Samuel Smiles, escritor: “La vida tiene su lado sombrío y su lado brillante; de nosotros depende elegir el que más nos plazca”

Hay días en los que parece que todo se acumula. El tiempo perdido en el tránsito, un mensaje incómodo, una tarea pendiente o un plan que no salió como esperábamos pueden ocupar tanto espacio mental que, al llegar la noche, la conclusión parece evidente: “Hoy fue un desastre”. Sin embargo, quizá durante esa misma jornada resolvimos un problema, conversamos con alguien que nos hizo bien, disfrutamos una comida o simplemente conseguimos atravesar un día complicado.
Esa convivencia entre experiencias agradables y difíciles conecta con una frase atribuida a Samuel Smiles, escritor y reformista escocés del siglo XIX: “La vida tiene su lado sombrío y su lado brillante; de nosotros depende elegir el que más nos plazca”. Más que una exigencia de mantener una actitud permanentemente optimista, puede interpretarse como una invitación a observar dónde concentramos nuestra atención.
Mirar lo positivo no significa negar lo que duele
Los contratiempos, las frustraciones y las preocupaciones forman parte de la vida cotidiana. No siempre podemos evitar un problema laboral, una discusión, un retraso inesperado o una decepción, y tampoco tenemos que buscar inmediatamente algo bueno en cada experiencia difícil.
Podemos reconocer que algo nos dolió, aceptar que una situación fue injusta o permitirnos estar tristes sin intentar cambiar enseguida nuestra perspectiva. Expresiones como “todo pasa por algo” no necesariamente ayudan en cualquier circunstancia: a veces necesitamos reconocer primero lo sucedido y cómo nos afectó.
Entonces, ¿qué significa elegir el lado brillante?
No se trata de imaginar una vida perfecta en la que todo funciona según nuestros planes. Lo favorable puede encontrarse en cosas mucho más pequeñas: una posibilidad que todavía existe, algo que aprendimos, alguien que nos acompañó, una tarea que conseguimos resolver o el descanso después de una jornada agotadora.
La reflexión de Smiles puede entenderse, entonces, como una invitación a ampliar la mirada. Un episodio desagradable puede ocupar tanta atención que termine convirtiéndose en nuestra descripción de todo el día. Sin embargo, dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo: algo pudo salir mal y eso no significa necesariamente que todo lo demás también lo hiciera.
3 maneras de llevar esta idea a la vida cotidiana
Cambiar el foco de atención no siempre ocurre de manera espontánea, especialmente cuando algo nos preocupa o ha salido mal. Sin necesidad de obligarnos a pensar en positivo, algunos pequeños ejercicios pueden ayudarnos a tomar perspectiva y evitar que un contratiempo termine ocupando más espacio del necesario.
1. Identifica algo que sí salió bien
Al terminar el día, piensa en una sola cosa que haya funcionado o te haya proporcionado un momento agradable. No tiene que ser extraordinaria: terminar una tarea, disfrutar una comida, recibir un mensaje que te alegró o disponer de unos minutos para descansar también cuentan.
El objetivo no es compensar artificialmente una mala experiencia, sino recordar que un día puede contener más de una realidad.
2. Separa lo ocurrido de la conclusión
Cuando algo se frustre, intenta distinguir el hecho concreto de la interpretación que haces después. “No terminé esta tarea hoy” describe una situación; “nunca consigo hacer nada bien” transforma ese episodio en un juicio mucho más amplio sobre ti.
Hacer esta distinción no modifica lo sucedido, pero puede ayudarte a evitar que una dificultad puntual determine cómo percibes todo lo demás.
3. Pregúntate qué puedes hacer ahora
Hay situaciones que no podemos modificar. Cuando ocurra, prueba a preguntarte: ¿qué sí está bajo mi control durante las próximas horas?
Tal vez puedas solucionar una parte del problema, pedir ayuda, reorganizar una tarea o simplemente descansar para retomarla después. No siempre habrá una solución inmediata, pero identificar el siguiente paso posible puede devolver cierta sensación de dirección.
Elegir dónde ponemos nuestra atención no significa cerrar los ojos ante las partes difíciles de la vida. La idea que podemos rescatar de la frase atribuida a Smiles es más sencilla: reconocer lo que salió mal sin convertirlo automáticamente en la historia completa. A veces, ampliar un poco la mirada basta para descubrir que un mal momento no necesariamente significa un mal día.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







