Cómo cuidar tu piel después de los 45: 3 consejos básicos que sí se notan

A medida que el tiempo pasa, las necesidades de tu piel cambian. Después de los 45 años, la renovación celular comienza a hacerse más lenta y los cambios hormonales modifican la estructura y grosor de tu dermis.
En esta época de la vida, la prioridad es que apoyes a tu barrera cutánea y capacidad de regeneración de la piel. Para lograr esto no necesitas hacer una rutina de skincare complicada, con muchos pasos y productos. Enfócate en asentar los tres hábitos básicos que suelen dar mejor retorno.
1. Haz una limpieza suave
Después de los 45 años, la piel produce una menor cantidad de aceites naturales y le cuesta más retener la humedad. Si la limpias con un gel muy fuerte, se resecará, dejando una sensación tirante.
En su lugar, utiliza leches o aceites limpiadores que son más amables con tu piel. Ellos limpian por afinidad, retirando la suciedad sin llevarse consigo los lípidos naturales de tu dermis.
2. Hidrata a diario
Antes te indicamos que después de los 45 la piel es menos eficiente para retener la humedad. Y la deshidratación hace que las líneas de expresión se marquen más. Para prevenir esto utiliza una crema hidratante, que aporte agua y tenga propiedades oclusivas, creando un sello que evita que la hidratación se evapore. Ingredientes como las ceramidas o la manteca de karité pueden serte de gran ayuda.
3. Protégete del sol
Los expertos estiman que el 80 % de los signos de envejecimiento visibles en la piel tienen que ver con el sol. Entonces, usar protección solar se vuelve un paso innegociable en tu rutina de cuidado facial. Busca una opción de alto espectro (SPF 50) y aplícalo a diario, incluso en invierno o días lluviosos.
Complementos interesantes para tu rutina de skincare
Los tres hábitos anteriores representan la base del cuidado de tu piel después de los 45 años. Pero, aparte de ellos, puedes complementar tu rutina con algún producto adicional, dependiendo del objetivo que persigas.
- Vitamina C. Tiene propiedades antioxidantes, protegiendo a la dermis del daño ambiental. Un sérum o crema con ella también puede contribuir a unificar el tono e iluminar el rostro.
- Retinoides. Se trata productos derivados de la vitamina A y el más conocido es el retinol. Pueden estimular la renovación celular y la producción de colágeno, lo que conlleva una mejora en la textura de la piel y de los signos visibles asociados al fotoenvejecimiento.
- Péptidos. Ellos actúan como “mensajeros celulares” y, dependiendo de su formulación, pueden indicarle a la piel que produzca más colágeno o elastina, para mejorar su apariencia y firmeza.
La regla de oro, en lo que a cuidado facial después de los 45 se refiere, pasa por priorizar la constancia sobre la intensidad y cantidad. Enfocarte en estos hábitos sencillos suele ser más manejable que una rutina con más de diez productos que puede llegar a abrumarte. También recuerda que no hay productos milagrosos y que la constancia diaria en tu rutina es la que hará que, con el tiempo, notes tu piel luminosa y sana.
A medida que el tiempo pasa, las necesidades de tu piel cambian. Después de los 45 años, la renovación celular comienza a hacerse más lenta y los cambios hormonales modifican la estructura y grosor de tu dermis.
En esta época de la vida, la prioridad es que apoyes a tu barrera cutánea y capacidad de regeneración de la piel. Para lograr esto no necesitas hacer una rutina de skincare complicada, con muchos pasos y productos. Enfócate en asentar los tres hábitos básicos que suelen dar mejor retorno.
1. Haz una limpieza suave
Después de los 45 años, la piel produce una menor cantidad de aceites naturales y le cuesta más retener la humedad. Si la limpias con un gel muy fuerte, se resecará, dejando una sensación tirante.
En su lugar, utiliza leches o aceites limpiadores que son más amables con tu piel. Ellos limpian por afinidad, retirando la suciedad sin llevarse consigo los lípidos naturales de tu dermis.
2. Hidrata a diario
Antes te indicamos que después de los 45 la piel es menos eficiente para retener la humedad. Y la deshidratación hace que las líneas de expresión se marquen más. Para prevenir esto utiliza una crema hidratante, que aporte agua y tenga propiedades oclusivas, creando un sello que evita que la hidratación se evapore. Ingredientes como las ceramidas o la manteca de karité pueden serte de gran ayuda.
3. Protégete del sol
Los expertos estiman que el 80 % de los signos de envejecimiento visibles en la piel tienen que ver con el sol. Entonces, usar protección solar se vuelve un paso innegociable en tu rutina de cuidado facial. Busca una opción de alto espectro (SPF 50) y aplícalo a diario, incluso en invierno o días lluviosos.
Complementos interesantes para tu rutina de skincare
Los tres hábitos anteriores representan la base del cuidado de tu piel después de los 45 años. Pero, aparte de ellos, puedes complementar tu rutina con algún producto adicional, dependiendo del objetivo que persigas.
- Vitamina C. Tiene propiedades antioxidantes, protegiendo a la dermis del daño ambiental. Un sérum o crema con ella también puede contribuir a unificar el tono e iluminar el rostro.
- Retinoides. Se trata productos derivados de la vitamina A y el más conocido es el retinol. Pueden estimular la renovación celular y la producción de colágeno, lo que conlleva una mejora en la textura de la piel y de los signos visibles asociados al fotoenvejecimiento.
- Péptidos. Ellos actúan como “mensajeros celulares” y, dependiendo de su formulación, pueden indicarle a la piel que produzca más colágeno o elastina, para mejorar su apariencia y firmeza.
La regla de oro, en lo que a cuidado facial después de los 45 se refiere, pasa por priorizar la constancia sobre la intensidad y cantidad. Enfocarte en estos hábitos sencillos suele ser más manejable que una rutina con más de diez productos que puede llegar a abrumarte. También recuerda que no hay productos milagrosos y que la constancia diaria en tu rutina es la que hará que, con el tiempo, notes tu piel luminosa y sana.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







