Las 6 consecuencias de la indiferencia

La indiferencia es una actitud que crea varias secuelas de por medio. Veamos cómo afecta a la persona, a su círculo íntimo y a la sociedad.
Las 6 consecuencias de la indiferencia
Elena Sanz

Revisado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz el 08 octubre, 2021.

Escrito por Josberth Johan Benitez Colmenares, 08 octubre, 2021

Última actualización: 08 octubre, 2021

Muchas personas describen a la indiferencia como una actitud neutral. Aunque es cierto que esta definición puede ser útil en unos contextos, en otros no se ajusta por completo. La cosas se complican cuando pensamos en las consecuencias de la indiferencia. Al hacerlo, descubrimos que de ninguna forma hay neutralidad.

Por supuesto, la mayoría de las personas que practican esta actitud no son conscientes de las repercusiones que se desarrollan entre quienes los rodean. La indiferencia se puede explicar de diferentes maneras. Puede ser un síntoma de aplanamiento afectivo o una secuela de la apatía. También puede ser un reflejo de desinterés que se lleva a los extremos. De todo ello te hablamos en breve.

¿Cuáles son las consecuencias de la indiferencia?

Cuando pensamos en las consecuencias de la indiferencia, lo primero que se nos viene a la mente es cómo esta incide en una relación de pareja. Sin embargo, una actitud indiferente también genera secuelas en familiares, amigos y en la sociedad.

Para adentrarnos de lleno en este problema, hemos dividido las consecuencias de la indiferencia en aquellas que afectan a una relación (sea de amistad, de pareja o de cualquier otro tipo) y las que lo hacen con respecto a la sociedad. Al finalizar, como no podía ser de otra manera, también apuntamos sus repercusiones en la persona que desarrolla esta actitud.



Las consecuencias de la indiferencia en la relación

Para que cualquier relación funcione, sea próspera y estable, se necesita de la participación de ambas personas. En ningún caso una relación se puede construir si solo una de las partes trabaja en ella. De modo que una actitud indiferente es un obstáculo que tarde o temprano juega en contra.

1. Se crea una barrera en la comunicación

Una actitud indiferente siempre crea una barrera en la comunicación. No solo aquella que se manifiesta desde el plano oral, sino también desde el afectivo. El concepto comunicación afectiva se ha popularizado los últimos años para aludir a la carga emocional de los mensajes.

Los investigadores señalan que la comunicación afectiva se regula a través de diferentes procesos, como el apego. El desinterés crea una barrera en la comunicación que genera diversos problemas en la relación. No olvidemos que la evidencia señala que la comunicación sana es un síntoma de satisfacción en las parejas.

2. Hiere los sentimientos del otro

Es algo en lo que no reparan las personas indiferentes, en parte porque piensan que una actitud desinteresada no tiene ningún tipo de repercusión. La indiferencia puede hacer un daño similar al maltrato psicológico, en especial cuando se practica en personas con baja autoestima.

Quien recibe palabras o actitudes de indiferencia se sentirá desprestigiado, disminuido y desplazado del centro de atención. Todo esto tiene consecuencias prácticas, sobre todo en el plano de las emociones. En definitiva, los sentimientos son los más afectados.



3. Abre la puerta al desconcierto

Como es natural, lo anterior deriva en otra de las consecuencias de la indiferencia en una relación: el desconcierto. Quien descubre una actitud indiferente, de inmediato empezará a elucubrar pensamientos de duda.

No es infrecuente que estas dudas sigan la línea de tratar de justificar esa actitud indiferente. Por ejemplo, pensar que se ha hecho algo que derivó en el desinterés. También dudas sobre la fidelidad, el amor, la fraternidad, el apoyo, el cariño y la amistad.

4. Es una herramienta de manipulación

Algunas veces, la indiferencia se utiliza como una estrategia para manipular a una persona. Como ya hemos apuntado, es frecuente que quienes reciben esta actitud la justifiquen a través de sus propias acciones. Es decir, no trasladan la responsabilidad a quien la ejerce, sino que se la atribuyen a sí mismos.

Por supuesto, quien actúa con indiferencia se percata de ello, de modo que no duda en usar la indiferencia como una herramienta de manipulación. La emplea para controlar a la otra persona, ya que esa sensación de culpa se traduce en una recompensa.

5. Crea una sensación de inseguridad permanente

Quien es objeto de indiferencia desarrollará inseguridades. Pueden ser grandes o pequeñas, pero se contarán entre las consecuencias de la indiferencia. Esta sensación puede acompañar a toda la relación e incluso operará como un ancla que impide salir de ella.

En otras palabras, el desinterés crea dudas con respecto a lo que se puede ofrecer. Crea dudas con respecto al aspecto físico, las virtudes, la manera en que manifiestan el amor y otras cualidades. Estas inseguridades se interpretan en pensar que los demás no encontrarán ningún tipo de interés.

