Trastornos alimenticios en mujeres mayores

De acuerdo con un estudio austríaco del año 2006, un 60 % de las mujeres mayores de 60 años se mostraban insatisfechas con sus cuerpos y peso corporal, y un 4 % respondían a los criterios de diagnóstico de trastorno alimentario.
Trastornos alimenticios en mujeres mayores
Anna Vilarrasa

Escrito y verificado por la nutricionista Anna Vilarrasa el 03 enero, 2021.

Última actualización: 03 enero, 2021

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) están asociados de forma general a las adolescentes y mujeres jóvenes. Sin embargo, no es raro que aparezcan trastornos alimenticios en mujeres mayores si bien el tipo y la forma cómo inciden presentan algunas diferencias.

Se trata de una condición seria que no solo afecta al modo de comer. Impacta de forma significativa en la salud física y emocional de los afectados, así como su productividad y relaciones sociales.

A continuación, conocemos más sobre las características de esta enfermedad en las mujeres adultas, cuáles son los tipos de TCA más frecuentes y cuáles pueden ser las señales de alarma.

¿Qué tan raros son los trastornos alimenticios en las mujeres  mayores?

Trastornos alimenticios en mujeres mayores
Los trastornos alimenticios en mujeres mayores, principalmente los atracones y posteriores purgaciones, son más comunes de lo que podrías imaginar.

Los problemas relacionados con la comida como la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón están ligados en el imaginario al género femenino y a la edad adolescente. Pero las mujeres con edades de alrededor de 60 años también son susceptibles de padecerlos.

Y los datos lo corroboran. Unas encuestas comunitarias realizadas en Australia en los años 1995 y 2005 mostraron que en una década aumentaron de forma significativa las mujeres mayores que declaraban seguir dietas estrictas, ayunos o purgas.

También se encontró que en este período la práctica de dietas estrictas, ayuno y atracones se triplicó y las conductas purgativas se multiplicaron por cuatro. En datos referentes a las mujeres canadienses, se detectó que entre los 45 y 64 años tenían mayores probabilidades que las jóvenes de darse atracones de comida, sentirse culpables por comer o preocuparse por la comida.

Si bien se distingue de forma clara entre aquellas mujeres que inician el trastorno a estas edades tardías y las que sufren recaídas o cronificación de un problema que se inició en la adolescencia, existe una serie de condicionantes en la edad madura que las vuelven más vulnerables.

¿Qué factores pueden desencadenar un trastorno alimenticio?

Cualquier etapa o momento de transición en la vida de una persona puede desembocar en un problema de conducta alimentaria. Uno de ellos es la adolescencia. No obstante, durante la edad que va de los 40 a los 60 (conocido como segunda adultez) muchas mujeres también experimentan períodos de exploración de una nueva identidad.

Se considera un momento de más vulnerabilidad para presentar trastornos sobretodo en relación al espectro afectivo, ansioso y de la conducta alimentaria. Según expresa la psicóloga Dra. Cabrera, algunos de los factores desestabilizadores en esta edad son los siguientes:

  • Sentimiento de pérdida de posición, estatus social o distorsión de la imagen corporal en un mundo claramente orientado a la juventud. 
  • Muerte de un ser querido y/o problemas de duelo dificultoso.
  • Divorcio o ruptura sentimental. 
  • Padecimiento de una enfermedad traumática.
  • Sensación de pérdida de control en la vida que se intenta superar con un control de la alimentación. 
  • Cambios de rol en la pareja o en relación con los hijos.

La menopausia y los trastornos alimenticios

La menopausia es una etapa en la vida de las mujeres caracterizada por el fin del ciclo menstrual de forma definitiva. Aunque puede ocurrir en cualquier momento entre los 41 y los 50 años, la mayor parte de las mujeres llega a ella alrededor de los 51. 

La alteración hormonal que conlleva se caracteriza por la posible aparición de algunos síntomas como la sudoración, los sofocos, el insomnio o la sequedad de las mucosas. Menos conocidas pero también muy presentes están las alteraciones emocionales tales como la ansiedad, el miedo y la irritabilidad.

No es habitual que las mujeres hablen sobre todos estos cambios físicos, psicológicos y emocionales en esta nueva etapa. Al contrario, parece que la sociedad empuja hacia una remodelación del cuerpo a través de dietas, píldoras o ejercicio físico. 

Dadas estas características, la menopausia se convierte en un momento vital de riesgo para el desarrollo de nuevos TCA o la reaparición de anteriores problemas. Y como se ha visto en el apartado anterior, existen determinantes muy específicos de esta edad que pueden actuar como catalizador.

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Tipos de TCA

Los problemas relacionados con la conducta alimentaria en las mujeres suelen tener un mismo patrón y comportamiento: restricción calórica, atracones y purgas.

La evidencia científica existente alrededor de este tema muestra una menor prevalecencia de bulimia y anorexia nerviosas en la edad adulta en comparación con la adolescencia. En cambio, suelen aparecer más trastornos por atracón y otros tipos no especificados. 

Anorexia nerviosa

Los datos parecen un poco contradictorios según las fuentes consultadas. Si bien se considera un problema infrecuente en mujeres entre los 40 y 60 años, algunas investigaciones han demostrado su existencia.

