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Viktor Frankl, superviviente del Holocausto, nos enseña cómo elegir nuestra actitud cada día

3 minutos
Viktor Frankl nos recuerda que, aunque no controlamos lo que ocurre, siempre podemos elegir nuestra actitud y responder con dignidad.
Viktor Frankl, superviviente del Holocausto, nos enseña cómo elegir nuestra actitud cada día
Escrito por Valentina Vallejo
Publicado: 17 febrero, 2026 06:00

Viktor Frankl, psiquiatra y superviviente del Holocausto, dejó una enseñanza contundente “A la persona se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas, elegir su actitud”. Su experiencia en los campos de concentración lo llevó a comprender que, aunque no podemos controlar lo que sucede, sí podemos decidir cómo responder sin perder dignidad ni valores.

Esta idea se convierte en un entrenamiento del carácter; un recordatorio de que la libertad interior se ejerce en lo cotidiano, en acciones pequeñas y elecciones conscientes. A continuación, te contamos cómo aplicar esta enseñanza en la vida diaria.

1. Convertir la actitud en un gesto pequeño

La actitud no es una abstracción, es algo que se traduce en acciones concretas. Por ejemplo, elegir sonreír al saludar, agradecer un detalle mínimo o escuchar con atención a alguien que necesita ser oído. Estas acciones, aunque sencillas, son la forma práctica de afirmar que no somos prisioneros de las circunstancias. Cada vez que transformamos una intención en un acto, reforzamos nuestra capacidad de elegir.

2. Cambiar la pregunta: ¿qué me pide esta situación?

En lugar de preguntarnos “¿por qué me pasa esto?”, Frankl invita a reformular la mirada: “¿qué me pide esta situación de mí?”. Este cambio de enfoque nos ayuda a salir del papel de víctimas y a asumir un rol activo. Si el tráfico nos retrasa, quizá la situación nos pide paciencia; si un error nos frustra, puede que nos pida humildad para aprender. La pregunta abre un espacio de libertad y nos conecta con la responsabilidad personal.

3. Usar la actitud como verbo

La actitud se fortalece cuando la tratamos como una acción. No se trata de “tener” paciencia, se trata de “practicar” paciencia; no de “poseer” gratitud, se trata de “ejercer” gratitud. Esta perspectiva convierte la actitud en algo dinámico, que se entrena día a día. Así, dejamos de esperar que las emociones nos acompañen y empezamos a actuar de acuerdo con nuestros valores, incluso cuando no sentimos ganas.

4. Cerrar el día midiendo conducta, no resultados

Una manera sencilla de aplicar la enseñanza de Frankl es revisar al final del día cómo hemos respondido, sin centrarnos en los resultados externos. No importa si logramos todo lo que planeamos, lo que importa es si actuamos con respeto, coherencia y responsabilidad. Este ejercicio nos ayuda a reconocer avances en nuestro carácter y a reforzar la idea de que lo que realmente construye nuestra vida es la manera en que elegimos responder.

5. Elegir actitud no es negar emociones

Es importante aclarar que elegir la actitud no significa reprimir lo que sentimos ni culpabilizarnos por experimentar tristeza, enojo o miedo. Las emociones son naturales y necesarias. Lo que propone Frankl es que, después de reconocerlas, decidamos qué respuesta responsable queremos dar. De este modo, la libertad interior no se convierte en una carga, se convierte en una oportunidad para vivir con mayor coherencia.

La frase de Viktor Frankl nos recuerda que la libertad más profunda se ejerce en lo cotidiano. Cada acción, cada respuesta consciente, es un ladrillo en la construcción del carácter. No se trata de grandes hazañas, se trata de pequeñas elecciones que, repetidas día tras día, nos convierten en personas más íntegras y resilientes. Elegir la actitud es, en definitiva, elegir quién queremos ser frente a la vida.

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.