Quiste de Bartolino: síntomas, causas y cómo tratarlo

El quiste de Bartolino afecta a mujeres en edad reproductiva y aparece cuando existe una obstrucción del conducto de la glándula. Te lo explicamos.
Quiste de Bartolino: síntomas, causas y cómo tratarlo
Maryel Alvarado Nieto

Escrito y verificado por la médica Maryel Alvarado Nieto.

Última actualización: 21 octubre, 2022

Las glándulas vestibulares mayores o de Bartolino son unas de las estructuras encargadas de proveer lubricación a la vagina. Se encuentran ubicadas a cada lado del introito vaginal y poseen el tamaño aproximado de un guisante. Constan de una porción glandular que es la que secreta el moco y de un conducto, el cual permite verter el contenido hacia el vestíbulo de la vagina. Cuando se produce la obstrucción de dicho conducto, aparece el quiste de Bartolino.

Esta patología quística está considerada la más frecuente de la zona vulvar y afecta a mujeres en edad reproductiva, tendiendo a aparecer entre los 20 y los 30 años. Se estima que cerca del 2 % de las mujeres desarrollará al menos un quiste de Bartolino o un absceso de la glándula a lo largo de su vida.

El antecedente de partos parece tener un efecto protector frente a la patología de la glándula.

¿Por qué se produce el quiste de Bartolino?

La formación del quiste de Bartolino resulta de la obstrucción de la porción más distal del conducto glandular. Esto condiciona a que la secreción que se produce de forma normal no pueda drenar.

Por tal razón, el moco se acumula tanto en la glándula, como en las zonas más proximales de este ducto. Esta retención conlleva a la dilatación del conducto, el cual adoptará una forma redonda u ovoide.

Las condiciones por las que puede obstruirse la glándula son diversas:

  • Infecciones del tracto urogenital.
  • Cambios en las características de la secreción.
  • Estrechez congénita del conducto.
  • Traumatismos en la zona: dentro de estos se contemplan los procedimientos quirúrgicos, incluida la episiotomía.


¿Existe relación con las infecciones de transmisión sexual (ITS)?

Aunque las infecciones son consideradas posibles causas del quiste de Bartolino, las ITS no parecen tener una asociación directa con este. De hecho, la sola infección genital no es la causante de la obstrucción, sino que resulta del proceso inflamatorio que se produce como respuesta. El quiste de Bartolino es una secuela del cuadro infeccioso y no una extensión.

En la mayoría de los casos, el contenido del quiste es estéril.

Asimismo, se creía que al ser más habitual en mujeres en edad reproductiva, los agentes causales de las ITS podían desempeñar un papel decisivo en la formación de la masa quística. Sin embargo, estudios más recientes descartan esta asociación y explican que la mayor incidencia en este grupo de mujeres responde a la función de la glándula, que tiende a involucionar con la edad.

En la actualidad no se aconseja el estudio bacteriológico para confirmar la presencia de una ITS, como podrían ser Chlamydia trachomatis o Trichomonas vaginalis. No obstante, en los abscesos de la glándula, sí se considera prudencial detectar Neisseria gonorrhoeae como posible agente involucrado.

Bacterias en la orina causan quiste de Bartolino.
Las infecciones urinarias sí están relacionadas con el quiste de Bartolino, pero no existe la misma asociación con las ITS.

Síntomas del quiste de Bartolino

La lesión quística tiende ser de pequeño tamaño y, por ello, suele pasar desapercibida, sin generar síntomas. No obstante, en los quistes de Bartolino de mayor tamaño aparecerá una masa palpable de un lado del vestíbulo, cerca del introito vaginal.

La consistencia de este aumento de volumen dependerá del proceso inflamatorio asociado. En caso de una infección concomitante, es frecuente hallar enrojecimiento y calor en el área afectada.

Algunas pacientes refieren dolor de diversa intensidad que aparece, en especial, durante las relaciones sexuales. Sin embargo, las algias pueden ser constantes, dificultando la deambulación o la adopción de una posición sentada, lo que repercute en la calidad de vida.

De igual forma, la palpación de la masa desencadena dolor.


¿Cómo se detecta?

