Calefacción muy alta: ¿cómo afecta a nuestra salud?

La calefacción muy alta nos ayuda a combatir el frío durante el otoño y el invierno, pero puede ser perjudicial. ¿Cuáles son las alteraciones que sufriría el cuerpo?
Calefacción muy alta: ¿cómo afecta a nuestra salud?
Leonardo Biolatto

Escrito y verificado por el médico Leonardo Biolatto el 11 marzo, 2021.

Última actualización: 11 marzo, 2021

Es difícil definir qué consideramos como calefacción muy alta. En parte, porque las sensaciones asociadas a la temperatura varían de persona a persona. De esta forma, no es lo mismo el frío que padece alguien acostumbrado al clima caluroso que aquel que vive en áreas geográficas donde cae nieve, por ejemplo.

Una calefacción adecuada debería estar entre 20 y 25 ºC, con una humedad de alrededor del 50 %. Por encima de los 25 ºC, estaríamos hablando de calefacción demasiado elevada; lo cual sería perjudicial para la salud, según el Instituto Nacional de Ciencias de Salud Ambiental.

La temperatura adecuada para el ser humano

Se asume que la sensación de frío en ser humano ocurre por debajo de los 20 ºC de temperatura ambiental. La misma se irá incrementando a menor temperatura, pero también depende de otros factores como la humedad del ambiente y la presión del aire.

En este sentido, no es igual un registro de 10 ºC en un sitio con humedad que en un lugar seco. Tampoco es igual la sensación, sin tener en cuenta la temperatura exterior, si estamos quietos o en movimiento. Cuando no hay actividad corporal, el frío se padece más; ya que las células no están en metabolismo activo y no generan calor.

Por eso, ante el frío, el ser humano utiliza la calefacción artificial para templarse. No obstante, como todo método utilizado en exceso, la calefacción muy alta puede generar alteraciones en el cuerpo y algunos riesgos para la salud.

Los riesgos de la calefacción alta según el método que utilicemos

Hay dos métodos de calefacción que, si se usan de forma frecuente, tienen efectos perjudiciales notorios.

La leña

polen alergia
Los alérgicos al polen se ven afectados por la calefacción muy alta

Como bien apunta una investigación realizada en la ciudad de Temuco, la calefacción muy alta con este método es capaz de generar gases tóxicos. Al quemarse la madera de los árboles, se libera el dióxido de carbono almacenado.

El dióxido de carbono es, para el ser humano, un gas de desperdicio. Es decir, el cuerpo expulsa dióxido de carbono y necesita oxígeno. Por lo tanto, ante una mala ventilación, la calefacción de leña es capaz de intoxicar.

Asimismo, el humo de la calefacción que proviene de la leña también contiene gases que se denominan “pesados”. Estos gases son tóxicos para la inhalación; produciendo cefaleas, náuseas, vómitos e, incluso, irritación de las vías respiratorias.

Por lo tanto, es fundamental que un sistema de calefacción de leña esté bien instalado y tenga un mecanismo de expulsión de humo. Sin embargo, aún en las mejores condiciones de instalación, la madera puede transportar y liberar sustancias específicas de la naturaleza que se asocian a alergias y asma como, por ejemplo, el polen.

El aire acondicionado reversible

El otro método que mencionamos como peligroso es el aire acondicionado reversible. Estos aparatos, en uso continuo e intensivo, pueden secar el aire del ambiente quitándole humedad.

Sin la humedad suficiente, tanto la piel como las mucosas (sobre todo, la mucosa respiratoria) son afectadas. A la par, investigadores del Hospital Infantil de México indican que la corriente de aire generada moviliza partículas que, en personas asmáticas o alérgicas, es capaz de incrementar los síntomas.

Los efectos de la calefacción alta

mujer con la mano en el rostro por dolor de cabeza.

La calefacción demasiado elevada puede ocasionar efectos en las personas que la sienten:

  • Infecciones respiratorias: el ambiente seco con falta de humedad y la sequedad de las mucosas respiratorias son alicientes para las bacterias y los virus. Además, según un reciente estudio publicado por la Revista Clínica las Condes, los niños suelen ser los más afectados por esta situación. En esta línea, una posibilidad para revertir el riesgo es la utilización de humidificadores de ambiente y filtros de microorganismos.
  • Mal descanso: la temperatura elevada durante la noche dificulta el sueño. Por encima de 20 ºC, el cuerpo no está en las mejores condiciones para relajar los músculos y dormir. De la misma manera, cuando hay poca humedad se altera el ritmo respiratorio durante el descanso.
  • Alergias y dermatitis: la calefacción demasiado elevada reseca la piel, aumentando los síntomas de dermatitis. A su vez, el movimiento de aire por la fuente generadora de calor arrastra partículas alérgicas; como el polvo, el polen y los ácaros.
  • Dolor de cabeza: la cefalea (dolor de cabeza intenso) por calefacción alta es bastante común. Cuando la temperatura está elevada por largo tiempo, sentimos un embotamiento que proviene de la dilatación de los vasos sanguíneos. El calor excesivo disminuye la presión arterial y, por lo tanto, llega menos sangre al cerebro; provocando estos molestos síntomas.

El problema de las sustancias tóxicas

Uno de los mayores riesgos para la salud que tiene la calefacción alta son las sustancias tóxicas. Estas se desprenden de los mecanismos de calefacción y constituyen un peligro importante.

Ejemplo de ello es el monóxido de carbono. Este gas no posee olor y eso dificulta su detección cuando se genera por mala combustión. De esta forma, desplaza el oxígeno del ambiente y de la sangre; intoxicando al ser humano.

Según detalla un artículo publicado por la Revista de Medicina Legal de Costa Rica, en la intoxicación por monóxido de carbono hay mareos, desmayos, náuseas y dolor de cabeza. Asimismo, la respiración se va incrementando como método de defensa para recambiar oxígeno. Por ende, si no se resuelve de forma rápida, es una condición mortal.

El otro gas peligroso es el dióxido de nitrógeno. También proviene de malas combustiones en los aparatos de calefacción y tampoco tiene olor. Además, es irritante y altera la mecánica respiratoria.

¿Por que evitar la calefacción muy alta?

Hoy en día, hay que procurar realizar pequeños actos para cuidarnos. Asimismo, no tener la calefacción demasiado elevada es un pequeño gesto que contribuye a cuidar del medioambiente. Cuestión primordial en los tiempos que corren.

No obstante, para los días de invierno hay consejos naturales que permiten no tener la calefacción demasiado elevada: ponerse ropa que abrigue, usar mantas, aprender a ventilar de forma adecuada, etc. Solo es cuestión de ponerlos en práctica.

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