15 comportamientos tóxicos de los que no son conscientes los padres

Aunque los niños no vengan con un manual de instrucciones, es posible identificar algunos comportamientos tóxicos en los que como padres caemos sin darnos cuenta.
15 comportamientos tóxicos de los que no son conscientes los padres
Bernardo Peña

Revisado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña.

Última actualización: 25 noviembre, 2022

Aunque se intenta educar a los hijos de la mejor manera, existen ciertos comportamientos tóxicos en los que los padres caen a menudo sin darse cuenta. ¿Sabes cuáles pueden ser? Descuida, de todas formas te los comentaremos a continuación, así como otros detalles de interés.

A menudo se está “copiando” aquello que se vio hacer a los propios progenitores, pero igualmente es posible reconocerlo y hacer cambios para que en el futuro todo fluya mejor en la relación. ¡Toma nota de lo siguiente que vamos a comentarte!

15 Comportamientos tóxicos de los padres

Dado que las buenas intenciones por sí solas no bastan, se hace necesaria la autocrítica para detectar esas costumbres calificadas como “tóxicas” que pueden afectar a los hijos.

Veamos pues, cuáles son esas conductas y de qué modo se manifiestan.

1. Ser hipercrítico

A pesar de que señalar los errores ayuda al cambio y a que el niño se dé cuenta de sus fallos, las críticas continuadas tampoco garantizan una mejoría adicional, sino más bien todo lo contrario.

La pauta es intentar buscar el equilibrio. Ser exigentes en exceso es un método que llega a provocar inseguridades en los hijos respecto a su potencial y habilidades.



2. Castigar las emociones negativas

Solemos distinguir entre emociones “positivas” y “negativas” y, a menudo, pensamos que las negativas no son útiles, cuando en realidad, sí lo son. El miedo, por ejemplo, puede salvarnos la vida en más de una ocasión.

Por eso, parte del desarrollo de los niños pasa por dejarles que expresen sus emociones, que lloren o que muestren su tristeza o temor. La represión, lejos de ayudar, es una práctica que a la larga produce un mayor malestar.

3. Decidir por ellos

Los niños son niños, pero eso no significa que no tengan ni voz ni voto. Es cierto que los padres han de intervenir ante determinadas decisiones, pero también se dan otros casos que sí están al alcance de los hijos y que ellos mismos pueden resolver.

En este sentido, revisiones sistemáticas como la realizada por Arantxa Gorostiaga y colaboradores encuentran que los estilos de crianza en los que se favorece la autonomía se asocian en menor grado con las sensaciones de ansiedad en los adolescentes, lo cual arroja luz sobre este asunto.

4. Inculcarles miedo es otro de los comportamientos tóxicos que muestran algunos padres

Crecer en un ambiente de tranquilidad y confianza facilitará el bienestar de los niños y los motivará a explorar lo que hay a su alrededor de una forma sana.

En cambio, si los pequeños perciben constantemente una sensación de alarma en su entorno, es probable que sus oportunidades para experimentar y ganar seguridad se vean reducidas.

5. Culparles de las propias frustraciones

A veces, sin querer, los padres descargan sus frustraciones con los hijos, haciendo que se sientan culpables por cuestiones de las que no son responsables.

Sin embargo, en la medida en que seamos capaces de anticiparnos a esta trampa, estaremos educando a adultos más felices el día de mañana.

6. Ponerle condiciones al amor

El amor de los padres por los hijos es un sentimiento de lo más innato y natural. Es decir, se da al margen de los logros o actuaciones que tengan los mismos.

Los niños merecen ser queridos porque sí, lejos de cualquier enredo que consista en establecer condiciones para recibir afecto.

7. No fijar límites

Por diversos motivos llega a suceder que los padres descuidan la idea de fijar ciertas normas que los hijos han de respetar. No obstante, el establecimiento de límites es un claro componente educativo a considerar.

