Las carencias afectivas afectan al desarrollo de los niños

Las carencias afectivas pueden hacer que nuestros hijos, el día de mañana, sean personas inseguras e inestables, por lo que no debemos descuidarlos durante su infancia.
Las carencias afectivas afectan al desarrollo de los niños

Última actualización: 09 abril, 2022

Las carencias afectivas provocan serios problemas en los niños, aunque muchas de ellas no se manifiestan hasta la edad adulta. Es entonces cuando nos empezamos a encontrar con dificultades que no logramos solucionar.

Dentro de estos problemas se encuentran los que comprenden las relaciones interpersonales que nos llevan por el camino de la amargura al no saber cómo solventarlos. Todo viene de atrás, de nuestra infancia.

Carencias afectivas que duelen

Carencias afectivas que duelen

Dentro de las carencias afectivas se encuentran las situaciones familiares inestables y traumáticas, el maltrato, la falta de cuidados, etc. Como podemos comprobar, en todo esto hay un descuido hacia el niño que sufre y vive todo de una manera muy profunda.

¿Por qué lo permitimos? ¿Los padres no se dan cuenta de que todo esto les puede afectar en un futuro? Lo cierto es que los progenitores creen que los más pequeños no son conscientes de lo que en realidad ocurre y se encuentran “tranquilos” al respecto.

No obstante, la realidad es completamente diferente. Los más pequeños de la casa se encuentran muy receptivos y despiertos ante los múltiples estímulos negativos a los que están expuestos durante la infancia. Todo esto condicionará su día de mañana.

Es aquí cuando surgen, pasados los años, los problemas de dependencia emocional, de miedo a la soledad y de diversas dificultades para mantener relaciones sanas con el resto de las personas. Aquello que un día los mayores pensaron que no les afectaría lo ha hecho y a lo grande.

Síntomas de carencias afectivas

Aunque es cierto que las dificultades se agudizan cuando somos adultos, muchas se pueden detectar en la propia infancia si somos lo suficientemente observadores. Eso sí, hay que estar alerta y prestar atención, porque algunas son intermitentes.

Si las carencias afectivas se gestionan en la propia infancia, el resultado será muy positivo. Sin embargo, si no hacemos nada, cuando los niños sean adultos se encontrarán con multitud de barreras.

Entre los síntomas de carencias afectivas en niños, tal y como evidencia este artículo publicado en la revista Centre Londres, se pueden encontrar los siguientes:

  • Problemas con el control de los impulsos.
  • Cambios bruscos en la conducta.
  • Desconfianza generalizada hacia los demás.
  • Respuestas agresivas.
  • Desarrollo deficiente del lenguaje y habilidades sociales.
  • Déficit de atención.
  • Trastornos de ansiedad.
  • Dificultades para expresar sentimientos y problemas para modularlos.

Muchos de estos síntomas pueden trasladarse a la edad adulta y, en varios casos, de una forma más dolorosa y preocupante. En este sentido, nos encontramos en un estado avanzado del problema que no resultará fácil solucionar.

El deterioro del desarrollo de los niños

Como hemos podido comprobar, no solo afecta a sus emociones y a la capacidad de transmitir sus sentimientos, sino que los niños ven afectado su desarrollo. Esto les causa serios contratiempos en su aprendizaje desde muy pequeños.

El estrés y la ansiedad, tan extraños en estas primeras etapas de la vida, son uno de los síntomas más llamativos y que no debemos pasar de largo, como señala este trabajo llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cuenca, Ecuador. No son características habituales en una de la edades de mayor disfrute y relajación con respecto a las preocupaciones que sí tienen los adultos.

Pero ¿todo esto surge en circunstancias extremas? La verdad es que no es necesario encontrarse con situaciones de maltrato, abandono o divorcios para que los niños desarrollen este tipo de carencias afectivas.

La importancia de la educación

La importancia de la educación

Una educación de poca calidad también puede provocar el deterioro del desarrollo de los pequeños y posibles dificultades futuras que les afectarán de forma importante. Un ejemplo de esta educación deficiente es la cantidad de horas que un niño puede pasar frente al televisor.

El trabajo de los padres y las pocas ganas que tienen de aguantar sus rabietas provoca que utilicen ciertos comodines como, por ejemplo, el ordenador, los teléfonos móviles y tablets, los videojuegos… Los niños no disfrutan, no salen, no interactúan con los demás; tan solo existe una pantalla que les atonta y ellos.

Todo niño necesita unas normas y unos cuidados que les preparen para ser buenas personas el día de mañana, responsables y con valores. Si descuidamos lo que necesitan por pereza, las carencias afectivas harán acto de presencia.

En este sentido, como muestra esta investigación publicada en la revista Razón y Palabra, la comunicación en la familia es imprescindible para prevenir las carencias afectivas.

Cómo tratar la carencia afectiva en los niños

Los problemas derivados de la carencia afectiva se asocian a los estilos de vida de las familias. Es por ello que estas deben actuar como agentes preventivos y manejar habilidades para intervenir cuando sea necesario. Así como también, estar preparadas para enfrentar y superar dificultades.

El todo consiste en mejorar la educación de la familia para evitar que surjan factores de riesgo, desarrollando habilidades que permitan cuidar, proteger, educar, solucionar conflictos y establecer normas.

Las habilidades parentales cumplirían tres funciones:

  • Nutriente. Abarca las experiencias sensoriales y emocionales que contribuyen a construir apego y percibir la familia como un espacio seguro.
  • Socializadora. Esta permite el desarrollo de habilidades parentales adecuadas, logra que los padres contribuyan a forjar el concepto de identidad y, sobre todo, a facilitar experiencias relacionales que establezcan modelos de aprendizaje para vivir de forma respetuosa, en condiciones de adaptación y de armonía en y con la sociedad.
  • Educativa. Función capital de la familia, pues a mayor herramientas culturales de los padres, mayor será la influiencia sobre los hijos.

Con ello se persigue generar y coordinar respuestas afectivas, cognitivas, comunicacionales y comportamentales, flexibles y adaptativas a corto y largo plazo. Igualmente, trabajar en función del desarrollo de habilidades que permitan a los adultos afrontar de forma flexible la tarea vital de ser padres de familia o responsables de menores, en amorosa coordinación con sus necesidades evolutivas y educativas.

«La vida familiar se parece un poco a un “iceberg”. Solo se percibe una pequeña parte de la totalidad – la parte que todos pueden ver y oír- y frecuentemente la gente cree que esa fracción representa la totalidad. Hay quienes sospechan que puede existir más pero no saben que es y mucho menos como descubrirlo.»

Virgina Satir

Ciertamente, los progenitores tienen una gran responsabilidad cuando traen un niño al mundo. Nadie debería darse el lujo de tirar toda esta responsabilidad por la borda y después quejarse de la actitud de sus hijos.

La educación y preocupación por lo que les pasa y cómo viven las situaciones serán fundamentales para evitar que las carencias afectivas dificulten su vida. Es una responsabilidad vital.