Meralgia parestésica: síntomas, causas y recomendaciones

06 Marzo, 2021
Este artículo ha sido escrito y verificado por Biología Samuel Antonio Sánchez Amador
La meralgia parestésica es un tipo de neuropatía que se manifiesta con picor, ardor, punzamiento y malestar en la parte externa del muslo. El dolor suele empeorar tras caminar o hacer ejercicio.

La meralgia parestésica (MP) es una neuropatía por atrapamiento del nervio fémorocutáneo del muslo que cursa con dolor, hormigueo, entumecimiento y ardor en la parte externa de la zona afectada. Es más común en pacientes entre los 30 y los 40 años de edad y cuenta con una incidencia de 4,3 casos por cada 10 000 habitantes.

La ropa ajustada, la obesidad, el aumento de peso y el embarazo son causas frecuentes de la meralgia parestésica. De todas formas, esta enfermedad también puede deberse a patologías como la diabetes, las lesiones mecánicas e, incluso, los tumores renales. Si quieres saberlo todo sobre esta entidad clínica, continúa leyendo.

Síntomas principales

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El dolor en la parte externa del muslo es uno de los síntomas de la meralgia parestésica

La meralgia parestésica es una disfunción del nervio femorocutáneo que nace de las raíces L2 y L3. Tal y como indica el portal Neurowikia, este nervio sale por el margen lateral del músculo psoas, atraviesa el músculo ilíaco y el ligamento inguinal, y entra en el muslo por debajo de la fascia lata.

Se trata de una estructura nerviosa puramente sensitiva, así que su disfuncionalidad se manifiesta con sensaciones atípicas en la parte superior del muslo. La Clínica de Cleveland y otros portales muestran los síntomas más comunes. Entre ellos, encontramos los siguientes:

  • Dolor en la parte externa del muslo que puede extenderse hacia abajo hasta algunas estructuras de la rodilla.
  • Quemazón, ardor, picor, sensación punzante y malestar localizado en el muslo.
  • Sintomatología en solo uno de los 2 planos corporales.
  • Empeoramiento del dolor cuando el muslo es tocado con delicadeza.
  • Empeoramiento del paciente después de pasar periodos de pie o tras caminar.
  • Ocasionalmente, dolor en la ingle que puede extenderse hasta las nalgas.

Tal y como indica el portal Rehabilitación Premium Madrid, la principal zona de conflicto mecánico se encuentra en su relación con el ligamento inguinal. Tampoco hay que desdeñar la relación del nervio femorocutáneo con los músculos psoas, sartorio y la fascia lata, ya que la sintomatología puede extenderse a estructuras asociadas.

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Causas de la meralgia parestésica

La meralgia parestésica sucede cuando se comprime o pinza el nervio femorocutáneo. En muchos casos no se conoce la causa desencadenante exacta.

En casi todos los pacientes la enfermedad viene precedida de un aumento repetido de la presión en la ingle. Estudios exploran los agentes etiológicos de esta rara patología. Te los contamos de forma somera en las siguientes líneas.

1. Idiopática

No se conoce la causa exacta de la enfermedad. Aun así, suele vincularse a factores como la obesidad (un índice de masa corporal igual o superior a 30), el embarazo, llevar ropa demasiado ajustada, los traumas directos, los espasmos musculares, la escoliosis, los hematomas y los trastornos metabólicos, como la diabetes mellitus y los fallos por alcoholismo crónico.

2. Iatrogénica

La meralgia parestésica también es una complicación secundaria que se puede presentar tras una cirugía de recambio articular o en la columna vertebral.

En algunos grupos muestrales, se ha detectado que la incidencia de esta patología es del 12 % en pacientes recién salidos de quirófano por alguno de los procedimientos citados.

3. Cáncer

Estudios muestran que el nervio femorocutáneo puede pinzarse a nivel intraabdominal. La causa de esta compresión se encuentra en hematomas, pseudoaneurismas y tumores óseos o de las partes blandas. Por ejemplo, un cáncer maligno en el riñón puede provocar el pinzamiento nervioso a nivel abdominal.

Factores de riesgo

Fuentes ya citadas muestran que existen algunos factores de riesgo para presentar una meralgia parestésica. Entre ellos, encontramos los siguientes:

  1. Sobrepeso: tener sobrepeso u obesidad favorece el pinzamiento del nervio femorocutáneo. Además de ello, la obesidad favorece la aparición de cardiopatías isquémicas, envejecimiento celular, hipertensión y varios tipos de cáncer.
  2. Embarazo: el vientre crece durante la gestación. Con la deformación natural de la cavidad uterina, se corre el riesgo de que se produzca un pinzamiento en las estructuras nerviosas de la ingle.
  3. Diabetes: un nivel demasiado alto de glucosa en sangre puede provocar lesiones en los nervios corporales. Al no responder correctamente a ella o no producir suficiente insulina, el paciente acumula azúcares en el torrente sanguíneo.
  4. Edad: las personas que tienen entre 30 y 40 años son las que más probabilidades de una meralgia parestésica presentan.