Aunque se muestran algunos casos de inicio de la enfermedad hacia los 45 años o más allá, la mayoría de las veces se trata de casos iniciados antes de los 25 años y que se mantienen de forma crónica y duradera a lo largo del tiempo. 

Anorexia tardía

Este es un término que introdujo el médico P. Dally. Con él se refiere a aquellas mujeres que desarrollan esta enfermedad como respuesta a una crisis marital. Aparece en momentos cercanos a la edad del matrimonio, antes de un embarazo o posterior al parto. 

Anorexia del envejecimiento

Este es un fenómeno muy prevalente entre el género femenino y hace referencia a una restricción regular de ingesta calórica en personas mayores de 65 años. Parece ser que un 20 % de la población padece esta situación. 

Puede derivarse del cambio que se produce con el paso de los años, tanto de los hábitos alimentarios como de la sensación de apetito. Suele ser más presente en mujeres institucionalizadas.

Su existencia se asocia a problemas como sarcopenia, osteopenia, deterioro del estado funcional, aumento de ingresos hospitalarios, disminución del sistema inmunitario y dificultades para cicatrizar.

Más trastornos alimenticios en mujeres mayores: bulimia nerviosa

Los datos muestran que un 2,8 % de la mujeres en Estados Unidos padecerán bulimia nerviosa alguna vez en su vida. En la edad adulta no existe consenso sobre su origen, si bien el período de la menopausia y las presiones sociales alrededor de la imagen corporal y la edad son puntos críticos y favorecedores de su aparición. 

Está caracterizada por ciclos de ingesta de comida de forma compulsiva con etapas de purga o desintoxicación compensatoria para evitar la ganancia de peso. La ingestión suele ser de cantidades muy elevadas de alimentos, generalmente muy calóricos y en muy poco tiempo. 

Trastorno por atracones

Es el más frecuente a partir de los 45 años y la mayoría de las veces es debido a una presentación crónica o a una recaída de un inicio anterior.

Este tipo de problema es de especial preocupación por las consecuencias en la salud que conlleva. Se produce una serie de alteraciones metabólicas que acaban afectando al sistema cardiovascular y aumentan el riesgo de obesidad, hipertensión arterial, dislipidemia y resistencia a la insulina. 

Además, si se presenta obesidad, la situación se puede agravar con síntomas psiquiátricos. Pueden aparecer la depresión y la baja autoestima, y crearse un círculo vicioso que agrava aún más, si cabe, las consecuencias del trastorno por atracón. 

Señales de estar padeciendo algún trastorno alimenticio

Ejercicio físico en la edad madura
El ejercicio físico exagerado y la baja ingesta calórica pueden ser síntomas de trastornos alimenticios en la edad madura.

El contexto y las circunstancias de la bulimia o la anorexia son diferentes según la edad en la cual se padece la enfermedad. Sin embargo, los señales y los signos de alarma suelen ser generalizables.

Como indican los expertos de la Asociación Nacional de Trastornos Alimentarios, algunos de los comportamientos que pueden indicar un problema son los siguientes:

  • Preocupación habitual por la comida, la pérdida de peso y la dieta. 
  • Realización de rituales alimentarios, restricciones de grupos concretos de alimentos, restricción calórica importante.
  • Cambios en los comportamientos y hábitos alimentarios. Saltarse comidas, comer solo de forma habitual, realizar ingestas compulsivas, acudir al baño justo después de comer.
  • Pérdida de peso.
  • Uso de pastillas y otros medicamentos con efecto laxante, diurético o con propiedades adelgazantes.
  • Práctica de ejercicio físico de forma excesiva y/o obsesiva. 
  • Ansiedad y cambios de humor habituales.
  • Signos físicos: mareos, debilidad muscular, sensación de frío habitual, problemas para dormir, existencia de lanugo, anemia…

Los trastornos alimenticios en mujeres mayores no son raros y afectan su calidad de vida

Los TCA afectan en gran manera la calidad de vida de las personas que los padecen tanto en la adolescencia como en la edad adulta. En las últimas, puede incluso empeorar la productividad laboral, el ambiente en el hogar y traer consecuencias económicas negativas.

La vergüenza y el secreto forman parte del problema y muchas veces impiden que las mujeres afectadas pidan ayuda. En este caso, además puede añadirse el estigma de ser una mujer adulta con una enfermedad  de adolescente.

Sin embargo, a día de hoy la conciencia sobre la existencia de los trastornos alimenticios en mujeres adultas está más extendida. Existe un abanico más amplio de tratamientos y terapias para procurar opciones de mejora de este problema.

Aunque en algunas ocasiones esta enfermedad puede permanecer enquistada desde años o, incluso, décadas, la madurez también supone una ventaja para lidiar con ella, en parte por la mayor experiencia de vida.

Muchas mujeres que no han podido superar el problema en la adolescencia o en la juventud lo logran pasados los cincuenta o sesenta años. Además, los expertos señalan que aunque la enfermedad suele estar infradiagnosticada, se observa un aumento en la solicitud de ayuda. 

La mejor forma de acompañar a una persona con trastornos de la conducta alimentaria es hacerle saber que dispone de un apoyo y de una persona con quien poder hablar. 

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Los trastornos alimenticios son alteraciones psicológicas que derivan en un cambio en la dieta del paciente. Existen multitud de ellos.



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