¿Cuándo es necesario acudir a un nefrólogo?

El nefrólogo se encarga del cuidado de los riñones. Su intervención puede ayudar a la prevención y tratamiento de las afecciones renales.
¿Cuándo es necesario acudir a un nefrólogo?
Mariel Mendoza

Escrito y verificado por la médica Mariel Mendoza el 12 octubre, 2021.

Última actualización: 12 octubre, 2021

El nefrólogo es el médico que se encarga de abordar las patologías de los riñones. Estos órganos son los encargados de múltiples funciones vitales, como eliminar los desechos y el exceso de líquido a través de la orina, mantener las concentraciones iónicas en la sangre, el balance del pH sanguíneo, entre otras.

En general, se sugiere una visita con este especialista cuando hay sospechas de anomalías en el funcionamiento o la estructura renal. Dados los riesgos que acarrea para el bienestar general, es fundamental una intervención oportuna y acorde a cada caso.

Los riñones y su funcionamiento

En primer lugar, hay que recordar que los riñones son dos órganos esenciales en la fisiología humana. Ambos miden aproximadamente 11 x 7 x 3 centímetros y pesan unos 150 gramos. Se localizan en la parte posterior del abdomen, a los dos lados de la columna vertebral, en la región lumbar.

El riñón derecho tiende a estar más inferior que el izquierdo, debido a la ocupación intraabdominal del lado derecho por órganos como el hígado. En su parte interna, por su hilio, pasan la arteria y la vena renal, el drenaje linfático, los nervios y el uréter que se encarga de conducir la orina.

Entre otras cosas, estos órganos requieren de una presencia importante de vasos sanguíneos que intervienen en procesos claves para la salud. Pese a su tamaño, reciben hasta el 20 % del gasto cardíaco. También cuentan con una distribución importante de fibras nerviosas.

Los riñones y su funcionamiento
Los riñones intervienen en funciones vitales, como la eliminación de desechos, el balance hidroelectrolítico y la segregación de algunas hormonas.

Funciones de los riñones

Las principales funciones de los riñones en el cuerpo abarcan lo siguiente:

  • Son un filtro que elimina desechos metabólicos, las toxinas y el exceso de líquido de la sangre.
  • Mantienen el balance hidroelectrolítico y el equilibrio ácido-base (balance del pH sanguíneo).
  • Activan metabolitos que regulan la presión arterial.
  • Tienen funciones de liberación renal hormonal y producen hormonas como el calcitriol y la eritropoyetina. Esta última interviene en el proceso de producción de células sanguíneas en la médula ósea. Por su parte, el calcitriol es una forma activa de la vitamina D que regula la concentración en la sangre del calcio.

Cabe destacar que las concentraciones iónicas en la sangre tienen distintas funciones vitales en la fisiología humana. Por ejemplo, el sodio participa en la regulación de la presión arterial, mientras que el potasio participa en la regulación del ritmo cardíaco.



Por gramática, el término griego «logos» significa «estudio» y el término griego «nephros» significa «riñones». Entre tanto, el término «renal» viene del latín «renalis» que también significa riñones. Por ende, la nefrología es el estudio de los riñones.

Dicho todo esto, el nefrólogo es el especialista que se encarga de trabajar con los riñones, tanto en la salud como en la enfermedad. Su función es prevenir, diagnosticar y tratar las enfermedades que afectan a estos órganos y a las vías urinarias.

Ahora bien, hay otra especialidad médica que también trata los problemas renales; la urología. No obstante, su diferencia radica en que los nefrólogos se encargan de mantener la salud del riñón y tratar las patologías que llevan a su mal funcionamiento (como la diabetes o la hipertensión arterial).

En cambio, los urólogos manejan todo aquello asociado a la vasculatura renal y la excreción de orina, como las anomalías anatómicas de los riñones y de las vías urinarias, sobre todo quirúrgicas.

