¿Qué pasa en tu cuerpo cuando “te suenan las tripas”?

Estás en una reunión, en clase o en una cita, y de repente el estómago emite ese sonido inconfundible. No hay forma de disimularlo, y aunque todos lo hemos vivido, el momento siempre resulta incómodo. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, ese ruido no indica ningún problema; es simplemente el aparato digestivo haciendo su trabajo.
Estos sonidos, llamados borborigmos, son el resultado del movimiento de alimentos, líquidos y gases a través del intestino. Entender por qué ocurren hace que resulten mucho menos alarmantes.
Cuando tienes hambre: el “efecto eco”
Uno de los momentos en que los ruidos son más intensos y audibles es cuando el estómago está vacío. Cuando llevas horas sin comer, el sistema digestivo emite señales para estimular la ingesta. El cerebro activa contracciones musculares en el estómago y el intestino delgado que, al no tener contenido sólido que amortigüe el sonido, resuenan con más facilidad. Por eso los borborigmos de hambre tienden a ser más graves y prolongados que los que aparecen después de comer.
Un gesto práctico para evitar esta situación en momentos clave, como antes de una reunión importante o un examen, es no llegar con el estómago completamente vacío. Un pequeño tentempié antes es suficiente para reducir esas contracciones.
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Durante la digestión: el intestino en marcha
Que el vientre suene después de comer es completamente normal. El proceso digestivo implica movimientos musculares continuos que empujan el contenido a lo largo del tubo digestivo. Esos movimientos generan sonidos al mezclar el bolo alimentario con los jugos digestivos y al desplazar el gas que se forma como subproducto natural de la digestión. Lo habitual es que estos ruidos sean intermitentes y de baja intensidad.
Ciertos alimentos generan más gas
Algunos alimentos fermentan más que otros en el intestino y producen una mayor cantidad de gas, lo que intensifica los ruidos abdominales. Los más habituales son las legumbres, las coles, las cebollas, los lácteos en personas con intolerancia a la lactosa, las bebidas carbonatadas y algunos alimentos ricos en fibra soluble.
Comerlos en exceso o combinarlos en la misma comida puede amplificar el efecto. No hace falta eliminarlos, pero conviene tenerlos en cuenta si los ruidos resultan molestos en momentos concretos.
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Los nervios también influyen
El sistema digestivo tiene una conexión directa con el sistema nervioso. Cuando hay estrés o ansiedad, el cerebro envía señales que aceleran o alteran el movimiento intestinal. Por eso es habitual que la tripa suene más antes de una situación que genera tensión, como una presentación, una cita, un examen.
El intestino es muy sensible al estado emocional, y esa aceleración del tránsito digestivo produce ruidos que en condiciones normales no aparecerían. En estos casos, respirar con calma antes de entrar en la situación estresante puede ayudar a reducir la activación del sistema nervioso y, con ello, calmar parcialmente la actividad intestinal.
Los ruidos abdominales por sí solos casi nunca indican un problema. Son parte del funcionamiento habitual del cuerpo y aparecen en todos, independientemente de la salud digestiva.
Sin embargo, conviene hablar con un médico si los ruidos se acompañan de dolor abdominal intenso, diarrea persistente, pérdida de peso sin causa aparente, fiebre o un cambio notable en el tránsito intestinal que se prolongue en el tiempo.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







