¿Qué son los medicamentos antimicóticos y para qué sirven?

Los medicamentos antimicóticos ayudan a destruir o inhibir el crecimiento de los hongos que producen infecciones, debido a las sustancias que contienen. Sigue leyendo y conoce más acerca de sus usos.
¿Qué son los medicamentos antimicóticos y para qué sirven?

Última actualización: 25 mayo, 2023

Los medicamentos antimicóticos sirven para combatir los hongos o las infecciones más comunes causadas por estos, por lo cual representan la mejor solución contra tal tipo de patologías.

A pesar de que su uso se ha extendido en los últimos años, muchas personas desconocen la importancia de los mismos, así como su composición, cómo se clasifican y por cuánto tiempo se deben utilizar.

A continuación daremos respuesta a estas interrogantes, explicando en detalle para qué sirven los medicamentos antimicóticos, cómo es su funcionamiento y las presentaciones más comunes que existen en el mercado.

¿Qué son los medicamentos antimicóticos?

Los medicamentos antimicóticos son aquellos que ayudan a inhibir el crecimiento de hongos que producen infecciones, incluso a eliminarlos, debido a que en su composición contiene sustancias específicas para tales fines. También se conocen con el nombre de antifúngicos y son claves para el tratamiento de muchas afecciones comunes.

Es importante tener en cuenta que no todos los tipos de hongos son malos para el organismo. De hecho, la actividad de algunos de ellos puede resultarnos beneficiosa. Por eso, entre otras cosas, se debe ser precavido con el uso de los tratamientos antimicóticos, ya que pueden ser agresivos al afectar también a estos microorganismos útiles.

Medicamentos antimicóticos hoy en día

Diversas alternativas han mejorado las fórmulas de estos fármacos y, en la actualidad, muchos de sus efectos secundarios se han reducido. No obstante, su uso debe ser moderado y esporádico, ya que, aunque consiguen aliviar los síntomas, resultan contraproducentes si se utilizan en exceso.

Es cierto que algunos de estos compuestos se encuentran en productos de venta libre. Se pueden adquirir en diferentes fórmulas y presentaciones, en función del tipo de problema a tratar. Sin embargo, estos medicamentos solo se deben administrar bajo prescripción y supervisión médica.

¿Cómo funcionan los medicamentos antimicóticos?

Los antimicóticos son diversos
Son muy numerosas las infecciones micóticas en el ser humano, especialmente aquellas que afectan la parte más superficial de la piel.

Como se mencionó, el principal objetivo de los fármacos antimicóticos es destruir o detener las infecciones que se producen por la proliferación de hongos. Estos medicamentos tienen la función de reparar las áreas atacadas por tales microorganismos.

Sus componentes apoyan el proceso de regeneración celular del organismo y, de este modo, disminuyen los síntomas vinculados a la infección. En función del fármaco que se requiera, el proceso de acción puede ser distinto:

  • Por ejemplo, el clotrimazol es uno de los antimicóticos más utilizados. Este componente ataca de forma directa el foco de infección. Su uso hace que se formen unos pequeños poros en las células fúngicas.
  • Otro antimicótico destacado es la flucitosina. Este se utiliza para las infecciones más graves y sistémicas. Su objetivo es evitar que las células fúngicas continúen creciendo o multiplicándose.

¿Para qué sirven los fármacos antimicóticos?

La mayoría de los fármacos antimicóticos se aplican de forma tópica para aliviar infecciones de hongos en la piel. Sin embargo, también hay algunas variedades que se usan de forma oral o por vía intravenosa.

El objetivo de estos es combatir problemas más graves como pueden ser las infecciones sistémicas. A continuación repasaremos en detalle las principales presentaciones y las enfermedades que se suelen combatir con cada una de ellas.

Medicamentos antimicóticos de uso tópico

En su mayoría se utilizan para tratar las infecciones micóticas en la piel. Por ejemplo, la tiña de uña o el crecimiento de hongos del cuero cabelludo.

No obstante, también se pueden emplear para la candidiasis vaginal; es decir, la infección de la vagina causada por el hongo Candida albicans. Entre los fármacos antimicóticos tópicos se incluyen algunos como los siguientes:

Este tipo de antimicóticos no suelen causar muchos efectos secundarios. A pesar de esto, se deben suspender en caso de reacciones alérgicas, como enrojecimiento, comezón o irritación y es importante consultar con el médico.