Esta pauta promoverá el consiguiente ajuste de los niños a otros contextos fuera del hogar y evitará posibles problemas de conducta, tal y como señala un estudio liderado por la Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla.

8. Mostrar poco afecto

Otro comportamiento común de los padres tóxicos es el poco afecto y cariño que le demuestran a sus hijos. Se trata de padres que no abrazan a sus hijos y les dicen a cuánto los quieren; tampoco saben ofrecer consuelo y sostén en los momentos difíciles.

A largo plazo, estos niños suelen tener problemas en el reconocimiento y expresión de sus emociones, así como también tienden a desarrollar conflictos en sus relaciones interpersonales.

9. Maltratarlos física o verbalmente

Muchos padres emplean la violencia porque creen que es el mejor recurso para disciplinar a los hijos. Pero nada más alejado de la realidad. Al contrario, los malos tratos suelen generar problemas en la vida emocional de los hijos, como: baja autoestima, trastornos de ansiedad, depresión, falta de autonomía, etc.

10. Ser autoritario y mostrar poca tolerancia

Los padres autoritarios tienden a establecer muchas reglas y normas en el hogar, y rara vez están dispuestos a discutirlas o modificarlas. Por tanto, su palabra es la ley y exigen a los hijos el cumplimiento incuestionable de la misma.

En este caso, los niños no tienen ni voz ni voto en las decisiones de la dinámica familiar. Y, por lo general, son los padres los que controlan la vida de los hijos.

Como es de esperarse, los hijos terminan siendo muy obedientes y sumisos en presencia de los padres, pero en ausencia de éstos son mucho más irresponsables y pueden mostrarse agresivos. Además, son niños que tienen a mostrar mucha culpa, tristeza, baja autoestima, escaso control de los impulsos y pocas habilidades sociales.

11. Falta de comunicación

La comunicación es uno de los pilares fundamentales de toda relación, incluyendo la de padres e hijos. Pues, gracias a ella, se pueden resolver los conflictos, establecer acuerdos, conocer la postura del otro y demostrar afectos.

Por tanto, mientras más fallas en la comunicación haya, habrá mayores malentendidos, disparidades y conflictos entre las partes involucradas.

12. Recurrir al chantaje emocional

Muchos padres tóxicos también recurren, inconscientemente o no, a la manipulación de sus hijos; esto con el fin de alcanzar sus propios objetivos.

Por ejemplo, un caso común de manipulación es cuando una madre posesiva intenta que su hijo siempre esté a su lado y más pendientes de ella. Para ello, puede recurrir a muchas estrategias chantajistas, como despertar culpa o miedo en el hijo a través de comentarios tipo: “te equivocarás si no haces lo que te digo”, “yo quiero lo mejor para ti”, “Me debes todo porque te di la vida”, “Soy la única que te querrá siempre”

13. Ser un mal ejemplo a seguir

No hay nada más efectivo que educar y predicar con el ejemplo. Los padres son los modelos más importantes para los hijos, pues de ellos se aprenden gran parte de los hábitos, costumbres, creencias, comportamientos…

Por ello, un padre tóxico será aquel que ofrezca un modelaje nocivo para sus hijos. Como, por ejemplo, los padres violentos, quienes normalizan y replican el uso de la agresión en el trato interpersonal.

14. Ser demasiado exigente

Los padres que son muy exigentes con sus hijos suelen pedirles el mejor desempeño en cualquier ámbito (como en los quehaceres domésticos, las responsabilidades académicas, las actividades extraescolares, etc.). Además, parece que nunca están satisfechos con los resultados, pues le recalcan a los hijos que pudieron haberlo hecho mejor.

Y si el desempeño no fue bueno, entonces el niño debe atenerse a las represalias

Es importante tener en cuenta que la sobre exigencia es muy perjudicial en la crianza, pues termina creando personas perfeccionistas, con grandes montos de ansiedad, inseguridades y frustraciones.



