Personas que no se quieren pero siguen juntas

Si seguimos con nuestra pareja pero no existe amor, debemos plantearnos qué hacer al respecto. Te contamos cuales pueden ser las causas y cómo enfocarlas en el siguiente artículo.
Personas que no se quieren pero siguen juntas
Maricela Jiménez López

Revisado y aprobado por la médico Maricela Jiménez López el 10 junio, 2020.

Escrito por Raquel Lemos Rodríguez, 15 enero, 2018

Última actualización: 10 junio, 2020

Existen muchas personas que no se quieren, pero siguen juntas. Parejas que viven sumidas en una constante infelicidad y que se limitan a la hora de vivir la vida que en realidad les gustaría. Ahora bien, ¿por qué lo hacen? ¿qué hay detrás de esa obligada convivencia a pesar del malestar?

Lo cierto es que existen infinidad de causas, algunas más complejas que otras. Por ello, es importante reflexionar sobre los motivos que llevan a ello y sobre qué hacer ante este tipo de situaciones. Profundicemos.

¿Por qué hay personas que no se quieren, pero siguen juntas?

Mujer aburrida de su relación

El motivo puede residir en la baja autoestima

Muchas parejas no se quieren pero siguen juntas porque tienen muy baja autoestima. Esto puede verse, claramente, en los casos en los que existe dependencia emocional.

Cuando tenemos baja autoestima creemos que no podemos ser felices si nadie nos quiere, por eso depositamos esta responsabilidad en manos de la pareja y nos conformamos con relaciones que no nos llenan ni nos hacen felices.

Asimismo, en nuestra mente hay muchas creencias que aumentan estos sentimientos. Pensar que se nos va a pasar el arroz, que no tener pareja es un fracaso o que hay un tiempo límite para encontrar el amor favorece este tipo de relaciones.

Por lo tanto, si tenemos todos estos miedos es natural que cuando tengamos una pareja no queramos perderla. Además, pensaremos que no podremos encontrar a nadie igual o que nadie se volverá a fijar en nosotros.

Las creencias nos limitan. No hay edad para el amor y tampoco pasa nada si estamos solteros. Cuestionar todo esto nos permitirá gozar de una mayor libertad.

No se quieren, pero siguen juntas por costumbre

A veces, las parejas que no se quieren, pero siguen juntas lo hacen por costumbre. Esto ocurre porque la relación tiene muchos años, por ejemplo comenzaron desde muy jóvenes y se han acostumbrado a la vida que han tenido: comparten amigos y tienen una serie de rutinas de las que no les gustaría deshacerse, ya que lo perciben como un problema.

No obstante, en ocasiones hay motivos que subyacen a esta costumbre. Muchas veces, estas parejas siguen juntas porque uno de los miembros depende económicamente del otro. Un ejemplo son las relaciones en las que uno se dedica a las labores del hogar y el otro trabaja.

También hay que tener en cuenta las circunstancias, las posibilidades de pagar a un abogado y todo lo que conlleva un proceso de divorcio (separación de bienes, custodias…). Muchas personas no pueden permitírselo económicamente, por eso deciden seguir juntas a pesar de no quererse.

Un miembro de la pareja teme al otro

Esto ocurre en las relaciones de maltrato. Uno de los dos tiene sumido al otro en el miedo y la víctima puede temer las consecuencias que acarree una separación.

Si hay hijos de por medio, la situación puede agravarse, ya que la sola idea de perder la custodia o que los niños se queden con un progenitor peligroso evitaría el fin de la relación como tal.

Es importante tener en cuenta esta clase de relaciones. Si sufrimos violencia de género o violencia doméstica, pero nos da miedo que nuestra pareja tome represalias si la dejamos, hay que buscar ayuda y denunciar. Es peligroso callar y no hacer nada, tanto para nosotros como para nuestros hijos.

Mujer maltratado con miedo a su agresor

¿Esto nos compensa?

En vez de hacernos la pregunta de si vale la pena este tipo de relaciones, debemos preguntarnos si nos compensa. ¿Es justificable seguir juntos por nuestros hijos? ¿Merece la pena fingir que todo va bien por la pereza de divorciarnos?

Estas son solo algunas circunstancias en las que las personas no se quieren, pero siguen juntas. No obstante, hay que tener en cuenta que, si hay gente que lo hace, es porque debe haber algún tipo de compensación por otra parte.

Cuando alguien no es feliz con su pareja no existe otra salida que la separación. Sin embargo, si obtiene algo a cambio, ya sea comodidad, no romperse la cabeza con papeleos u otros motivos varios, puede que le compense mantener la situación tal y como está.

Cada persona y cada pareja son un mundo. No obstante, es importante tener muy en cuenta que puede que estemos sacrificando nuestra felicidad y nuestro bienestar.

Una relación ficticia siempre acaba cayendo por su propio peso. Aunque la última decisión sea nuestra, es importante reflexionar al respecto y plantearse otras alternativas más sanas.

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