Medicamentos antimicóticos de consumo oral

Se utilizan para tratar los casos más graves de infecciones de piel producidas por hongos. Algunos ejemplos de este tipo de medicamentos antimicóticos son el fluconazol, que se utiliza para tratar la candidiasis vaginal, y el ketoconazol, empleado para las infecciones de hongos en las uñas y la piel.

Sus posibles efectos secundarios son los siguientes:

  • Náuseas y vómitos.
  • Dolor abdominal leve.
  • Diarrea e indigestión.
  • Pérdida del apetito.
  • Daño hepático.
  • Cambios en la micción.

Por lo general, estos antimicóticos no se administran en mujeres en etapa de gestación o lactancia. No obstante, el médico es quien debe evaluar cada caso concreto y prescribir lo que crea conveniente.

Antimicóticos administrados por vía intravenosa

Son menos conocidos, pero se emplean en medicina para combatir las infecciones fúngicas invasivas. En algunos casos, se administran como medida preventiva en pacientes de alto riesgo. Por ejemplo, en los que han sido sometidos a un trasplante de médula ósea.

En este grupo de fármacos antimicóticos está la anfotericina B, que tiene un efecto tóxico en el cuerpo. Por lo tanto, solo se administra cuando los beneficios superan a los posibles riesgos. Sus efectos secundarios más destacados son los siguientes:

  • Fiebre, escalofríos y temblores.
  • Náuseas y vómitos.
  • Pérdida del apetito.
  • Dolores de cabeza.
  • Respiración agitada.
  • Daño renal, hepático o nervioso.

Interacciones de los antimicóticos

De acuerdo con las investigaciones sobre el tema, las interacciones más importantes de los antimicóticos y antifúngicos se pueden originar por su eliminación y debido a por dos causas principales: “modificaciones del pH urinario y alteraciones en la secreción tubular”.

También se señala que entre los medicamentos con los que pueden interactuar se encuentran los antiepilépticos, antidepresivos y anticoagulantes orales, así como digitálicos y aminoglucósidos.

Por lo tanto, el médico tratante debe considerar las medidas a tomar, con respecto a ajustar las dosis de los medicamentos, separar la administración de los mismos o recomendar otros en los que no se produzca tal interacción.



¿Productos naturales con virtudes antimicóticas?

Los antimicóticos presentes en el ajo
A pesar de no ser el tratamiento convencional, hay muchos productos naturales con actividad antifúngica que podrían ser de ayuda.

Es cierto que el uso prolongado y excesivo de antimicóticos no está recomendado. Debido a esto, algunas personas utilizan productos naturales. Por supuesto, los fármacos prescritos por el médico no deben ser sustituidos por ninguna alternativa sin previa consulta.

No obstante, hay productos naturales que tienen propiedades antimicóticas, que pueden ayudar a controlar y detener el crecimiento de ciertos hongos. En algunos casos, estas mismas sustancias son estudiadas y utilizadas para la obtención de nuevos fármacos:

  • Alicina y ajoeno, obtenidos del ajo. Al respecto, una investigación concluyó que este tiene una acción antimicrobiana contra Candida albicans, hongo responsable de muchas infecciones en el ser humano.
  • Timol y carvacrol, obtenidos del tomillo. A pesar de que tiene ciertas propiedades antimicóticas, un estudio publicado en 2008 comparó la efectividad del extracto de tomillo vs. la de algunos antifúngicos convencionales, siendo estos últimos más útiles para tratar las infecciones.
  • Eucaliptol, obtenido del eucalipto. La evidencia sugiere que el aceite esencial de eucalipto, del género camaldulensis, no solo es útil como antimicótico, sino que también es efectivo para eliminar bacterias grampositivas y negativas.
  • Aceite de semilla de neem. Los investigadores sugieren que este tiene una buena actividad contra el crecimiento de los dermatofitos, un conjunto de hongos que producen infecciones cutáneas con bastante frecuencia en el ser humano.

Evita la automedicación

A pesar de que pueda parecer que todos los antimicóticos sirven para lo mismo, esto no es así. Por eso es importante consultar con el médico ante cualquier indicio de infección por hongos. Este indicará la opción más adecuada, siempre teniendo en cuenta el contexto del paciente. Recuerda: ¡no te automediques!


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