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“Si yo no fuera Alejandro, quisiera ser Diógenes”: Por qué Alejandro Magno admiraba a un vagabundo en Atenas

3 minutos
Una reflexión sobre dos formas opuestas de libertad: la del poder que acumula y la del desapego que no depende de nada externo.
“Si yo no fuera Alejandro, quisiera ser Diógenes”: Por qué Alejandro Magno admiraba a un vagabundo en Atenas
Escrito por Estefanía Filardi
Publicado: 23 febrero, 2026 06:00

El gran conquistador que llevó su imperio hasta la India dijo, según Plutarco, que si no fuera él Alejandro, querría ser Diógenes. Es decir, ser como el filósofo cínico que vivía en una tinaja, despreciaba las convenciones sociales y no poseía prácticamente nada. ¿Qué veía el hombre más poderoso de su tiempo en quien rechazaba la riqueza y el estatus?

La frase captura algo que sigue siendo relevante: la admiración del poder por la libertad interior de quien no necesita casi nada ni busca la aprobación de nadie. Alejandro controlaba territorios inmensos, pero dependía de mantenerlos; Diógenes no controlaba nada y por eso nadie podía quitarle lo que tenía.

Dos formas opuestas de libertad

Alejandro representaba la expansión constante. El logro, conquista, la acumulación de poder y la gloria. Su libertad consistía en poder hacer lo que quisiera a escala masiva, pero esa condición venía con la carga de gestionar un imperio, mantener lealtades y proteger lo conquistado. Era libre para conquistar, pero atado a lo conquistado.

Por su parte, Diógenes representaba la suficiencia. La posibilidad de vivir con lo mínimo, rechazar las ataduras sociales y no depender de la opinión ajena. Su libertad consistía en necesitar tan poco que nada ni nadie podía condicionarle.

Cuando Alejandro le visitó y preguntó qué podía hacer por él, Diógenes respondió: “Apártate, que me estás tapando el sol”. No necesitaba nada de nadie, incluyendo a quien podía darle cualquier cosa.

La admiración del poderoso por el desapegado

Alejandro reconocía en Diógenes la autonomía completa de quien no debe nada a nadie ni necesita validación externa. No es que el conquistador quisiera abandonar su vida, sino que intuía el valor de tener libertad interior sin dependencias.

Esta tensión que vivía Alejandro también está presente en muchas personas que acumulan logros, posesiones o seguidores, mientras sienten que dependen cada vez más de mantener esa imagen. La frase de Alejandro señala el coste oculto del éxito definido por criterios externos. Sin embargo, elegir la libertad no significa renunciar a tus metas.

Se trata de identificar qué parte de lo que haces responde a ruido externo y qué parte a convicción propia. Si nadie te ve alcanzar ese objetivo, ¿lo seguirías persiguiendo? Es importante distinguir entre lo que eliges porque lo quieres y lo que persigues por inercia social o miedo a quedar fuera.

Soltar dependencias que drenan tiempo y paz

Pregúntate: ¿de qué depende tu bienestar? Si depende de que te validen constantemente, de mantener cierto estatus o de compararte favorablemente con otros, tu libertad es limitada aunque tengas muchas posesiones.

Puedes trabajar por dinero sin que tu identidad dependa del puesto. Puedes tener ambiciones sin que tu paz dependa de cumplirlas todas. Puedes disfrutar del reconocimiento sin que tu valor personal se derrumbe si desaparece. Esa es la lección de Diógenes.

El equilibrio más valioso no consiste en copiar a Diógenes ni en rechazar la ambición, sino en perseguir lo que quieres sin volverte dependiente de mantener la imagen que construyes en el proceso.

Puedes lograr cosas sin que esos logros te definan por completo. Puedes acumular experiencia, recursos o reconocimiento sin perder la capacidad de estar bien si alguna vez los pierdes. Esa libertad interior, compatible con una vida común, es lo que Alejandro intuía en aquel filósofo que no necesitaba nada de él.

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.