Almas rotas: la realidad de las personas psicológicamente maltratadas

Las almas rotas pueden adoptar dos papeles muy diferentes, pero lo importante es que sepamos reconocerlas para ayudarles a sanar y a superar ese infierno que les acompaña
Almas rotas: la realidad de las personas psicológicamente maltratadas
Bernardo Peña

Revisado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña el 11 enero, 2021.

Escrito por Raquel Lemos Rodríguez, 26 noviembre, 2016

Última actualización: 11 enero, 2021

Hay quienes consideran que las almas rotas son aquellas a las que le han roto el corazón de pequeñas. También aquellas que han sufrido abusos por parte de sus padres, falta de cariño y una notable indiferencia por parte de personas cercanas.

El malestar que empezó en la infancia y continuó durante el periodo de madurez no deja de hacerse presente en su vidas. Por ello, llegado el momento de reflexionar al respecto, es posible surja la gran pregunta de: ¿las almas rotas pueden dejar de serlo? Así como también la siguiente: ¿es posible vivir más allá de ese sufrimiento?

La normalización del maltrato: una realidad muy dura

Mujer detrás de una reja

Cuando el maltrato se introduce en una relación hay un maltratador y una víctima. En el caso de la segunda, muchas personas que la quieren intentarán hacerle entrar en razón, que abra los ojos. Sin embargo, esto es un proceso difícil porque la víctima generalmente no puede abrir los ojos como lo hacen los demás alrededor.

Debido a las carencias y abusos sufridos en su infancia, la víctima ha normalizado ciertos comportamientos negativos. Un insulto, un bofetón, una mala palabra, o una actitud que humilla. Esto es en parte porque las almas rotas consideran que no viven nada nuevo.

Solo cuando la víctima empieza a ser consciente de que nada va bien, surge el despertar y el miedo al cambio. Se siente confundida, temerosa e impotente, pero aún así, de una u otra forma, empieza a poner resistencia y a rebelarse como puede. No desea seguir viviendo así, pero no sabe cómo salir de la situación, lo cual resulta muy estresante.

Las dos caras de la misma moneda

Aunque resulte difícil creerlo, tanto el maltratador como la víctima son las dos caras de una misma moneda. Ambos sufrieron en su infancia, aunque su manera de manifestarlo es muy diferente.

El intento de tener el poder sobre el otro

El maltratador ejerce ese poder que le fue arrebatado en su infancia. No quiere que le hagan daño, no quiere sentirse débil. Por lo tanto, daña a quien más quiere, pero, sobre todo, al más vulnerable.

La necesidad de agradar

En cambio, la víctima busca agradar a la otra persona para que la acepte y le brinde palabras cariñosas. Siente que debe hacerlo todo bien y no fallar. Si no es así, considera lógico y aceptable recibir una recriminación por ello.

El gran problema es que toda víctima se convierte en un alma rota. Alguien a quien desgarran por dentro, utilizándola, haciéndole daño de las maneras más viles, amenazándola y, en ocasiones, matándola.

La víctima no tiene recursos para poder defenderse, pues no los ha aprendido nunca. Lo que sí ha aprendido, y muy bien, es a esconder sus sentimientos y a sufrir por dentro. Un bucle del que se puede salir con la paciencia, espera y firmeza necesarias.

La reconstrucción de las almas rotas

No vamos a negar que muchas almas rotas no podrán ser nunca reconstruidas. Todo lo que nos ocurre cuando somos pequeños nos afecta de forma importante en periodos posteriores de nuestra vida.

No obstante, si has contado con las personas adecuadas y has conseguido sacar fuerzas de donde no sabías que las tenías para cuestionarte todo lo que te habían enseñado, todo ese miedo inculcado… Tienes esperanza.

Sales de esa relación tan destructiva y dolorosa que ha cavado un hoyo, más hondo si cabe, en tu corazón y alma.

Hombre triste y solo sentado en un banco.

Iniciar un nuevo camino

Has salido de esa relación y ahora es el momento de iniciar un nuevo camino. Rodearte de personas que te quieren será un aliciente importante, así como buscar ayuda profesional que te oriente de una forma concreta y correcta.

Paso a paso, con calma y sin prisa, las almas rotas van recogiendo esos trocitos que los demás provocaron, pero que siempre pueden volver a pegarse.

Está claro que quedarán grietas y marcas profundas de lo vivido. Porque nadie puede olvidar y todo lo experimentado nos ha convertido en lo que hoy somos. Sin embargo, lo positivo está en ser mejores, en tomarlo como una experiencia y seguir adelante con todas esas cicatrices que poseemos, pero que hemos sabido sanar debidamente.

Las almas rotas pueden reconstruirse y salir adelante

No volver a caer en los mismos errores. Cambiar la percepción de lo que antes creían correcto e incorrecto.

Hay un antes y un durante en toda relación de maltrato. No te olvides de que también hay un después y esto es una oportunidad para modificarlo todo.

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