¿Cómo hacer que tus hijos te respeten? 10 consejos útiles

Es importante saber que el respeto se construye con más respeto. Si quieres cultivar este valor en tus hijos, tu punto de partida es el ejemplo.
¿Cómo hacer que tus hijos te respeten? 10 consejos útiles
Elena Sanz

Revisado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz el 23 septiembre, 2021.

Escrito por Ana Núnez, 23 septiembre, 2021

Última actualización: 23 septiembre, 2021

Para hacer que tus hijos te respeten lo esencial es que crezcan con ese ejemplo. El reconocimiento de las diferencias y la comprensión son valores que sostienen el equilibrio y la armonía familiar. La experiencia hoy confirma que es más fácil acercarse a la felicidad si esta se basa en el entendimiento. No prevalece el tamaño, la fuerza o la edad frente al amor que nace y crece con el respeto.

Entonces, ¿cómo puedes inculcar el respeto en tus hijos? ¿Qué puedes hacer para resolver las situaciones conflictivas del día a día? Hay varias respuestas para estos interrogantes. Por eso, a continuación revelamos 10 consejos útiles.

10 consejos para que tus hijos te respeten

Estos consejos tienen un factor común; la comprensión. Ser padres requiere poner límites, y estos deben oponerse a las imposiciones obtusas o porque sí. Es preferible acordar y ser firmes en la aceptación de las reglas. Sin violencia y sin recurrir a la fuerza, porque la virtud de la razón no está en tenerla sino en compartirla.

1. Establecer límites

Se sabe que si los límites son laxos, tus hijos no sabrán a ciencia cierta cuándo parar, hasta dónde pueden llegar, qué pueden o no hacer. Es responsabilidad de los padres establecerlos con claridad, delimitarlos y, sobre todo, tomar las respectivas acciones para que se cumplan.

Pero estos funcionan mejor si, en vez de ser muros sordos e infranqueables, se convierten en zonas de intercambio. La autoridad no es imposición, sino razones sostenidas y continuamente argumentadas. Es cierto, es más fácil decir no, pero a la larga no dará los mejores resultados frente a la explicación y la satisfacción de los argumentos.

Es la ruta más larga y más exigente, pero no cabe duda de que las palabras contribuyen a modelar las emociones. Lo que se logra expresar es más fácil de comprender y asimilar. Para hacer que tus hijos te respeten, establece límites razonados y haz consensos y acuerdos para acatar en familia.

Madre habla con hija
Para cultivar el respeto en los hijos, es esencial establecer límites sobre lo que pueden o no hacer.



2. Más que interrogar, indaga

Acaso no se ha reflexionado lo suficiente sobre el poder cuestionador y vigilante de los interrogatorios. Las preguntas remueven y buscan sacar a la luz lo que de pronto no está preparado para emerger.

Casi siempre, sucede cuando tus hijos pasan por experiencias importantes y poderosas. Primer día de escuela, en la academia de deportes, en una celebración muy esperada, etcétera.

La emoción se traduce en desplegar una pregunta tras otra, pero la respuesta, o más bien el silencio de tus hijos, no satisface tus anhelos. Es natural que esto ocurra. Las emociones no se traducen en palabras con tanta facilidad. 

3. Cuando estén preparados, responderán

Responder es difícil, incluso para ti que has ganado competencia comunicacional. Del mismo modo lo es para tus hijos, que están aprendiendo a transformar en conceptos comunicables sus sentimientos.

Llevar a palabras lo que pasa dentro de ti y en los demás es un ejercicio cotidiano. Por eso, permite sin apremios que las palabras que expresarán lo que tus hijos han sentido, poco a poco vayan cobrando forma dentro de sí y salgan de manera natural. Eso sí, debes estar preparado para escuchar.

4. No te apresures a responder

¿Te hacen un montón de preguntas? Sí, pero no tienes que responder a todo. Las preguntas son mecanismos de exploración y, a veces, dicen más cuando quedan sin respuesta. En ocasiones, el silencio es más elocuente y no se logra traducir del todo en palabras.

En general, si las circunstancias lo permiten, tómate tu tiempo para responder. Ello para que la reflexión y el silencio meditado sean valores más acariciados que la respuesta que cancela la pregunta.

