Anatomía del tacto

María Eugenia Thomas·
01 Febrero, 2021
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico José Gerardo Rosciano Paganelli al
11 Diciembre, 2018
El sentido del tacto permite que el ser humano perciba la experiencia sensorial con mayor alcance y, del mismo modo, le permite adaptarse al entorno de manera más eficiente.

El tacto es una sensación que resulta del contacto entre la piel y cualquier objeto. La presión aplicada sobre la piel es el estímulo principal para el sentido del tacto. Otro estímulo, la vibración, emerge cuando hay un cambio rápido y regular en la presión.

La percepción táctil se procesa a través del sistema somatosensorial, que está compuesto por receptores sensoriales, neuronas sensoriales periféricas y células cerebrales. Cuando hay presión sobre la piel, los receptores táctiles periféricos envían información al cerebro por la vía somatosensorial, que generalmente consta de tres neuronas.

A continuación, encontrarás un breve artículo sobre los aspectos más resaltantes de la anatomía del tacto. ¡Sigue leyendo!

Sensibilidad y tacto

La anatomía del tacto es compleja, pero gracias a ella pueden percibirse sensaciones importantes para la vida.
La percepción del tacto es el producto de la estimulación de varios receptores cutáneos.

Para comenzar a hablar sobre la anatomía del tacto, es necesario saber ciertos aspectos sobre la piel.

La investigación moderna sobre la sensibilidad a la presión revela que los humanos son menos sensibles a la presión aplicada en los pies y más sensibles a la presión aplicada en la cara.

Otra medición para la sensibilidad táctil de presión es el umbral de dos puntos. En este caso, dos estímulos físicos de presión fina se aplican suavemente sobre la piel al mismo tiempo. Luego, se le pide a la persona que sienta los estímulos físicos e informe si son dos puntos, o si solo puede sentir un estímulo.

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Tacto fino y grueso

Hay dos tipos de modalidades sensoriales cuando se trata de la sensación táctil. Estos son el tacto fino o discriminatorio, y el tacto grueso o no discriminatorio.

El tacto fino permite a una persona no solo sentir el tacto, sino también localizarlo. Esto es posible gracias a la vía posterior del lemnisco de la columna medial, una estructura en la médula espinal que transporta la información a la corteza, una de las partes del cerebro.

Por otro lado, el tacto grueso es una modalidad que permite sentir el tacto sin poder localizar dónde se aplicó el estímulo. El tracto espinotalámico transmite este tipo de información a la corteza cerebral.

La interrupción de las fibras táctiles finas puede hacer que una persona localice el tacto al principio, pero no más tarde.

Anatomía del tacto: la piel

La epidermis es la parte más superficial de la piel, en estrecho contacto con estructuras vitales para la anatomía del tacto.
La epidermis está formada por 4-5 estratos de células con abundante queratina.

La piel está compuesta por varias capas que componen la anatomía del tacto. La capa superior es la epidermis. Es resistente al agua y sirve como envoltura protectora para las capas subyacentes de la piel y del resto del cuerpo. Contiene melanina, que protege contra los rayos dañinos del sol y también le da color a la piel.

La epidermis también contiene células muy sensibles llamadas receptores táctiles. Estas le dan al cerebro una variedad de información sobre el entorno en el que se encuentra el cuerpo.

La segunda capa de la piel se llama dermis. Contiene folículos pilosos, glándulas sudoríparas, glándulas sebáceas, vasos sanguíneos, terminaciones nerviosas y gran variedad de receptores táctiles. Su función principal es sostener y apoyar la epidermis al difundir nutrientes hacia ella, además de reemplazar las células de la piel que se desprenden de la epidermis.

La capa más profunda es el tejido subcutáneo que está compuesto por grasa y tejido conectivo. La capa de grasa actúa como un aislante y ayuda a regular la temperatura corporal. También actúa como un cojín para proteger el tejido subyacente. El tejido conectivo mantiene la piel unida a los músculos y tendones subyacentes.

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Sistema somatosensorial

El sentido del tacto está controlado por una enorme red de terminaciones nerviosas y receptores táctiles en la piel conocida como sistema somatosensorial.

Este sistema es responsable de todas las sensaciones: frío, calor, suavidad, aspereza, cosquilleo, picazón, dolor y más. Dentro del sistema somatosensorial, existen cuatro tipos de receptores principales:

  • Mecanorreceptores.
  • Termorreceptores.
  • Nociceptores.
  • Propioceptores.

1. Mecanorreceptores

Estos perciben estímulos tales como presión, vibración y textura. Existen cuatro tipos conocidos de mecanorreceptores: los discos de Merkel y los corpúsculos de Meissner, de Ruffini y de Pacini.

2. Termorreceptores

Como su nombre indica, estos perciben la temperatura de los objetos. Hay dos categorías básicas de termorreceptores: los de frío y los de calor.

Están ubicados en la dermis y se distribuyen por todo el cuerpo, pero los receptores para el frío están más agrupados que los de calor. La densidad más alta de termorreceptores está en la cara y las orejas, motivo por el que la nariz y las orejas siempre se enfrían más rápido que el resto del cuerpo.

3. Nociceptores

Hay más de tres millones de receptores de dolor en todo el cuerpo. Estos se encuentran en la piel, los músculos, los huesos, los vasos sanguíneos y algunos órganos.

Dichos receptores pueden detectar el dolor que es causado por estímulos mecánicos (corte o raspado), estímulos térmicos (quemaduras) o estímulos químicos (veneno de una picadura de insecto).

Aunque nunca es divertido activar estos receptores, tienen un papel importante. Se encargan de mantener el cuerpo a salvo de lesiones o daños graves, enviando estas señales de advertencia temprana al cerebro.

4. Propioceptores

Detectan la posición de las diferentes partes del cuerpo, además de su relación con el entorno. Los propioceptores se encuentran en los tendones, los músculos y las cápsulas articulares.

Esta ubicación permite que dichas células detecten cambios en la longitud del músculo y la tensión muscular. Sin propioceptores, no podríamos hacer cosas fundamentales como alimentarnos o vestirnos.

Señales nerviosas: dar sentido a todo

Por supuesto, los estímulos captados por el sistema somatosensorial nunca serían percibidos de no llegar a la corteza cerebral. Por ello, la anatomía del tacto se complementa con la del sistema nervioso.

Las neuronas reciben y transmiten la información a varias partes del organismo, permitiendo la comunicación del cerebro con el resto de los órganos.