El síndrome de Wendy: cuidar de los demás olvidándose de uno mismo

El problema con el Síndrome de Wendy es que no nos cuidamos a nosotros mismos, para poder hacernos cargo del resto de las personas. Por lo tanto, nuestro propio equilibrio emocional podría verse afectado.
El síndrome de Wendy: cuidar de los demás olvidándose de uno mismo
Valeria Sabater

Escrito y verificado por psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 19 abril, 2022

A la hora de hablar del síndrome de Wendy, muchas personas piensan que la descripción que ofrece la psicología popular sobre este comportamiento es algo más bien típico de generaciones anteriores, de nuestras madres o abuelas. Nada más lejos de la realidad.

La convicción de hay que cuidar a nuestras parejas, darlo todo por ellos y priorizar sus necesidades antes que las nuestras es algo que se da hoy en día con normalidad.  En este orden de ideas, son muchas las personas que cometen el error de “amar demasiado”, perdiendo con ello su propia autoestima.

Hay que mantener un límite, un equilibrio. Uno puede adorar a la otra persona, querer mucho a sus padres o a sus amigos, pero nunca debemos llegar al extremo de olvidar las necesidades propias. Y nunca se debe pasar por alto nuestro crecimiento personal.

Hablaremos hoy de este tema en nuestro espacio. Conozcamos un poco mejor el síndrome de Wendy.

El síndrome de Wendy, la mujer perfecta para un Peter Pan

Recordemos un poco los personajes de Wendy Darling y Peter Pan, en la famosa obra de James M. Barrie. Peter es ese joven que se niega a crecer, que no desea tener las responsabilidades de un adulto, que busca, ante todo, vivir mil aventuras, sin tener que entrar en esa esfera de estabilidad y de madurez emocional.

Peter Pan describiría, pues, a todos esos hombres más bien inmaduros, incapaces no solo de responsabilizarse de su propia vida, sino también de la de los demás.

¿Y qué hay de Wendy Darling? Ella es la muchacha que desde el primer día cose la sombra de Peter para que este no vuelva a perderla. Se preocupa por limpiar su casa, por atender a los “niños perdidos”. Es la persona que da todo por los demás, porque es así como se siente feliz.

Características de las personas con síndrome de Wendy

Priorizan las necesidades de los demás

  • Sienten la necesidad de cuidar, de atender, de servir, porque ese es el modo en que sienten que hacen felices a los demás.
  • Priorizan las necesidades de los otros a las propias; de ahí que lleguen a sacrificar sus aficiones e incluso aquello que para ellas es importante.

Dicen que hacen las cosas porque así se sienten mejor

  • Para estas personas, cuidar es un modo de ofrecer amor. 
  • Lo hacen libremente y además porque así lo quieren.
  • Nadie les impone el que deban cuidar a otras personas.

Por ello suelen “encajar” muy bien con parejas con el síndrome de Peter Pan: hombres inmaduros que se dejan cuidar, que no quieren responsabilizarse y para quienes es cómodo contar con una pareja que se haga cargo de todo, incluidos los niños.

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Miedo a la soledad

No obstante, las personas con el síndrome de Wendy tienen miedo, sobre todo, a dos cosas: a que las otras personas dejen de necesitarlas y a quedarse solas.

La idea de no tener a nadie a quien cuidar les aterra, porque ese es el modo en que pueden sentirse útiles y ofrecer amor. A su vez, gracias a esto, se ven a sí mismas como valiosas y necesarias.

Otros síntomas del Síndrome de Wendy

  • Se sienten imprescindibles o les gusta sentirse así;
  • Su concepto del amor implica necesariamente sacrificio;
  • Fomentan en los demás el apego y la codependencia;
  • Hacen todo lo posible para que los demás (pareja, hijos) no se molesten;
  • En cierto modo, tratan de controlar a otros;
  • Quieren hacer todas las tareas, incluso las de los demás;
  • Suelen actuar de modo paternal con la pareja.

Causas y consecuencias

Se considera que el origen del síndrome de Wendy se encuentra en el pasado familiar de la persona, quien puede haberse sentido desprotegida en su infancia, por lo que busca sobreproteger para compensar, asumiendo así el rol que sus padres debieron tenido.

La persona en esta situación difícilmente reconoce que lo está. Sin embargo, aunque el cuidar y el atender les haga felices, llega un momento en que se dan cuenta de que los demás pueden estar manipulándolas, o se dan cuenta de que no se sienten realizadas como personas.

En determinadas circunstancias, pueden comenzar a darse cuenta de que están dando demasiado a cambio de nada. También es posible que, en ese momento, se sientan frustradas e infravaloradas,

Pero es ahí cuando pueden aparecer otros problemas: sin tener a quien cuidar, la persona llega a sentirse sin rumbo, porque no conoce otra forma de ser. Hay que ir con cuidado en estos casos, para que no derive en una situación de depresión.

Cuidar de una misma, preocupándonos también de los demás

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Nuestras parejas, nuestra familia y, en especial, nuestros hijos, son esas personas que forman parte de nuestra vida, que nos identifican y que son pilares indiscutibles en nuestro día a día.

Entonces, para superar el síndrome de Wendy, ¿debemos quizá dejar de cuidar de los demás? ¿O de preocuparnos de los seres que queremos? En absoluto. Eso nunca.

Lo que debemos es restablecer el equilibrio, en todas nuestras relaciones personales, cuidando y cuidándonos. En tal sentido, hay que tener muy en cuenta estos aspectos:

Crecimiento personal

No olvides la importancia de fomentar tu crecimiento personal. Debes tener tu propio espacio, tus aficiones, también defender tus valores y cuidar de tu autoestima.

Si lo das todo por los demás, te quedarás vacía. Entonces llegará la insatisfacción, la frustración y la tristeza. ¿De qué les sirves entonces si tú eres infeliz? De nada.

Energía positiva

Si tú eres una persona que se siente orgullosa de sí misma, si te sientes feliz, con una buena autoestima y con autonomía para responsabilizarte de ti misma, aportarás también a los demás toda esta energía positiva e irradiarás únicamente emociones adecuadas.

Debes sentirte querida

Puedes cuidar a tu pareja, a la persona que amas. No obstante, ten en cuenta que también tú mereces ser cuidada, reconocida y valorada. Se trata de un juego de fuerzas donde ambos deben ganar y nunca perder.

Si eres de las que se sienten felices cuidando a los demás, recuerda que debes empezar primero por ti. Si tú caes, los demás caen. Cultiva tu felicidad y, entonces, también serás capaz de ofrecer felicidad. ¡Tenlo muy en cuenta!

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