15. Querer que los hijos cumplan sus sueños incumplidos

Otro comportamiento de padre tóxico es la proyección de los propios sueños no alcanzados. En este caso, a los padres no les interesan los deseos y aspiraciones de los hijos; en su lugar, los obligan a hacer lo que creen correcto o lo que en un pasado anhelaron para ellos.

Por ejemplo, aquellos padres que obligan a sus hijos a estudiar determinada carrera o los forzan a practicar algún deporte que no es de su agrado.

Los padres tóxicos son también sobreprotectores

La sobreprotección de los padres hacia los hijos afecta las dinámicas familiares, incluso las relaciones de pareja. Pero donde más se refleja es en la socialización de los hijos con sus iguales, los juegos en grupo en el parque, las relaciones escolares con los compañeros o docentes.

Con la sobreprotección, los padres limitan y condicionan el óptimo desenvolvimiento de sus hijos. Entre los tipos de padres que actúan de esta manera, se encuentran los llamados “banqueros”, que todo pretenden arreglarlo con dinero.

Están también los padres y madres “desfile” cuando sus hijos son una “proyección” de sí mismos y buscan sentir realizado su yo -que en muchos casos no pudo lograr sus aspiraciones-, sometiéndolos a muchas presiones. “Serás lo que yo no pude ser” es una frase que resuena al interior de esta relación conflictiva.

Los padres “helicóptero” por su parte, sobrevuelan a los hijos, los defienden a ultranza y los catalogan como infalibles e incapaces de cometer errores, colocándolos en un pedestal en el que en vez de hacerse más visibles, resultan más desconocidos en tanto no se les permite exteriorizar o manifestar sus propios proyectos.

Otros tipos de padres que generan relaciones tóxicas son los “blackhawk” cuando adoptan una actitud agresiva con tal de sacar ventajas para su hijos; y los “curling” que, como en ese deporte, barren los obstáculos que van apareciendo en el camino, logrando con ello justo lo contrario: al evitar las dificultades propias del camino, lo borran provocando en los hijos desorientación.

Esto deriva en los padres y madres “superhéroes o caballeros” que arreglan toda situación conflictiva, mas con ello lo único que logran es alimentar su propio ego.

Estos comportamientos sobreprotectores vuelven a los padres irremediablemente “tóxicos”.

Cómo evitar las actitudes tóxicas en la crianza

Reconocer y aceptar cuáles son los comportamientos tóxicos en la crianza es el primer paso para evitar la propagación y mantenimiento de los mismos. Además de ello, te aconsejamos:

  • Entrenar la comunicación asertiva para conectar adecuadamente con tu hijo, resolver malentendidos y establecer acuerdos que beneficien a todas las partes.
  • Confía en tus hijo y en sus capacidades.
  • Respeta su individualidad, deseos y sueños. Para ello, es importante escucharlos activamente u evitar juzgarlos. Recuerda que sus preferencias y gustos no tienen porqué estar en sintonía con los tuyos.
  • Prioriza trabajar la relación con tus hijos por encima de cualquiera otra cosa.
  • Aprende a desarrollar una crianza positiva (sin amenazas, ni chantajes, ni gritos, ni castigos).
  • Gestiona y modera el estrés. Para ello, hay diversas técnicas como el establecimiento de límites personales, las técnicas de relajación, la meditación y la psicoterapia.
  • Acude a psicoterapia para abordar aquellos traumas de la infancia y patrones de crianza negativos que adquiriste en el pasado y que replicas con tus hijos.
  • Edúcate emocionalmente para educar hijos con mayor inteligencia emocional.

¿Qué aprendemos de estos comportamientos tóxicos de los padres?

Si hemos reconocido algunos de estos comportamientos tóxicos en la labor que ejercemos como padres, quizás sea el momento de pararse a reflexionar en torno a dichos hábitos.

En nuestra mano está la alternativa de apostar por actitudes más saludables de cara a la autoestima y el equilibrio emocional que nuestros hijos desarrollen.

Recordemos que los niños de hoy son los adultos de mañana.

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