El diagnóstico del quiste de Bartolino es clínico y se logra evaluando las características y la localización del aumento de volumen. Cuando además de la masa hay presencia de leucorrea, algunos autores aconsejan el estudio bacteriológico para detectar una ITS.

Por otra parte, existen otras entidades clínicas que pueden cursar con síntomas similares, por lo que deben ser consideradas como posibles diagnósticos diferenciales:

  • Lipoma.
  • Hidroadenoma.
  • Quiste de Skene.
  • Quiste del canal de Nuck.
  • Quiste mucoso del vestíbulo.
  • Quiste epidermoide de inclusión.
  • Adenocarcinoma de la glándula de Bartolino.

Diagnóstico en mujeres posmenopáusicas

Una población especial a considerar es la constituida por las mujeres que ya dejaron de menstruar. La glándula de Bartolino involuciona con la edad, por lo que la formación de la patología quística suele decaer luego de los 30 años.

Por ello, aunque la incidencia de cáncer en la glándula es baja, se recomienda la extirpación quirúrgica cuando se evidencie una masa con estas características en mujeres posmenopáusicas. La finalidad es enviar el tejido a anatomía patológica.

Cirugía para quiste de Bartolino.
En la menopausia se prefiere extirpar la glándula si tiene aumento de tamaño, más allá del diagnóstico.

¿Cómo se trata el quiste de Bartolino?

Ya que en la mayoría de los casos suele ser una patología asintomática, no se aconseja instaurar un tratamiento de ningún tipo. Sin embargo, cuando produce sintomatología, existen dos vertientes de manejo: la médica y la quirúrgica.

El tratamiento expectante se recomienda en aquellas pacientes en quienes se diagnostica el quiste de Bartolino por primera vez, mientras que en casos recurrentes, el manejo quirúrgico es la opción a considerar.

Entre las acciones conservadoras se describen las siguientes:

  • Indicación de antibióticos, solo en presencia de signos de infección.
  • Uso de fármacos antiinflamatorios y analgésicos.
  • Aplicación de compresas calientes.
  • Baños de asiento.

Drenaje quirúrgico

En cuanto a la opción quirúrgica, están descritas varias alternativas. La punción y la aspiración con aguja se consideran poco efectivas, puesto que tienen un alto riesgo de recurrencia.

Las dos técnicas con más seguridad son el drenaje con catéter de Word y la marsupialización. Aunque son las más recomendadas, también incurren en riesgo de recidiva. Además, conllevan la generación de tejido cicatrizal.

El drenaje con catéter de Word consiste en la colocación de una sonda a través de una pequeña incisión que se realiza sobre el quiste de Bartolino, la cual se asegura con un balón inflable. La función del catéter es servir de conducto artificial para permitir el drenaje de la glándula.

La gran ventaja de este método es que permite la formación de un nuevo túbulo que sigue el trayecto de la sonda. La desventaja es que el catéter de Word debe mantenerse en el sitio por algunas semanas.

Por otro lado, con la marsupialización se realiza una incisión más grande, revirtiendo las paredes del quiste hacia el vestíbulo. La finalidad es permitir el drenaje de la glándula, pero conlleva un mayor riesgo de infección. Además, puede provocar hematomas y causar dispareunia.

La última opción quirúrgica es la excisión de la glándula. Aunque es inusual, resulta bastante efectiva. Sin embargo, solo debe considerarse en casos extremos y en mujeres mayores de 40 años.

¿Cuáles son las complicaciones?

El principal riesgo del quiste de Bartolino es la recurrencia.

Por ello, el tratamiento debe ser evaluado con precaución y los casos con resolución quirúrgica deben ser manejados por un especialista. Del mismo modo, hay que tomar en cuenta las intervenciones previas, ya que que podrían comprometer los resultados.

Otra complicación descrita es el absceso de Bartolino, en el que la glándula se infecta por microorganismos que pertenecen a la flora de la región perineal. Esto cambia el abordaje y constituye una patología distinta.

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Los contenidos de esta publicación se redactan solo con fines informativos. En ningún momento pueden servir para facilitar o sustituir diagnósticos, tratamientos o recomendaciones de un profesional. Consulta con tu especialista de confianza ante cualquier duda y busca su aprobación antes de iniciar cualquier procedimiento.