¿Qué es la cultura de la cancelación?

Hoy en día, actuar u opinar diferente de lo que se considera correcto puede acarrear graves consecuencias. En especial para aquellas figuras públicas. Esto viola la libertad de expresión y supone un riesgo para la sociedad.
¿Qué es la cultura de la cancelación?
Maria Alejandra Morgado Cusati

Escrito y verificado por la filósofa Maria Alejandra Morgado Cusati el 24 abril, 2021.

Última actualización: 24 abril, 2021

La cultura de la cancelación es un fenómeno reciente. Según Dictionary.com, consiste en retirar el apoyo a personajes públicos o empresas, como respuesta a una acción o comentario considerado ofensivo o inaceptable.

Las intenciones de este fenómeno suelen ser loables, como erradicar las actitudes nocivas o criminales. No obstante, las consecuencias tienden a ser despiadadas, provocando daños irreparables y desproporcionados a los afectados. Incluso, ha perjudicado a personas que no cometieron un delito y solo pensaron diferente.

Dicho esto, la cultura de la cancelación representa un peligro para la sociedad. Además, fomenta la intolerancia, coarta la libertad de expresión y pone en riesgo la integridad.  A continuación ofrecemos detalles sobre este fenómeno y qué alternativas podemos fomentar para evitar sus consecuencias negativas.

¿Cómo surge este fenómeno?

Se considera que una de las primeras apariciones del término tuvo lugar en la película New Jack City, en el año 1991, cuando uno de los personajes dice: “Cancela a esta p*t@. Ya me compraré otra”. Posteriormente, en 2014, vuelve a aparecer en el reality show Love and Hip-Hop: New York, en el que uno de los personajes le dice a otro: “Cancelada”.

No obstante, Rommel Piña, director de la carrera de periodismo de la Universidad Finis Terrae, afirma que la cancelación es un fenómeno que existe desde hace mucho tiempo. Dependiendo de la generación, se ha llamado de determinada manera. Por ejemplo, en cierta época se denominaba ley del hielo.

La cultura de la cancelación, como se le conoce hoy en día, empezó a adquirir popularidad en las redes sociales a partir del 2017. En especial por el surgimiento del movimiento #MeToo, cuyo fin era denunciar la agresión y acoso sexual, a partir de las acusaciones contra el productor de cine Harvey Weinstein.

Según Rommel Piña, el fenómeno guarda una estrecha relación con las redes sociales y se ha popularizado por algunos movimientos feministas. De esta manera, la cancelación es la vía más reciente de protesta de los internautas ante hechos, comentarios o acciones de figuras públicas que son considerados inaceptables u ofensivos.

En la actualidad, la cultura de la cancelación tiene defensores y detractores. Entre este último grupo se encuentra un grupo de 150 famosos (entre ellos J.K Rowling, escritora de la famosa saga de Harry Potter), quienes firmaron un manifiesto en contra de este fenómeno en el año 2020.

Redes sociales en un móvil.
Las redes sociales han acelerado la presencia de la cultura de la cancelación en el mundo, otorgando facilidad al proceso.

¿Cómo afecta la cultura de la cancelación a la libre expresión?

La libertad de expresión es un derecho humano, reflejado en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esto implica que toda persona es libre de opinar y expresarse libremente por cualquier medio, sin ser molestado o interferido.

En este sentido, la cultura de la cancelación viola la libertad de expresión, en tanto que la emisión de un punto de vista (considerado inaceptable) desencadena una serie de reacciones que molesta y perjudica a los opinantes.

La mayoría de las veces, este fenómeno ha provocado graves consecuencias a las personas afectadas, incluyendo el escarnio público, las amenazas de muerte y la pérdida de empleo. En este último escenario es común que el colectivo ofendido presione a la empresa en la que trabaja la persona para que tome cartas en el asunto. De no hacerlo, amenazan con boicotear a la organización.

