¿Qué son y para qué sirven las competencias emocionales?

Las competencias emocionales nos permiten conocernos a nosotros mismos, pero también cuidar nuestras relaciones con otras personas. Aprendamos sobre ellas.
¿Qué son y para qué sirven las competencias emocionales?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales.

Última actualización: 12 diciembre, 2021

Las situaciones a las que nos enfrentamos día a día nos demandan respuestas que sean complejas. Muchas veces, priman las competencias laborales y técnicas, olvidando que también tenemos que poner en juego las competencias emocionales.

Sin ellas nos quedamos a medio camino. Las competencias emocionales nos orientan acerca de cómo nos sentimos y cómo nos manejamos con relación a los demás y a nosotros mismos.

Las competencias técnicas y las emocionales son igual de importantes y deben ir de la mano. Cuando tenemos esta visión integral de las personas estamos más cerca del bienestar.

¿Qué son las competencias emocionales?

Respecto a las competencias emocionales, existen distintas definiciones. Desde Salovey y Sluyter (1997), las competencias emocionales implican 5 dimensiones: cooperación, asertividad, responsabilidad, empatía y autocontrol.

Muchas de estas dimensiones coinciden con aquellas referidas por Goleman dentro de la idea de inteligencia emocional: consciencia de uno mismo, autogestión, consciencia social y gestión de las relaciones.

Por su parte, Bisquerra señala que las competencias emocionales implican la capacidad de movilizar determinados recursos a partir de identificar las emociones propias y ajenas, para poder participar de manera adecuada en diferentes situaciones y para resolver problemas.

La propuesta de Bisquerra señala que las principales competencias emocionales son las siguientes.

Autonomía emocional

Implica ser dueños de uno mismo con capacidad de desenvolverse, de tener una actitud positiva y proactiva. Conocer nuestras emociones nos permite manejarlas, elegir qué queremos hacer frente a determinadas situaciones y también cambiar cómo nos sentimos.

Conocerse a uno mismo.
El autoconocimiento nos brinda herramientas para gestionar las emociones. A partir de aquí podemos ser proactivos y menos reactivos.

Consciencia emocional

Este aspecto implica el autoconocimiento de nuestras emociones, la capacidad de reconocerlas y también las de los otros. Ser capaces de ponerles un nombre, entendiendo que no todo es lo mismo, es clave. Tenemos que identificar también aquello que sucede en nuestro cuerpo.

La consciencia también tiene que ver con la posibilidad de experimentar múltiples emociones. Las emociones tienen un mensaje y vienen a decirnos algo. Por lo que sirven como brújula y son nuestro norte.

Regulación emocional

Esta es la capacidad de dar respuestas adecuadas a las situaciones, de moderar nuestras emociones. También de encontrar cómo afrontar aquellas emociones que vivimos como un desborde. Es el autodominio de las emociones. Lo que no implica que podamos controlarlas por completo, pero sí cambiar el tono y su vivencia.

Competencia social interpersonal

Se refiere a las habilidades sociales de estar con otros, de compartir y comunicarse de manera asertiva. Es sentir empatía.

Habilidades de vida y bienestar

Las habilidades para la vida son las competencias emocionales que nos permiten tomar decisiones, establecer objetivos y abocarnos a la concreción de nuestros proyectos. También supone que seamos capaces de ser flexibles con los planes, de adaptarnos a las situaciones, de resolver conflictos en cualquier ámbito.



Consejos para desarrollar las competencias emocionales

Algunas de las recomendaciones que podemos tener en cuenta para el desarrollo de las competencias emocionales son las siguientes:

  • Preguntarnos cómo nos sentimos: no dejar que las cosas pasen y ya. Hay que aprender a registrar las emociones. Muchas veces nos movemos por inercia, sin detenernos a pensar qué sentimos, dónde se localizan en nuestro cuerpo las sensaciones, qué nos pasa en situaciones específicas.
  • Preguntarse cómo se siente el otro: aprender a tener un registro de cómo impactamos en las personas.
  • Ser capaces de hablar: de hacer pedidos, de expresarse y explicar cómo nos sentimos. Pero también ser capaces de escuchar, de recibir críticas y comentarios.


¿De qué modo nos ayudan las competencias emocionales?

Tal como lo señalamos, las emociones tienen un sentido. Si nos valemos de ellas podemos entender qué quieren decirnos.

De esta manera, cuando hay una situación que nos incomoda, la emoción de malestar nos invita a preguntarnos qué pasa y qué podemos cambiar.

Cuando tapamos nuestras emociones, terminarán encontrando una forma de aparecer y expresarse. Muchas veces, a través de enfermedades psicosomáticas: malestar estomacal, insomnio. Por eso, su expresión y gestión es una cuestión de salud.

Por otro lado, las emociones también nos permiten entender qué les sucede a los demás. En función de eso, acoplaremos nuestras propias emociones y comportamientos de acuerdo a las circunstancias.

A su vez, comprendernos y comprender a otro nos permite cuidar nuestras relaciones, evitando rencores o enojos por falta de comunicación o porque proyectamos en otros una emoción que es propia. Así también, somos capaces de poner límites y de hacer respetar los derechos.

Empatía gracias a las competencias emocionales.
Parte de la empatía depende de que tengamos competencias emocionales desarrolladas.

Las competencias emocionales no son un capítulo separado

Las competencias emocionales son habilidades que se aprenden, se desarrollan y se entrenan. Atraviesan todas las áreas de nuestras vidas, por lo que no se trata de algo que aplicamos solo en las relaciones afectivas.

Se trata de competencias que también deben ser gestionadas en los ámbitos laborales y educativos, entre otros. Es importante entender que tratamos con personas, a quienes les están sucediendo cosas, que están viviendo determinadas historias, por lo que debemos poder aportar una mirada integral en nuestras interacciones.

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  • Bisquerra Alzina, Rafael, & Pérez Escoda, Núria (2007). Las competencias emocionales. Educación XX1, 10( ),61-82.[fecha de Consulta 6 de Noviembre de 2021]. ISSN: 1139-613X. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=70601005
  • Goleman, D. (1995). Inteligencia emocional.Barcelona: Kairós.