Pensamiento positivo: cómo utilizarlo para el beneficio diario

Para ser felices debemos aprender a apreciarnos, plantearnos nuestras metas y procurar conseguirlas. Debemos afrontar los problemas, ya que dejarlos de lado solo hará que se acumulen.
Pensamiento positivo: cómo utilizarlo para el beneficio diario

Escrito por Gema

Última actualización: 13 junio, 2022

En general, es posible aplicar el pensamiento positivo en nuestra vida diaria, para beneficio propio. Esto es lo que nos dicen en muchas ocasiones. Pero, ¿se puede ser siempre tan optimista, en todas las circunstancias?

Ciertamente, no podemos evitar los acontecimientos negativos o traumáticos o las emociones que experimentamos al respecto. Sin embargo, el pensamiento positivo intenta hacernos entender que siempre se puede salir adelante e, incluso, aprender de las experiencias difíciles.

Como bien decía Viktor Frankl, un psiquiatra superviviente de campos de concentración en la II Guerra Mundial: “si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento“.

El poder del pensamiento

Solemos subestimar el poder que tiene nuestra mente. Sin embargo, los pensamientos que predominen en ella harán que afrontemos nuestros días con energía o, por el contrario, con apatía.

Tal vez para las personas que se dicen realistas, esto no parezca muy convincente. Pero, no se trata de arte de magia, ni de hacer como el genio de la lámpara, que con una palabra o un chasquido de dedos convierte en realidad los deseos.

El asunto es, para empezar, que no hay nada en la realidad que no haya sido antes idea. Dicho de otro modo, cualquier invención que vemos a nuestro alrededor, antes fue un pensamiento en la mente de una persona, que tuvo una visión, una inspiración.

Asimismo, cuando emprendemos una tarea, es porque tenemos la convicción de que la vamos a llevar a buen término. Si no fuera así, no la iniciaríamos siquiera. ¿No es, acaso, el pensamiento el que nos guía?

Claro, siempre y cuando este sea un pensamiento positivo, nos puede llevar al lugar que queremos ir. Porque si es negativo, quién sabe a dónde iremos a parar. Con toda seguridad a otro escenario que no es el que deseamos.

Mujer sin un pensamiento positivo

El bucle de los pensamientos negativos

Ahora, ¿por qué nos sumergimos en un bucle de pensamientos negativos? Porque muchas veces es lo más fácil. Si analizamos la cantidad de veces que nos quejamos en tan solo un día, nos sorprenderíamos.

Ver la televisión o las redes sociales, con las noticias sobre lo que ocurre en el mundo, repletas de desastres, nos mantiene informados; pero esto también nos inocula negatividad, tal como si fuera un virus.

Lo mismo sucede cuando estamos en una fila y escuchamos las quejas de otras personas. Entonces comenzamos a quejarnos nosotros. Lo malo se contagia. Aunque lo bueno también.

Por otro lado, ¿cuántas veces nos hemos levantado pensando en que vamos a tener un día horroroso y pesado, o que tenemos que enfrentarnos a una situación complicada y no seremos capaz de dar la talla? ¿Cuántas mañanas nos hemos preocupado por el futuro?

Seguro que hemos experimentado todo esto en alguna ocasión y las consecuencias son palpables. Nos sentimos malhumorados, con ganas de quedarnos en casa y sin desear ver a nadie. Sin embargo, debemos cumplir con nuestras obligaciones.

Esto podría llevarnos a estar tensos, irritables y a dar malas contestaciones a quienes tenemos a nuestro alrededor. Y pensamiento negativo trae mala actitud y malas palabras, que impactan sobre los demás. Luego, esto repercute en nosotros.

Lo curioso es que después nos quejamos de la mala suerte, sin darnos cuenta de que lo hemos desencadenado nosotros. Y es que a menudo los pensamientos negativos rondan por nuestra mente y no somos capaces de liberarlos. Al contrario, no dejamos de alimentarlos, y luego terminan por devorarnos ellos a nosotros.

La otra opción: el pensamiento positivo

Hombre pensando en positivo

Aunque no hay una definición precisa, se puede decir, en líneas generales, que el pensamiento positivo constituye un conjunto de actitudes e ideas. Llevadas a la práctica, estas nos permiten ver lo que sucede en nuestra vida y en nuestro entorno de una manera distinta, en la cual entresacamos lo que nos resulta de utilidad. Ver el vaso medio lleno, como dice el proverbio.

Por supuesto, el pensamiento positivo no significa ponerse unas gafas y pretender que todo tiene color de rosa. Esto no es real. Sin embargo, sí es muy importante que tomemos conciencia de que debemos preocuparnos por tener en nuestra mente más ideas de provecho que quejas o miedos.

Dicen que la peor tormenta es la que se forma en la cabeza, haciendo que nos ahoguemos en un vaso de agua. Y ni siquiera se trata de un problema real, sino imaginado o presentido. Es decir, a veces creemos tener una situación, pero en realidad es algo que no ha ocurrido y no siempre ocurre.