Estas reacciones también afectan la integridad psicológica de las víctimas. Lo que puede implicar resultados mucho más graves, como el suicidio. Es por ello que se hace un llamado a ser más amables y tolerantes en las redes sociales.

La cultura de la cancelación, además de hacernos menos libres, alimenta el sesgo de confirmación. Esto nos convierte en personas menos racionales, más intolerantes y reaccionarias.

Por último, avergonzar, censurar o burlar otros puntos de vista provoca el efecto contrario al que se busca. Es decir, hace que las personas afectadas ya no se cuestionen la validez de sus argumentos, sino su propia libertad. Esta impresión provocará que los individuos apoyen con mayor ímpetu sus opiniones y creencias.

¿Qué alternativas existen para la cultura de la cancelación?

Si bien la cultura de la cancelación ha ayudado a visibilizar la violencia de género, el abuso sexual, el racismo y otras ideologías repudiables, también es cierto que ha alimentado la intolerancia, la violencia y el pensamiento único.

Por lo general, las personas que la apoyan la consideran una forma efectiva de combatir movimientos sociales nocivos. Pero parece que está fallando en su cometido, pues crea otra serie de problemas igual de severos.

Es como el típico caso que busca combatir la violencia con más violencia. Eso no funciona, pues terminamos actuando igual a lo que queremos erradicar, por más nobles que sean las intenciones.

Conversa y escucha a los otros que opinan diferente

Si alguien comenta o realiza acciones dentro de la legalidad, invítalos a justificar sus posturas, argumenta las tuyas y cuestiona todo. Esto te ayudará a comprender sus puntos de vista y promover versiones más informadas sobre tu perspectiva.

Además, ambas partes podrán advertir cualquier falla en el discurso propio, lo que contribuirá a fortalecerlo o cambiarlo.

Sé más humilde y consciente de tus propias debilidades

Ningún ser humano es perfecto. No obstante, resulta difícil darse cuenta y asumir los propios errores. En su lugar, es más sencillo señalar, humillar o agredir al otro que se equivoca.

Si aceptamos que somos susceptibles de cometer fallas, seremos más empáticos con aquellos que cometen errores. Lo importante es que nos demos cuenta y rectifiquemos.

Evita dejarte llevar por las emociones

Es muy común que, ante un comentario o acción con la que no estamos de acuerdo, seamos reaccionarios y cometamos acciones de cuyas consecuencias no somos conscientes.

En ocasiones, estas pueden ser graves.  Por lo tanto, en situaciones así intenta ser racional e identifica las soluciones más adecuadas.

Dialogar para encontrar puntos en común.
El diálogo y el debate siempre serán vías asertivas de acercar puntos de encuentro, antes que criticar y juzgar.

Identifica las formas adecuadas de hacer justicia

La cultura de la cancelación puede afectar a cualquiera, muchas veces de forma injusta. Las consecuencias suelen ser desproporcionadas a la acción u opinión emitida.

Asimismo, la malinterpretación del mensaje desvirtúa aún más el fenómeno, convirtiéndolo en un acto de injusticia.

Dicho esto, ante la expresión de algo que se considera un delito (como abuso sexual o actos racistas), lo mejor es identificar la mejor manera de hacer justicia. Apropiarnos del castigo del otro puede ser la peor vía.

Pensar diferente no es un delito

Siempre nos vamos a topar con personas que piensen diferente y eso no está mal. Por tanto, el hecho de que alguien tenga opiniones políticas, sociales o culturales disímiles no hace que sean menos que nosotros.

Asimismo, no significa que merezcan ser víctimas de daños irreparables. Por su parte, ante actos delictivos, lo ideal es articular formas de acción que contribuyan a que los criminales asuman las consecuencias justas de sus actos.

Hoy en día se hace más notoria la necesidad de establecer qué está bien y qué no. El que se sale de esos límites, entonces, está cancelado. Esta acción no hará que la gente cambie su punto de vista; al contrario, profundizará la polarización y el conflicto. El dialogo, el respeto y la integración de puntos de vista parece ser una mejor alternativa.

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