Por otro lado, se cree que quien pregunta ejerce la autoridad. Así, parece que cuando tus hijos preguntan, están comenzando a hacer uso de ese recurso. Tómate tu tiempo, aplaza la respuesta y ubícala en otro momento. No la desestimes; al contrario, para hacer que tus hijos te respeten elige a conciencia y con preparación los tópicos para construir con ellos verdades sólidas.

5. Tus hijos son dueños de su cuerpo

Te acostumbraste a ayudarlos en todo y, de pronto, ellos mismos van estableciendo límites. Un día deciden bañarse solos. Es muy probable que el próximo baño sea otra vez asistido, pero ya debes saber que están dando señales de autonomía en algo muy importante y decisivo.

Ayúdalos y acompáñalos. Ve creando las condiciones para que este tipo de decisiones se hagan más frecuentes y naturales dentro del ritmo de la cotidianidad. Están creciendo y, por ende, están construyendo una relación íntima con su cuerpo, en casa y con la sociedad.

Recuerda, tú eras parte de su cuerpo, pero al crecer están como mudando de piel. Procura estar atento a estos procesos para acompañarlos y asistirlos cuando sea necesario, sin asfixia ni sobreprotección.

6. Respeta sus elecciones

Tus hijos son autónomos; es la primera lección que debes aprender. Por lo tanto, toman decisiones. Les has ido enseñado poco a poco eso, desde el momento en que intuyes que así se hacen más grandes y responsables.

La consecuencia de esa autonomía es que eligen y no siempre optan por lo que habrías preferido. Sucede en prendas de vestir, al elegir platos en el restaurante, en motivos de los útiles escolares, al asistir al cine, etcétera.

De cualquier modo, la vida te ofrece un sinnúmero de oportunidades para que la elección que hagan tus hijos tenga un peso específico y se corresponda su forma de ser y hacer.

7. Dales tiempo

Frente a la angustia el tiempo se paraliza. En cambio, la alegría hace que el tiempo vuele. Tus hijos estarán más dados a expresar sus emociones si están alegres. Por el contrario, si las cosas no marchan bien, preferirán tomarse un espacio.

Con machacar a preguntas no obtendrás respuestas oportunas. Así pues, acompaña y sé paciente; al mismo tiempo estás enseñando con el ejemplo el don de la paciencia.

8. Escúchalos atentamente

Para hacer que tus hijos te respeten, escúchalos y, sobre todo, mírales a los ojos. Préstales atención e interactúa a tono con sus planteamientos. La indiferencia, mirar para otro lado, hacerte de la vista gorda o estar siempre ensimismado en tus propios asuntos, crea una pared perjudicial.

La comunicación fluida y atenta construye vínculos. No olvides que a la hora de los puentes quebradizos, como en la adolescencia, esto te ayudará a hacer transitable el camino de ida y vuelta.

Apoyo para las personas altamente sensibles.
Aprender a escuchar a los hijos es determinante para obtener su respeto. Esto, a su vez, cultiva la confianza.

9. No les mientas

La autoridad se resiente cuando tus hijos descubren que les has mentido. Si bien hay asuntos que prefieres no abordar, los silencios como las mentiras tienen patas cortas.

Busca ayuda profesional si sientes que el asunto te desborda, como en el caso de pérdidas familiares muy sensibles o que atañen a la estabilidad económica. Hablar de esto en los términos apropiados es la forma idónea de mantener la unidad familiar y de ganar el respeto cimentado en la confianza.

10. El ejemplo es la mejor autoridad

Y aquí el consejo de oro; el ejemplo es la escuela del respeto y de la autoridad. Nada como demostrar que haces lo que predicas; eso lo verán tus hijos y muy probablemente lo replicarán.

Sé amable con tus vecinos y las personas que te asisten en los asuntos cotidianos; expresa de viva voz tus agradecimientos. Razona con las personas que te frecuentan, en vez de engarzarte en discusiones estériles. Todo ello será un espejo para tus hijos y les será útil cuando les toque enfrentarse a la vida.



¿Qué debes recordar?

El respeto no se consigue con la imposición de normas por medio del miedo y la coacción. Hacer que tus hijos te respeten pasa por entender que la crianza es una construcción social y el resultado de una provechosa interacción.

Tus hijos necesitan este valor para moverse con libertad dentro de los límites sociales y culturales establecidos. Además, es determinante para que tengan estabilidad y confianza. En definitiva, debes ser las manos que acogen, el abrazo protector, los oídos que escuchan y las palabras sabias, sobre todo cuando llegan los momentos difíciles.

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