6. Destruye una relación

Como consecuencia de todo lo anterior, la relación destruye. Los amigos se separan, los familias se distancian y las relaciones de pareja tarde o temprano terminan por naufragar. Incluso, cuando la relación siga viva, estará muerta por dentro. Quienes forman parte de ella serán infelices o estarán alejados de la prosperidad.

No es infrecuente que se termine en una relación tóxica. Las consecuencias de la indiferencia son muy serias, de manera que no podemos catalogar a esta actitud como de neutralidad.

Relación tóxica con consecuencias de la indiferencia.
Las relaciones con indiferencia de por medio se convierten en tóxicas e ingresan en un círculo vicioso difícil de romper.

Las consecuencias de la indiferencia en la sociedad

Al igual que la indiferencia tiene consecuencias en una relación de pareja, también las tiene en la sociedad. Estas son tanto o más evidentes que las anteriores y derivan en crisis de valores.

1. Destituye la bondad

Cuando se practica la indiferencia en un ambiente social, de forma inevitable se destierra a la bondad. La bondad, al menos si lo consideramos desde el punto de vista social, es lo contrario a la indiferencia. La bondad es lo que te lleva a ser solidario con quien te rodea, a ayudar a quien lo necesita cuando está en medio de un problema.

Si se es indiferente frente a la ayuda, el apoyo o el socorro, entonces la sociedad pasa de ser una entidad cooperativa a dar rienda suelta al individualismo. De hecho, y en última instancia, la indiferencia no es más que eso: una oda al individualismo absoluto.

2. Le da la espalda a los problemas políticos

Los estudios y las investigaciones señalan que, cuanto mayor sea la indiferencia política en la sociedad, menor es la participación en los procesos electorales. La insatisfacción hacia los candidatos, el descontento con el obrar político o un desinterés sobre todo lo relacionado con el Estado se traduce en dar la espalda a los problemas intrínsecos de la sociedad.

3. Evita compromisos sociales

Como aquellos que se mantienen en el orden del reciclaje, el cuidado de los bienes públicos (transporte, instituciones, monumentos, plazas) o la lucha por algunos derechos. La indiferencia puede traducirse como complicidad. En definitiva, quien es indiferente frente a un hecho atroz, a su vez es cómplice de él.

De esta manera, la indiferencia puede justificar episodios de racismo, discriminación o segregación. No es necesario una participación activa en marchas, congresos y otros eventos de este tipo; pero al menos, no asumir una posición neutral cuando se está en frente.

Igualdad de género.
Muchas causas sociales, como la lucha por la igualdad de género, necesitan un compromiso que no sea indiferente para prosperar.

4. Evita el reconocimiento de varias causas

Causas que de diversas maneras contribuyen al progreso de la sociedad, ya sea porque consolidan una mayor libertad o bien porque su misión es preservarla. Cuando una causa que aboga por algo no es reconocida, termina por desaparecer. Cuando recibe apoyo, prospera.

5. Impide que algunas iniciativas salgan adelante

En especial, aquellas que dependen de la participación de las personas para prosperar, como las organizaciones benéficas. Estas se encargan de ayudar a los más necesitados. Si eliminamos por completo esta ayuda, entonces dichas organizaciones no podrían salir adelante.

6. Es la llama que enciende la chispa del caos

O al menos lleva a la desarticulación parcial de una sociedad. Una acción tan aparentemente banal, como no respetar una señal de tránsito, puede tener mayores repercusiones. Cuando la sociedad se mantiene indiferente a ciertas normas básicas, desemboca en la anomia. Es decir, a un estado de desorganización que le da la espalda a las leyes estructurales.

Las consecuencias de la indiferencia también son para el indiferente

No podemos despedir este artículo sobre las consecuencias de la indiferencia sin antes señalar cómo esta afecta a la propia persona. Las secuelas no se sienten solo en quienes están próximos o en la sociedad.

Veamos cómo repercute la actitud en la persona:

  • Se aísla de la sociedad. Bien sea porque no quiere formar parte de ella o porque esta rechaza su actitud indiferente.
  • Sufre de baja autoestima.
  • Crea una sensación de soledad.
  • Aumenta los niveles de ansiedad.
  • Puede evolucionar hacia episodios de depresión.
  • Refuerza los antivalores.

Las consecuencias de la indiferencia nunca pasan desapercibidas. Es una actitud que se asocia con secuelas pasivas, pero que en realidad genera grandes cicatrices en una persona, en su círculo íntimo y en la sociedad.

Dado que es una actitud que esconde problemas psicológicos, a veces es necesaria la participación de un profesional para dejarla atrás. En el proceso se puede descubrir que esta no es más que un síntoma de un contratiempo mucho mayor.

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