¿Qué son los medicamentos antimicóticos y para qué sirven?

Daniela Echeverri Castro·
19 Mayo, 2020
Los medicamentos antimicóticos contienen sustancias que tienen la capacidad de inhibir y destruir los hongos que producen infecciones.

Hay muchas personas que desconocen la importancia de los fármacos antimicóticos. A pesar de esto, su uso se ha extendido en los últimos años. Representan la mejor solución contra algunas de las infecciones más comunes causadas por hongos.

¿Cómo se clasifican? ¿Para qué sirven y por cuánto tiempo se utilizan? Muchos aún no tienen respuesta a estos interrogantes. A continuación queremos compartir en detalle su funcionamiento y las presentaciones más comunes que existen en el mercado.

¿Qué son los antimicóticos?

Los medicamentos antimicóticos son aquellos cuya composición contiene sustancias específicas para inhibir el crecimiento de hongos que producen infecciones y eliminarlos. También se conocen con el nombre de antifúngicos y son claves para el tratamiento de muchas afecciones comunes.

Es importante tener en cuenta que no todos los tipos de hongos son malos para el organismo. De hecho, la actividad de algunos de ellos puede resultarnos beneficiosa. Por eso, entre otras cosas, los tratamientos antimicóticos pueden ser agresivos al afectar también a estos microorganismos útiles.

Antimicóticos hoy en día

Diversas alternativas han mejorado las fórmulas de estos fármacos y, en la actualidad, muchos de sus efectos secundarios se han reducido. No obstante, su uso debe ser moderado y esporádico, ya que aunque consiguen aliviar los síntomas, resultan contraproducentes si se utilizan en exceso.

Es cierto que algunos de estos compuestos se encuentran en productos de venta libre. Se pueden adquirir en diferentes fórmulas y presentaciones, en función del tipo de problema a tratar. No obstante, los medicamentos solo se deben administrar bajo prescripción y supervisión médica.

¿Cómo funcionan?

El principal objetivo de los fármacos antimicóticos es destruir o detener las infecciones que se producen por la proliferación de hongos. Estos medicamentos tienen la función de reparar las áreas atacadas por estos microorganismos.

Sus componentes apoyan el proceso de regeneración celular del organismo y, de este modo, disminuyen los síntomas vinculados a la infección. En función del fármaco que se requiera, el proceso de acción será distinto:

  • Por ejemplo, el clotrimazol es uno de los antimicóticos más utilizados. Este componente ataca de forma directa el foco de infección. Su uso hace que se formen unos pequeños poros en las células fúngicas.
  • Otro antimicótico destacado es la flucitosina. Este se utiliza para las infecciones más graves y sistémicas. Su objetivo es evitar que las células fúngicas continúen creciendo o multiplicándose.

¿Para qué sirven los fármacos antimicóticos?

La mayoría de los fármacos antimicóticos se utilizan para aliviar infecciones de hongos en la piel. Sin embargo, también hay algunas variedades que se usan de forma oral o por vía intravenosa. El objetivo de estos es combatir problemas más graves como pueden ser las infecciones sistémicas.

A continuación repasaremos en detalle las principales presentaciones y las enfermedades que se suelen combatir con cada una de ellas.

Antimicóticos tópicos

Se utilizan, en su mayoría, para tratar las infecciones micóticas en la piel. Por ejemplo, la tiña de uña, el pie de atleta o el crecimiento de hongos del cuero cabelludo.

No obstante, también se pueden emplear para la candidiasis vaginal; es decir, la infección de la vagina causada por el hongo Candida albicans.

Este tipo de fármacos antimicóticos tópicos incluyen algunos como los siguientes:

  • Clotrimazol.
  • Econazol.
  • Miconazol.
  • Terbinafina.
  • Bifonazol.

Este tipo de antimicóticos no suelen causar muchos efectos secundarios. A pesar de esto, se deben suspender en caso de reacciones alérgicas como enrojecimiento, comezón o irritación y consultar con el médico.

Para saber más: Estas son las causas, síntomas y tratamiento de la candidiasis vaginal

Antimicóticos orales

Se utilizan para tratar los casos más graves de infecciones de piel producidas por hongos. Algunos ejemplos de este tipo de antimicóticos son el fluconazol, que se utiliza para tratar la candidiasis vaginal, y el ketoconazol, empleado para las infecciones de hongos en las uñas y la piel.

Sus posibles efectos secundarios son los siguientes:

  • Náuseas y vómitos.
  • Dolor abdominal leve.
  • Diarrea e indigestión.
  • Pérdida del apetito.
  • Daño hepático.
  • Cambios en la micción.

Por lo general, estos antimicóticos no se administran en mujeres en etapa de gestación o lactancia. No obstante, el médico es quien debe evaluar cada caso concreto y prescribir lo que crea conveniente.

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Antimicóticos por vía intravenosa

Son menos conocidos, pero se emplean en medicina para combatir las infecciones fúngicas invasivas. En algunos casos, se administran como medida preventiva en pacientes de alto riesgo. Por ejemplo, en los que han sido sometidos a un trasplante de médula ósea.

En este grupo de fármacos antimicóticos está la anfotericina B, que tiene un efecto tóxico en el cuerpo. Por lo tanto, solo se administra cuando los beneficios superan a los posibles riesgos. Sus efectos secundarios más destacados son los siguientes:

  • Fiebre, escalofríos y temblores.
  • Náuseas y vómitos.
  • Pérdida del apetito.
  • Dolores de cabeza.
  • Respiración agitada.
  • Daño renal, hepático o nervioso.

¿Productos naturales con virtudes antimicóticas?

Es cierto que el uso prolongado y excesivo de antimicóticos no está recomendado. Por este motivo, algunas personas utilizan productos naturales. Sin embargo, los fármacos prescritos por el médico no deben ser sustituidos por ninguna alternativa sin previa consulta.

No obstante, hay productos naturales que tienen propiedades antimicóticas, como se afirma en este estudio publicado por la Sociedad Española de Quimioterapia, que pueden ayudar a controlar y detener el crecimiento de ciertos hongos. En algunos casos, estas mismas sustancias son estudiadas y utilizadas para la obtención de nuevos fármacos:

  • Alicina y ajoeno, obtenidos del ajo.
  • Timol y carvacrol, obtenidos del tomillo.
  • Eucaliptol, obtenido del eucalipto.
  • Aceite de semilla de neem.

Como hemos dicho, los médicos son quienes deben definir cuáles son los antimicóticos más indicados para cada infección y para cada paciente. Por ende, aunque haya opciones de venta libre, se debe evitar siempre la automedicación. 

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