Estrés y presión arterial alta: ¿cómo se relacionan?

El estrés y la presión arterial alta están más relacionados de lo que se piensa. Te enseñamos cuál es su conexión y qué hacer al respecto.
Estrés y presión arterial alta: ¿cómo se relacionan?
Diego Pereira

Revisado y aprobado por el médico Diego Pereira.

Última actualización: 08 enero, 2022

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad existen en torno a 1,28 mil millones de adultos entre 30 y 79 años que padecen de hipertensión arterial. Los datos son preocupantes, y se solapan con otros como los trastornos psicológicos. Hoy te hablamos sobre la relación entre el estrés y la presión arterial alta y por qué deberías prestarle atención.

Según datos del Instituto Americano del Estrés (AIS), hasta el 77 % de las persona conviven con algún grado de estrés en su día a día. Se trata de una respuesta natural para hacer frente a los problemas, aunque por desgracia dependemos mucho de ella o en todo caso nos hemos acostumbrado a sus síntomas. Conocerás por qué debes interesarte en esta conexión y qué hacer al respecto.

La relación entre el estrés y presión arterial alta

El estrés y presión arterial alta se relacionan por conexiones neuronales
El sistema nervioso tiene una acción directa sobre el sistema cardiovascular, por lo que las situaciones estresantes pueden afectar fácilmente la tensión arterial.

Tal y como nos indica la Asociación Americana de Psicología (APA), el estrés se desarrolla debido a una interacción entre fenómenos internos y externos que provocan una alteración en casi todos los sistemas del organismo. El estrés es un fenómeno muy complejo, pero en términos muy simples son un conjunto de reacciones fisiológicas y psicológicas que el cuerpo manifiesta ante un desafío.



Estas reacciones dan lugar a dos posibilidades: estrés positivo y estrés negativo. En ambos casos se regula por el sistema nervioso simpático y algunas de las reacciones más frecuentes son las siguientes:

  • Vasoconstricción periférica.
  • Ralentización de la motilidad intestinal.
  • Liberación masiva en el torrente sanguíneo de cortisol, encefalina, adrenalina y noradrenalina.
  • Aumento de la glucosa en sangre.
  • Aumento de la capacidad de defensa del sistema inmunitario.
  • Aceleración de los factores de coagulación (la sangre se hace más espesa).

Todo lo anterior se desarrolla como un mecanismo de defensa para que el cuerpo responda mejor ante una situación que pone en peligro su integridad. El estrés no es solo un malestar emocional, sino que tiene consecuencias prácticas en casi todos los sistemas de tu organismo.

La Asociación Americana del Corazón nos recuerda que el estrés acelera la frecuencia cardíaca y contrae los vasos sanguíneos. Todo esto con la finalidad de llevar más sangre a la parte central del cuerpo en lugar de a las extremidades. Como consecuencia, se produce un aumento de la presión arterial debido al estrés.

Este fenómeno es temporal, de manera que dura tanto como lo hacen otros síntomas del estrés. Es por esto que los investigadores señalan que el estrés no ocasiona hipertensión de manera directa, pero sí puede tener un efecto en su desarrollo.



Esto se debe a que, tal y como indica la evidencia, la recuperación al nivel previo al estrés es más tardía y con mayores efectos cardiovasculares de lo que se imaginaba hace unas décadas. Debido a ello, los pacientes diagnosticados con hipertensión, los grupos de riesgo y en general todas las personas deberían controlar estos episodios para mantener su presión sanguínea en valores saludables.

Estrés laboral e hipertensión

Como es bien sabido, existen diferentes tipos de estrés. Desde hace unas décadas se ha popularizado la etiqueta estrés laboral para aludir a los episodios que se desencadenan en un contexto de trabajo. Los investigadores no dejan de advertir que el estrés laboral es un factor importante para el desarrollo de la presión arterial alta.

Las jornadas extenuantes, la presión por cumplir objetivos, el miedo a un recorte de personal y la necesidad de ingresar más dinero son solo algunos de los condicionantes que pueden generar estrés en el trabajo. El síndrome del trabajador quemado, también conocido como burnout, es un riesgo potencial para sujetos diagnosticados con hipertensión. La OMS lo ha incluido en CIE-11.

7 formas de reducir el estrés para controlar la presión arterial alta

El estrés y presión arterial alta pueden manejarse
Encontrar la manera de gestionar el estrés depende de cada persona, por lo que identificar la causa primaria es fundamental.

Ya has aprendido por qué el estrés provoca presión arterial alta y cómo estos episodios pueden ser contraproducentes para pacientes con hipertensión. No podemos despedirnos sin antes recoger una serie de consejos prácticos para reducir su incidencia en tu día a día.

Reiteramos de nuevo que no existe evidencia de que el estrés provoque hipertensión arterial (la enfermedad), pero sí que es un factor de tantos que incide en el proceso (junto con la predisposición genética, el peso, hábitos como fumar y demás). Con el ánimo de llevar un ritmo de vida más saludable, y tomando las sugerencias de Harvard Health Publishing, te invitamos a practicar lo siguiente:

  • Mejora la organización de tu tiempo: de manera que no dejes las cosas importantes o difíciles para último lugar, gestiones proporcionalmente tus momentos de ocio y evites acumular tareas que se traducirán en un aumento de tu estrés.
  • Descansa el tiempo suficiente: en promedio se recomienda dormir ocho horas al día sin interrupciones, no distribuidas en ciclos de dos o tres descansos. Dormir ayudará a que tu mente y el cuerpo recobren la energía necesaria para hacer frente a las responsabilidades del día a día.
  • Amplía tus relaciones sociales: de manera que tus momentos de ocio no los desarrolles en solitario, sino en compañía de amigos, familiares o colegas. Ir al cine, hacer deporte en conjunto o asistir a reuniones es muy importante para tu salud mental y para fortalecer tus relaciones sociales.
  • Practica técnicas de relación: como lo son el yoga, la meditación o los ejercicios de respiración. Incluye en tu rutina métodos que te otorguen tranquilidad, de manera que puedas apelar a ellos como un escape cuando el estrés esté al asecho.
  • Resuelve los problemas estresantes: la mejor respuesta a los problemas que te causan estrés es enfrentarlos, no huir de ellos. Verás que casi siempre los puedes solucionar sin mayores obstáculos, ya que muchas veces consideramos a un problema más complicado de lo que realmente es.
  • Cuida de ti mismo: en todos los sentidos, ya que el estrés a menudo es una consecuencia de un descuido de nosotros mismos. Implementa una dieta saludable, haz deporte, crea un espacio en tu agenda para cosas que te gustan, recompénsate a ti mismo y no te dejes consumir solo por el trabajo o las responsabilidades.
  • Busca ayuda: si a pesar de hacer todo lo anterior no logras controlar el estrés, entonces no dudes en buscar ayuda profesional. Como ya hemos estipulado esta reacción causa alteraciones fisiológicas que afectan a tu salud, de manera que nunca debes menospreciar sus efectos a medio y largo plazo.

También te exhortamos a consultar con un cardiólogo para valorar los posibles efectos que el estrés ha tenido o está teniendo en tu salud cardiovascular. Dejar de fumar, mantener un peso saludable y reducir la ingesta de sodio son otros de los consejos básicos para controlar la hipertensión.

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