de qué se trata y qué herramientas tenemos para el acompañamiento.
Trastorno por duelo prolongado: ¿qué es y cómo superarlo?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales.

Última actualización: 27 abril, 2022

Como todos los momentos de la vida que requieren de tiempo, la pérdida de un ser querido no es la excepción. Cuando el proceso se extiende de más, podría tratarse de un trastorno por duelo prolongado.

Cada quien tiene su forma particular de vivir el duelo, pero debe darse el espacio para hacerlo. Sin embargo, ese tiempo no debería avanzar como una marea hasta ahogarnos. Si no que tendría que mutar en un recuerdo grato de la persona querida o en un aprendizaje.

¿Qué es el trastorno por duelo prolongado?

De manera reciente, el duelo prolongado fue incorporado al Manual diagnóstico y estadístico de las enfermedades mentales. Recibe el nombre de trastorno o síndrome de duelo prolongado y se refiere al padecimiento por la pérdida que lleva un año o más de duración, impactando en la cotidianidad de la persona.

El trastorno por duelo prolongado es como un duelo crónico. La persona  no puede tolerar ni asumir la pérdida, por lo que queda estancada en ese acontecimiento. Muchas personas refieren sentirse “en una realidad suspendida”.

Para comprender estos casos debemos pensar en si se logra integrar la pérdida. Por ejemplo, si quien falleció vivía con la persona, esta anula por completo la habitación, como deteniendo el tiempo. Hay quienes dejan la habitación intacta, tal cual quedó antes de que ocurriera la muerte.

No se trata de un fenómeno nuevo, aunque recibe otro tipo de notoriedad a partir de lo ocurrido en la pandemia por COVID-19. Debido a la situación sanitaria, muchas personas no pudieron despedirse de sus afectos, lo que dificultó ese cierre.

Si bien es necesario destacar que el duelo es algo muy singular, o sea, una respuesta adaptativa individual, también es un proceso que pasa por etapas hasta llegar a un momento en que se puede seguir adelante. Esto no quiere decir que uno se olvide de la persona fallecida, sino que su ausencia se vuelve tolerable.

Persona sola en un duelo prolongado.
El duelo no tiene un tiempo específico, pero hay características que denotan si se extiende demasiado.

Factores de riesgo

Entre los factores que influyen (o podrían hacerlo) en el duelo prolongado se encuentran los siguientes:

  • Falta de un grupo o red social capaz de aportar contención.
  • Haber dedicado mucho tiempo a cuidar a la persona fallecida: aparecen dificultades para encontrar un nuevo sentido a la vida.
  • Antecedentes patológicos en trastornos de ansiedad o depresión.
  • Pérdida de familiares por COVID-19 o por algún otro episodio traumático, por ejemplo, la desaparición física repentina a causa de un asesinato o UN accidente. Es aquella que no tiene explicación y provoca un fuerte impacto emocional.
  • Convivencia con la persona fallecida y tipo de relación: también si existen sentimientos de ambivalencia: amor/odio hacia quien falleció.
  • Situación económica: que la persona fallecida haya sido proveedora principal de la familia.
  • Género: algunas revisiones refieren que ser mujer podría influir en el modo de atravesar la pérdida.


Síntomas del trastorno por duelo prolongado

Algunos de los síntomas que evidencian que se trata de un trastorno son los siguientes:

  • Surgen pensamientos obsesivos, recurrentes o rumiantes respecto a la persona fallecida. Por ejemplo, se repasan una y otra vez las circunstancias previas a la muerte, tratando de identificar si se podría haber hecho algo distinto.
  • Dificultad para disfrutar de actividades que antes causaban alegría o placer. Hay apatía.
  •  Las conversaciones pueden volverse monotemáticas. Solo se habla de quien falta, de sus recuerdos.
  • No se encuentra sentido a la propia vida. Es como si todo se detuviera y quedara en suspenso. En algunos casos, puede derivar en ideas respecto a la propia muerte.
  • Dificultades vinculadas con el descanso: insomnio, pesadillas.

Al reparar en este listado, podemos evidenciar que se trata de síntomas propios de cualquier duelo. Sin embargo, la diferencia radica en que para hablar de un trastorno hay que considerar la duración, la intensidad y la forma en que se altera la cotidianidad.



¿Cómo abordar el trastorno por duelo prolongado?

Algunas recomendaciones para acompañar a alguien que atraviesa un duelo complejo son las siguientes:

  • Es importante confiar en la persona, alentarla a que saldrá adelante. En este momento se encuentra descreída de sus propias capacidades.
  • Organizar (y aceptar) planes de recreación para salir de ese círculo vicioso. Es necesario encontrarse con otra gente, salir a caminar, etc.
  • Mantener una escucha abierta, activa, sin prejuzgar. Permitirle a quien sufre que se exprese y evitar las frases hechas o de compromiso. Apelar a la empatía.
  • Mostrarse disponible, pero no imponerse. Ser respetuosos de lo que el otro necesita.

Más allá de las recomendaciones, es preciso reconocer que cada persona es única y tenemos que adecuar nuestro sostén. No hay recetas universales y allí está el valor del acompañamiento.

Acompañar el duelo prolongado.
El acompañamiento del duelo es individual y cada persona necesita un apoyo diferente.

Acompañar el duelo, pero no patologizarlo

A partir de su incorporación en el mencionado Manual diagnóstico (conocido como DSM-V), también surgieron posturas diversas y controvertidas. Se trata de un debate que viene desde hace años en el mundo de la salud mental.

Por un lado, quienes están a favor refieren que se trata de brindar herramientas a quienes están pasando por una situación particular. Así como se acompaña a quienes tienen fobias o cualquier otro trastorno, también se debería ser el sostén aquí.

Por otro lado, están las voces que no coinciden con su inclusión. Se oponen, ya que consideran que se trata de patologizar un proceso natural. Además, agregan que seguramente será una forma de mercantilizar y hasta medicalizar el dolor.

Quizás, de lo que se trata es de hacer una lectura completa del contexto, según el caso particular de cada persona. No es patologizar, claro, sino aportar herramientas y verificar que no haya otros factores de fondo.

Naturalicemos que hay personas que necesitan más tiempo que otras, así como hay quienes pueden necesitar más ayuda. Aceptar que el dolor es parte de la sociedad y de la vida es la clave.

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