Estrategias para liberarse del equipaje emocional

Reconocer cuál es el equipaje emocional que nos acompaña nos permite ser más dueños de nosotros mismos y reescribir nuestra historia. Veamos algunas estrategias al respecto.
Estrategias para liberarse del equipaje emocional
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales.

Última actualización: 25 noviembre, 2022

Dicen que la vida es como un viaje y que cada persona arma su propia maleta de experiencias. A veces, algunas de ellas tienen un tono que nos impide avanzar, que nos detiene. Esa mochila hace más pesada la carga y es lo que se conoce como «equipaje emocional».

Nos referimos al conjunto de vivencias con sus propias emociones no resueltas, que hacen que todo se sienta cuesta arriba. Veamos qué podemos hacer al respecto.

¿Qué es el equipaje emocional?

Como todo equipaje, a veces lo cargamos de cosas que creemos que son útiles y de otras que no lo son tanto y que podríamos reemplazar. Lo mismo sucede con el equipaje emocional.

Las emociones asociadas a las experiencias pueden enseñarnos algo o pueden bloquearnos en nuestro desarrollo, haciendo que el camino sea más difícil. En este sentido, el equipaje emocional se refiere a todas aquellas emociones inconclusas o sin resolver que, aunque latentes, no se hacen menos visibles.

Por el contrario, como están allí a la manera de cabos sueltos, sin atar, nos influyen, condicionan y limitan. Esto, aunque no nos demos cuenta.

El enojo, la envidia, la inseguridad en una relación también pueden ser parte de un pasado que arrastramos en el presente.



¿De qué modo influye o afecta el equipaje emocional?

Debemos vincular las emociones con nuestro estado de salud y bienestar. Ellas no son ajenas ni pasan desapercibidas en la vida.

En este sentido, una emoción no resuelta puede llevarnos a experimentar un malestar permanente, aunque no sepamos su origen o no podamos ponerle un nombre. También nos impiden conectar con el disfrute, encontrando un «pero» a todas las situaciones.

El autosaboteo, la sobreadaptación, el estrés permanente o la ansiedad también son signos de algo que quedó a mitad de camino. Las emociones, las dificultades y los traumas no procesados se encarnan en el cuerpo: alergias, manchas, dificultades para dormir, apetito voraz o inapetencia.

Las emociones son mensajeras y encontrarán la manera de hacernos escuchar lo que nos quieren decir.

Palpitaciones al somatizar.
Las somatizaciones expresan un equipaje emocional que intenta aflorar en el cuerpo.

Estrategias para liberarse del equipaje emocional

Es importante destacar que liberarse del equipaje emocional no es sinónimo de evitación. Por el contrario, se trata de flexibilidad, de adaptación, de aprender a vivir con aquello que precisamos y dejar de prestar tanta atención a aquello que nos limita.

Liberarse del equipaje emocional significa ser conscientes de nuestra historia, de nuestras oportunidades y de elegir cómo queremos vivir. Algunas de las estrategias que podemos poner en práctica son las siguientes.

Dar lugar a reconocer lo que nos afecta

Quizás, durante mucho tiempo intentamos que esa molestia sea como un ruido de fondo. Ahora bien, para poder hacer algo, es necesario reconocer el elefante en la habitación.

¿Qué es aquello que me molesta? ¿De dónde viene? Solo así podremos resignificar lo ocurrido y elegir qué lugar darle en la vida.

Es bueno preguntarnos de qué puede servirnos la experiencia. Aprender de lo que nos sucede, tanto en lo bueno como en lo malo, siempre será evolución.

Brindar espacio al perdón

No es sencillo, pero es liberador. Entender que a veces las personas actúan desde sus propias heridas y que no es algo personal resulta clave.

De este modo, es importante interrumpir ese diálogo y aquellas ideas que alimentan el rencor. El perdón y la compasión también deben aplicarse a nosotros mismos. Entender que hicimos lo que pudimos en determinado momento y no juzgarnos por ello.

Practicar algunos ejercicios que te lleven a pensar en la dirección contraria

Seguro recuerdas una situación con malestar y amargura. Recolecta cada uno de esos aspectos negativos y que te hacen daño. Incluso, puedes escribirlos de un lado de una hoja.

Luego busca, para cada uno de esos aspectos, un contrapeso positivo, un triunfo. Encontrar algo para rescatar de una situación es tan probable como el autodiálogo negativo que nos repetimos sin cesar. De modo que empieza a ejercitar también el optimismo.

Actitud optimista para resolver el equipaje emocional.
El optimismo cambia la perspectiva sobre la vida y sobre aquello que nos ha pasado.

Aprender a «dejar ir» y soltar

Una situación que nos afectó y nos dejó una marca. Un límite que no pudimos poner a tiempo y nos hace sentir en un estado de indefensión de manera continua. Es necesario cambiar, crear y creer en otros relatos posibles.

Si no se puede hablar con aquella persona que nos hirió, practiquemos ejercicios de imaginación, ensayando lo que quisiéramos decirle. También podemos escribirle una carta (aunque no se la demos nunca). Son formas de decir que esta historia ya no nos pertenece.

Aceptar que el tiempo presente es hoy y que podemos aprender de nuestro pasado. Por supuesto, sin que ese pasado lleve a colapsar nuestro presente.



Podemos elegir nuestra actitud, no nuestras circunstancias

No somos dueños de nuestras circunstancias.

Es cierto que existen condicionamientos del entorno y realidades que muchas veces escapan a nuestro manejo. Empatizar con lo que nos toca vivir no quiere decir que debamos ser prisioneros o simples espectadores.

Más bien, significa ejercitar la libertad y la decisión, procurando encontrar las mejores herramientas para seguir creciendo. No somos dueños de nuestras circunstancias, pero podemos elegir cómo reaccionar y actuar frente a ellas.

Por lo tanto, debemos ejercitar un poco más aquella metáfora que nos señala que el equipaje emocional lo armamos y desarmamos nosotros. ¿Estás listo para empezar?

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