Así que, si detectamos un pensamiento negativo y lo transformamos en uno positivo, esta es una excelente manera no solo para limpiar nuestra mente, sino que puede allanar nuestro camino, ayudándonos a ver con más claridad.

Adicionalmente, esto nos permitirá sentirnos bien, seguros, motivados y repletos de energía. No es algo sencillo de conseguir, pero ser conscientes de que estamos teniendo pensamientos negativos y tratar de reenfocarnos, ya es un primer paso muy importante.

Ejercicios para tener un pensamiento positivo

Ya hemos mencionado un ejercicio que podemos hacer para empezar a introducir el pensamiento positivo en nuestra vida: transformar la idea negativa en algo productivo.

Sin embargo, existen algunos más, incluso prácticas que pueden ser realmente gratificantes, como el mindfulness, tal como indica una investigación publicada en 2017 en la revista Papeles del Psicólogo.

Meditar

La meditación nos permite conectarnos con el presente y, lo más importante, observar nuestros pensamientos. De esta manera, podemos ser conscientes de ellos y dejar que fluyan sin retenerlos en nuestra mente.

Este es uno de los mayores beneficios que tiene la meditación: nos hace consciente del aquí y el ahora, ayudándonos a relativizar los problemas, permitiéndonos soltar el pasado así como dejar de preocuparnos por el futuro.

Si convertimos la meditación en un hábito, poco a poco nos iremos sintiendo mejor y los pensamientos positivos tendrán un mayor espacio en nuestra mente y en nuestra vida. Los negativos no desaparecerán, pero no nos aferraremos tanto a ellos.

El diario emocional

Mujer escribiendo en su diario emocional

Aunque la opción de cambiar los pensamientos negativos puede funcionar, incluso el hecho de decir “¡basta!” cada vez que uno de estos pensamientos nos esté atormentando, es una muy buena idea que tengamos un diario emocional.

La razón está en que podremos volver sobre ese diario y ver, realmente, qué tipo de emociones sentimos, cuánta negatividad hay y si está justificada. En la mayoría de las ocasiones, nos daremos cuenta de que somos demasiado pesimistas y esto nos instará a cambiar.

Tablero de metas y logros

En nuestro espacio de trabajo o en el comedor de la casa podemos tener un pequeño tablero o pizarra. Escribiremos algo que deseamos lograr, que queremos hacer o que deseamos ser.

Hay que tratar de fijarnos una meta realista, que esté a nuestro alcance. Ejemplo de objetivos concretos pueden ser: arreglar el jardín, lograr correr diez kilómetros, rebajar cinco kilos, bailar tango, escribir un libro, aprender a preparar lasaña.

Anotamos por un lado todo lo que necesitamos para alcanzar la meta y también vamos añadiendo, cada tanto, lo que hemos logrado en procura de nuestra meta: hoy corrí cinco kilómetros, compré un hermoso jazmín, terminé el primer capítulo.

También podemos añadir frases motivadoras, dirigidas a nosotros mismos; tales como: tú puedes, lo vas a lograr, vas por buen camino.

Un pequeño regalo cada día

Muchas veces nos olvidamos de las pequeñas cosas que hay a nuestro alrededor y que nos hacen felices. Tendemos a buscar una felicidad idealizada cuando, en realidad, esta radica en el equilibrio, en el cuidarnos y en disfrutar cada instante, con nuestros cinco sentidos.

En este orden de ideas, un ejercicio que podemos hacer todos los días, para fomentar el pensamiento positivo, es regalarnos algo que nos guste. Pero no se trata de comprarnos un vestido o una joya, sino de cosas más simples.

Por ejemplo, nos gusta el té o la música. Entonces, preparamos una taza de té, ponemos nuestra melodía favorita y dedicamos esos minutos solo a degustar y escuchar, disfrutando y diciéndonos que nos estamos dando un regalo, nos estamos haciendo un poco de cariño, porque nos lo merecemos.

Este ejercicio nos hará apreciar que alrededor también hay cosas buenas. Y  durante un rato alejaremos de nuestra mente los pensamientos que no nos hacen bien.

Ejercitar la gratitud

Cada mañana, al levantarnos, dedicamos un minuto a dar gracias por algo bueno que tenemos en nuestra vida. De preferencia por algo concreto, como la casa en la que vivimos.

Asimismo, en la noche, daremos gracias por algo bueno que nos sucedió durante el día. Por supuesto, para ejercitar la gratitud tenemos que buscar en nuestra vida aquello que sea bueno. Y ello redundará en el mantenimiento de una actitud y un pensamiento positivo.

Un balance en nuestra vida

¿Alguna vez nos detenemos a analizar si tenemos más pensamientos positivos que negativos en la mente? De no ser satisfactorio el balance, debemos empezar a reenfocarnos.

En cualquier caso, debemos recordar que lo mejor que podemos hacer, si nos sentimos deprimidos, es acudir a un psicólogo o psiquiatra, que podrán ofrecernos orientación así como una atención personalizada.

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