De todas formas, ninguno de estos factores de riesgo aseguran la aparición de la patología. Recordamos que su incidencia es de 4,3 por cada 10 000 pacientes; es decir, un 0,43 % de la población general. De todas formas, esta cifra aumenta bastante entre los pacientes con diabetes, llegando a un total de 247 casos por cada 10 000 diabéticos, según diversas investigaciones.

Diagnóstico de la meralgia parestésica

¿Qué se hace para diagnosticar y tratar la infección?
El diagnóstico de la meralgia parestésica se realiza mediante un examen físico general y la realización de diferentes pruebas.

La Revista Sanitaria de Investigación (RSI) indica que para diagnosticar esta enfermedad es necesario descartar otros procesos relacionados con la cadera y la columna lumbar. Para ello, se realizan una serie de procedimientos asistidos en la clínica. Estos son algunos de ellos:

  • Compresión pélvica: el paciente se coloca en decúbito lateral sobre el lado sano y se le aplica una fuerza de presión en la pelvis durante 45 segundos. Si disminuyen los síntomas, la prueba se considera positiva.
  • Estudio neurodinámico: una forma de aplicar tensión mecánica en el nervio femorocutáneo. Si tras la posición adoptada el paciente siente dolor, la prueba es positiva.
  • Signo de Tinel: intenta reproducir la sintomatología mediante la percusión del nervio femorocutáneo. Para ello, se da un pequeño golpe sobre el trayecto del nervio supuestamente afectado. Si aparecen parestesias y calambres sobre la zona, el diagnóstico se considera positivo.
  • Estudios neurofisiológicos, prueba del bloqueo nervioso y utilización de técnicas de imagen, entre otros.

Después de todos estos procedimientos, se llega a un diagnóstico tras una recogida de datos y un examen físico general del paciente. Es importante indagar acerca de los síntomas asociados, pues, como hemos dicho anteriormente, existen algunas patologías graves que desencadenan una meralgia parestésica.

Tratamientos disponibles

Tal y como indican fuentes ya citadas, el 85 % de las meralgias parestésicas se afrontan de un modo conservador. La MP iatrogénica (tras una cirugía) suele mejorar en 3 meses después del procedimiento y la provocada por el embarazo desaparece con el parto, así que a veces la enfermedad se soluciona por sí sola.

El tratamiento conservador (en caso de que la meralgia no sea autorresolutiva) se basa en recetar antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), proteger la zona afectada, evitar factores de compresión innecesarios (como ropa ceñida) y terapia física, por ejemplo, basada en el uso de hielo de forma habitual para reducir la inflamación.

Si usar ropa más suelta, consumir analgésicos o adelgazar (en caso de obesidad) no funciona, toca acudir a las inyecciones de corticosteroides, los antidepresivos tricíclicos y los fármacos como la gabapentina. Estas medicinas especializadas tratan de gestionar la sensación de dolor en el paciente, pero no funcionan en todos los casos y cada persona responde diferente a ellas.

Por último, es necesario destacar que la cirugía solo se concibe cuando el motivo subyacente de la enfermedad lo requiere. Si existe una masa cancerígena en el abdomen que provoca pinzamientos nerviosos, su extracción y la aplicación de quimioterapia/radioterapia es el camino que se debe seguir.

Prevención de la meralgia parestésica

No existe una forma directa y 100 % eficaz para prevenir una meralgia parestésica. A veces, esta aparece sin una causa subyacente clara, así que la única solución posible es ponerse en manos de un profesional médico que realice el diagnóstico adecuado. De todas formas, portales ya citados basan la prevención en 3 bases principales:

  1. Llevar un estilo de vida saludable y perder peso en caso de obesidad.
  2. Utilizar prendas de ropa anchas o, por lo menos, no extremadamente ceñidas.
  3. Evitar el uso de cinturones demasiado pesados que comprometan la zona pélvica. Estos son comunes en diversas profesiones (militares, policías y obreros, por ejemplo), pero se debe intentar utilizar otras prendas menos exigentes a nivel fisiológico.

De todas formas, no es necesario preocuparse de forma excesiva por una meralgia parestésica. Tal y como indica la Revista Chilena de Anestesia, esta patología es benigna y el pronóstico es muy positivo en la mayoría de los casos, siempre y cuando determine el tratamiento adecuado.

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La meralgia parestésica, enfermedad rara y benigna

La meralgia parestésica es una neuropatía relativamente rara con una incidencia muy baja en la población general. Si bien no es común, las personas diabéticas o las que acaban de pasar por una operación quirúrgica presentan ciertas probabilidades de desarrollarla. Por suerte, con el tratamiento adecuado casi siempre remite.

Si tienes síntomas de meralgia parestésica y estos persisten a lo largo del tiempo o se hacen más intensos, no dudes en acudir a un médico. En la mayoría de las ocasiones, la patología tiene una solución más sencilla de lo que pueda parecer.

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