Los depredadores emocionales. Parte I

El depredador emocional se siente inferior aunque no dé esa impresión, ya que suele mostrarse arrogante. Puede aparecer en muchas situaciones, desde la pareja hasta el grupo de amigos.
Los depredadores emocionales. Parte I
Bernardo Peña

Revisado y aprobado por el psicólogo Bernardo Peña.

Escrito por Equipo Editorial

Última actualización: 13 mayo, 2022

Así como en la naturaleza existen los animales que cazan, capturan y aniquilan a otros para alimentarse, en el ser humano también podemos observar un fenómeno similar. Se conoce como acoso moral y lo protagonizan los depredadores emocionales y sus víctimas.

Una mirada, una palabra o una simple insinuación son suficientes para comenzar el proceso de destrucción del otro. Los actos que llevan a cabo los depredadores emocionales son tan cotidianos que a veces parecen normales. Mediante un proceso de acoso moral o maltrato psicológico, estos individuos puede conseguir consumir la energía de otras personas.

Esta es una situación que puede darse en casi cualquier entorno, tales como la relación pareja, en el espacio de trabajo, en la familia o en el grupo de amigos.

¿Cómo es el depredador emocional?

tacaño

El depredador emocional se encuentra entre personas de todas las edades, estatus sociales, culturas y sexo. Aparentemente, son sujetos normales, casi nunca líderes. Suelen ser tacaños, egocéntricos y narcisistas.

Su objetivo es el desmantelamiento moral, personal y psicológico de las víctimas, pudiendo causarles heridas muy profundas. Son individuos que se sienten profundamente inferiores aunque no den esa impresión, ya que se muestran arrogantes y grandilocuentes. Sin embargo, tienen remordimientos y rabia enmascarados.

Sienten la necesidad de ser admirados y tienen ansias desmesuradas de éxito y poder. Pero, presentan una desconexión con sus emociones, despreciando así a sus víctimas.

Cuando son niños, suelen ser los típicos que causan las peleas, pero que no se ven envueltos en ellas. En la adolescencia, son fríos y distantes, con poco éxito social y rodeados de pocos amigos a los que manipulan. Y en la adultez, se distinguen por ser arrogantes, manifestándose como poseídos de la verdad, la razón y la justicia.

A primera vista, parecen sujetos con gran autocontrol, sociables y aceptables. Sin embargo, tras esta máscara se esconde un cúmulo de intenciones y procesos inconscientes mucho más enrevesado.

Hombre deprimido al atardecer

¿Quiénes son las víctimas de los depredadores emocionales?

Las víctimas se caracterizan por ser personas bondadosas, honestas, generosas, optimistas y con fuerza espiritual. Son aquellas personas que presentan características que el depredador humano anhela y envidia, características que no ha tenido. Los depredadores emocionales buscan a este tipo de personas para absorberles su energía y vitalidad. Es decir, quieren absorber aquello que envidian.

Por otro lado, los demás ven a las víctimas como culpables, ya que piensan que son conscientes de las agresiones que reciben. Además, los depredadores son capaces de crear una versión de los acontecimientos en la que aparecen como buenos y nunca como causantes de mal.

Chica sufriendo emocionalmente

A menudo, oímos decir que si una persona es víctima es por su debilidad o carencia. Sin embargo, podemos observar que son elegidas porque tienen algo que el agresor anhela: amabilidad, carisma o fuerza de voluntad. Personas felices que han tenido la desgracia de cruzarse en su camino.

Pueden parecer ingenuas, ya que no se imaginan que el otro es, básicamente, un destructor. Es por eso que siempre intentan encontrar explicaciones lógicas, se justifican y lo defienden.

Al final, las víctimas suelen perdonar y continuar, porque aman o admiran, o porque consideran que tienen que ayudar a esa persona, ya que son los únicos que las entienden. Sienten que tienen esa misión que cumplir.

Mientras que el depredador emocional se agarra a su propia rigidez, las víctimas intentan adaptarse y no dejan de cuestionarse nunca su propia culpabilidad. Simpre procurando comprender qué desea, consciente o inconscientemente, su perseguidor.

Cuídate de ser depredador o presa

Debes estar alerta a estas señales, si a tu alrededor, o en tu entorno inmediato, reconoces a alguna persona que manifieste tales actitudes. No significa que debas rechazarlos o juzgarlos, pero conviene andarse con cuidado, para no termina siendo una presa.

Asimismo, si consideras que algunas de esas características concuerdan contigo, puede ser momento de reflexionar en torno a tu comportamiento. Recuerda que, en estos casos, ya sea para ti o para alguien a quien conoces, lo más adecuado es siempre acudir a un psicólogo.

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