¿Qué es la parentificación y qué consecuencias puede tener?

En la parentificación rígida, los niños hacen grandes esfuerzos por ser responsables, viviendo situaciones que son impropias para la edad. ¿Qué consecuencias se desprenden de ello?
¿Qué es la parentificación y qué consecuencias puede tener?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales el 26 octubre, 2021.

Última actualización: 26 octubre, 2021

“Parece la madre, es como un padre para sus hermanos”. Estas frases que pueden resultar un elogio, son quizás un ancla para la infancia de esos niños, ya que se encuentran desempeñando tareas que poco tienen que ver con su edad. Cuando esto se convierte en un callejón sin salida, estamos frente un fenómeno de parentificación.

La parentificación se refiere a la inversión de roles. Es decir, hijos o hijas que deben asumir el rol de sus progenitores. Se trata de un término propuesto por el psiquiatra Ivan Boszormenyi-Nagy, aunque es muy popular dentro de las terapias familiares bajo otras denominaciones similares, como parentalización de los hijos.

Tipos de parentificación

En general, la parentificación se clasifica en dos subtipos que no son excluyentes:

  • Psicológica: se refiere a la situación en la que el niño es quien escucha y sostiene a sus progenitores. Incluso, a veces son mediadores entre las figuras adultas. Esto genera un conflicto, ya que muchas veces cuenta con información que corresponde al ámbito conyugal y se encuentra con un dilema de difícil solución, del tipo quiero a mi padre, pero no debería quererlo porque se porta mal con mi madre. Se considera una de las variantes más perjudiciales.
  • Física o instrumental: se refiere al niño al que se responsabiliza para cubrir las distintas tareas o actividades domésticas, como preparar la comida o hacer las compras, entre otras.
Conflicto por parentalización.
El niño que hace las veces de mediador en el conflicto de sus padres acaba con problemas por manejar información para la que no está preparado.

¿Cómo identificar la parentificación?

La parentificación deriva en niños y niñas superresponsables con asuntos propios y ajenos, con dificultades para relajarse, que aprenden a valerse por sí mismos hasta el punto de la autosuficiencia y entienden que es mejor no molestar a los demás. Asimismo, provoca que los niños vivan situaciones de negligencia en cuanto a los cuidados.

Sin embargo, uno de los peligros de la parentificación reside en que las cualidades que posee ese niño o niña sean valoradas como positivas. “Es tan responsable, cuida bien de los demás, sabe valerse por sí mismo” son algunos de los elogios que recibe.

Desde una lectura superficial, son atributos muy favorables. Pero avanzando un poco más, es posible advertir una contracara: No hay equilibrio, sino que un gran esfuerzo por estar en un lugar que no debe; un lugar que está vacío porque hay otras personas que no ejercen o no pueden ejercer su rol.



Causas de la parentificación

La parentificación se hace presente en dinámicas de familias disfuncionales. Sin embargo, para un mejor abordaje es necesario explorar en los antecedentes de los progenitores.

En algunos casos se presentan situaciones de mayor complejidad que derivan en la parentificación. Algunas son las siguientes:

  • Alguno de los padres tiene una enfermedad grave, un trastorno mental o discapacidad.
  • Progenitores que, en su infancia, registran situaciones de carencia emocional, abuso o negligencia.

Por otro lado, también pueden darse situaciones de dificultades económicas en la familia o el fallecimiento de alguno de los progenitores. Por ello, el niño funciona como un soporte.

Consecuencias

Como ya señalamos, hay un gran esfuerzo por la responsabilidad y el control que no son adecuados para la edad que tienen esos niños. Se presentan consecuencias a nivel del desarrollo psicológico, debido a que han madurado de golpe en algunos asuntos, pero no en otros.

Los niños pueden presentar baja autoestima, ya que aprenden que sus intereses no son importantes. Sin embargo, tal como refieren Selvini et al. (1991), en ocasiones la parentificación puede tener una connotación positiva. Ello depende de que se trate de un rol temporal o no.

En ese caso, el niño acompaña al sistema familiar hasta que este logra alcanzar un nuevo punto de equilibrio. El problema radica en la rigidez de los roles, cuando el niño se ve atrapado. Allí no hay ayuda, sino abuso. Deja de ser una circunstancia de aprendizaje y resiliencia para convertirse en un obstáculo.



¿Qué se puede hacer frente a la parentificación?

Si eres padre o madre y acabas de darte cuenta de este problema, es hora de que hagas algo. Es cierto que la crianza reviste una gran complejidad, en especial si son varios los miembros de la familia por cuidar. Sin embargo, también es importante lograr que cada miembro pueda disfrutar del lugar que tiene.

Si eres aquel hijo-padre, es momento de salir de ese lugar y empezar a disfrutar de otras experiencias. Algunas de las recomendaciones sobre cómo empezar son las siguientes:

  • Autocuidado y límites: durante un tiempo, pusiste primero las necesidades de otras personas por sobre las tuyas. Ahora es importante que puedas empezar con los límites, que te pongas en primer lugar y te cuides.
  • Perdonar y perdonarte: haya sido con intención o no, para seguir adelante es necesario dejar el rencor y curar el pasado para enfocarse en el presente.
  • Trabajar sobre las emociones: en este tipo de situación de inversión de roles se aprende a ocultar las propias emociones para no molestar a los demás. Por lo que hay escaso contacto con ellas, resultando en una vida emocional empobrecida. De allí que sea necesario empezar por reconocer lo que se siente y aprender qué tiene cada emoción para enseñarnos sobre nosotros mismos.
  • Liberar tiempo para el ocio y la diversión: aún no olvidas las ganas que tenías de asistir a la pijamada de tu mejor amiga, a la que faltaste porque debías cuidar a tu hermano menor. Ahora es el momento de tener tiempo libre para ti, de disfrutar de planes que te den satisfacción.
Niño triste que no expresa sus emociones.
La baja autoestima y la falta de conexión con las emociones propias son características de los hijos que tuvieron que actuar como padres.

Ayudar no es el problema

Para finalizar, es importante aclarar que uso y abuso no son lo mismo. Pedir colaboración por parte de los niños en casa, como poner la mesa, implica un monto de responsabilidad adecuado y accesible a su edad. Incluso, eso deriva en el desarrollo de la autonomía personal y en un crecimiento positivo.

Se convierte en abuso cuando hay una falta de sensibilidad parental acerca de lo que ese niño necesita, cuando falta el equilibrio y una de las partes está recargada, cuando existe mucha responsabilidad y poco margen para el juego. El abuso es confundir la ayuda con la cristalización de un rol o la obligación.

Por eso, es importante prestar atención a este tipo de dinámicas familiares, ya que en muchos casos se invisibiliza el sufrimiento que causa. En apariencia, se sostiene el equilibrio, pero no es así.

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  • Domínguez, Carmen, González, Diego, Navarrete, Danitza, & Zicavo, Nelson. (2019). Parentalización en familias monoparentales. Ciencias Psicológicas13(2), 346-355. Epub 01 de diciembre de 2019. https://dx.doi.org/10.22235/cp.v13i2.1891
  • Selvini, M; Boscolo, L., Cecchin, G. y Prata, G. (1991). Paradoja y contraparadoja. Buenos Aires: Paidós