En general, es necesario solicitar la atención de este profesional cuando se manifiestan los siguientes síntomas:

  • Fatiga o cansancio excesivo.
  • Sangre en la orina (hematuria).
  • Cambios en la densidad o color de la orina.
  • Retención de líquido.
  • Disminución de peso.
  • Disminución del apetito.
  • Dolor en la espalda, los costados o la ingle.
  • Disminución del volumen de orina.
  • Hinchazón en los miembros inferiores.
  • Orinar a menudo.
  • Sensación de no terminar de orinar.
  • Dolor o ardor al orinar.
  • Orina turbia o con mal olor.
  • Expulsión de cristales a través de la orina.
  • Espuma en la orina (proteinuria o pérdida de proteínas en la orina).


Se puede derivar una consulta con el nefrólogo ante la sospecha de enfermedades o situaciones que comprometen la salud del riñón. A continuación, las más relevantes.

  • Insuficiencia renal aguda (pérdida súbita de la función renal) o crónica (pérdida progresiva y de larga data de la función renal).
  • Nefropatía diabética (daño producido por la diabetes).
  • Infección del tracto urinario alta (pielonefritis) o baja. Especialmente si son recurrentes.
  • Nefropatía hipertensiva (daño producido debido a tensión arterial elevada).
  • Desequilibrio hidroelectrolítico.
  • Litiasis renal (presencia de cálculos).
  • Trastornos de los vasos sanguíneos renales.
  • Enfermedad poliquística renal u otras enfermedades genéticas.
  • Presencia de trastornos autoinmunes.
  • Uso de drogas o toxinas.
  • Paciente con criterios de diálisis o paciente en diálisis.
  • Presencia de tumores renales.
  • Historial de enfermedad renal familiar.
Causas más frecuentes de derivación al nefrólogo
El nefrólogo puede ayudar a identificar de manera oportuna aquellas patologías que comprometen la salud renal.

Consejos para cuidar la salud renal

El cuidado de la salud renal depende en gran medida del estilo de vida. Si bien hay factores no modificables que inciden en el desarrollo de las enfermedades del riñón, hay ciertos hábitos que sí se pueden aplicar para reducir los riesgos. Esto incluye lo siguiente:

  • Ingerir alrededor de 2 litros de agua al día (la cantidad puede variar según las características individuales).
  • Mantener una dieta baja en sodio. La ingesta inadecuada de sal es tanto dañina para el riñón como para el corazón.
  • Evitar las bebidas azucaradas y los alimentos procesados, ya que tienen una alta carga de aditivos (sodio, potasio, fosfato y azúcares) que suponen una mayor cantidad de toxinas que sobrecargan la función renal.
  • Aumentar el consumo de frutas y verduras.
  • Moderar el consumo de carbohidratos.
  • Consumir carnes magras, sobre todo pescados, para obtener proteínas. También se pueden sustituir las proteínas de las carnes con huevos y legumbres.
  • Preferir el aceite de oliva sobre el aceite de soja o de girasol.
  • Mantener un peso adecuado.
  • Aumentar la actividad física diaria.
  • Evitar el consumo de tabaco y bebidas alcohólicas. 
  • Controlar la presión arterial.
  • En caso de diabetes, acudir a control para regular los niveles sanguíneos de glucosa. 

El nefrólogo es el especialista que se encarga de preservar la función renal. Por lo tanto, es conveniente solicitar su atención ante cualquier manifestación clínica de enfermedad en estos órganos.

También es aconsejable solicitar su intervención si hay factores de riesgo como diabetes, hipertensión arterial o antecedentes familiares. Esto posibilita un diagnóstico y tratamiento oportunos.

A menudo, las enfermedades de los riñones van avanzando de manera silenciosa hasta que llegan a un grado de complicación avanzada. Si se logra un diagnóstico temprano, el pronóstico es alentador. Este puede obtenerse a través de un análisis de sangre (especialmente de urea y creatinina) y un examen de orina.

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