Valora a quien te dedica tiempo, algo que no se recupera

El tiempo es lo más valioso que tenemos ya que, una vez pasado, no se recupera. Disfruta de tu tiempo a solas y del tiempo que te regalan los demás. Aprecia esos momentos únicos.
Valora a quien te dedica tiempo, algo que no se recupera
Raquel Aldana

Escrito y verificado por Raquel Aldana el 14 Abril, 2021.

Última actualización: 14 Abril, 2021

El hecho de que las personas a las que apreciamos nos dediquen su tiempo es un regalo maravilloso e invaluable. Ese tiempo que invierten en nosotros es algo que nunca recuperarán. Por eso, es algo único y especial que demuestra que nos quieren, valoran, respetan y disfrutan de nuestra compañía.

En el día a día, por diversas razones, olvidamos la importancia de dedicar tiempo a esas personas que, sin pensarlo dos veces, están allí para nosotros. Esas que incluso se olvidan de que tienen el teléfono junto a su mano en la mesa y nos escuchan activamente, mirándonos a los ojos y ofreciéndonos su completa atención.

Esto puede ser el origen de conflictos y pérdidas de cercanía entre dos o más personas. Amigos, compañeros de trabajo, parejas e incluso familiares. Por eso, es importante aprender a detenerse y valorar esos gestos de auténtico interés. También es importante reflexionar sobre el valor del tiempo. El propio y el ajeno. 

Aunque hoy por hoy parece que el multitasking es lo mejor para “aprovechar el tiempo”, lo más “productivo, sensato” y “normal”, si no le ponemos freno, puede llevarnos muchas veces a la desvalorización de la atención que nos brindan las personas.

Una historia para reflexionar y mejorar nuestras relaciones

La siguiente narración breve puede enseñarnos algo acerca del valor del tiempo. A través de la historia que presenta, podremos reflexionar un poco respecto a este tema y establecer nuestras propias conclusiones.

Niño en la cama viendo la televisión.

La noche había caído ya; sin embargo, el pequeño niño hacía grandes esfuerzos por permanecer despierto. El motivo bien valía la pena; estaba esperando a su papá. Sus traviesos ojos iban cayendo pesadamente cuando se abrió la puerta.

–Papá, ¿puedo hacerte una pregunta?
–Sí, claro, ¿qué es?
–Papá, ¿cuánto dinero ganas en una hora? —dijo con ojos muy abiertos.

Su padre entre molesto y cansado, fue muy tajante en su respuesta.

–Eso no es asunto tuyo, ¿por qué me preguntas tal cosa?
–Solo quiero saber. Por favor, dime, ¿cuánto ganas por una hora?

–100 € por hora, —contestó contrariado.
–Oh—El niño con tristeza agachó la cabeza— Papá, ¿puedo pedir prestados 50 €?

El padre se puso furioso.

Si la única razón por la que quieres saber lo que gano es para pedir prestado dinero para comprarte algún juguete tonto, entonces quédate en tu habitación, no salgas y piensa por qué estás siendo tan egoísta.

Yo trabajo mucho todos los días, como para lidiar con este comportamiento tan infantil.

El niño, en silencio, cerró la puerta de su habitación. El hombre se sentó y comenzó a enojarse más por la pregunta del pequeño.

¿Cómo se atrevía a hacer tales preguntas solo para obtener algo de dinero?

¿Qué valor tiene una hora de tu tiempo?

Después de una hora, el hombre se calmó y comenzó a pensar: tal vez había algo que realmente necesitaba comprar con esos 50 €. Después de todo, el niño no pedía dinero muy a menudo.

Así pues, se acercó a la puerta de la habitación del niño y abrió la puerta.

–¿Estás dormido, hijo?
–No papá, estoy despierto.
–He estado pensando, tal vez yo fui demasiado duro contigo. Ha sido un día largo y descargué mi frustración en ti. Aquí tienes los 50 € que me pediste…

El niño se irguió, sonriendo.
–Oh, ¡gracias papá!—susurró el niño, mientras metía su manita debajo de la almohada y sacaba varias monedas.

Entonces, se levantó y sacó de debajo de la almohada unas monedas y unos billetes arrugados.

El hombre vio que el muchacho ya tenía dinero y empezó a enfadarse de nuevo. El niño contó despacio su dinero y luego miró a su padre.

–¿Por qué querías más dinero si ya tiene bastante?
–Porque yo no tenía suficiente, pero ahora sí. —Contestó entusiasmado.

Papá, ahora tengo 100 €. ¿Puedo comprar una hora de tu tiempo? Por favor, mañana ven a casa temprano, me gustaría cenar contigo.

El padre se sintió acongojado. Abrazó al pequeño y le pidió perdón.

Padre hablando con su hijo

Valorar al otro y compartir con él es disfrutar la vida

Como podemos ver, compartir momentos significa honrar las relaciones y los gestos de atención, respeto y afecto que tienen los demás para con nosotros. También consiste en compartir experiencias, estrechar lazos, darles sentido a los momentos, hacerlos trascendentales tanto para nosotros como para otros.

Valorar al otro jamás se trata de darle dinero. Este no tiene cabida cuando se trata de tiempo y experiencias. ¡No todo en la vida es dinero!

La mejor manera de corresponder a estos “te quieros” y “me importas” que recibimos de los demás cuando compartimos momentos es ofreciendo tiempo de calidad, atención y experiencias por nuestra parte. Correspondiendo a esos gestos, palabras, momentos, sumaremos bienestar para todos y disfrutaremos a plenitud de nuestros seres queridos.

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