¿Te duelen las rodillas con el frío? Así puede ayudarte el calor local

Cuando las temperaturas disminuyen, muchas personas comienzan a sentir sus articulaciones diferentes, principalmente las rodillas. Como si estuvieran rígidas u oxidadas. Más ten en cuenta que esto tiene una explicación científica.
La articulación de la rodilla posee un lubricante natural llamado líquido sinovial. Pero este, ante las bajas temperaturas, cambia su textura a una más viscosa, causando esa sensación de resistencia al movimiento. De igual manera, los vasos sanguíneos de las piernas se estrechan con el frío y los tendones se sienten más rígidos. Puedes contribuir a mejorar esta sensación de molestia leve con la ayuda del calor local.
¿Cómo usar el calor suave para aliviar la rigidez en las rodillas?
Tienes dos formas sencillas para aplicarte el calor local en la rodilla. La primera de ellas es por medio de un baño tibio, a modo de hidroterapia. Toma una ducha con agua tibia, dejando que el calor del agua envuelva de forma constante la articulación, por 10 a 20 minutos. Este método es muy útil en las mañanas, para despertar las articulaciones de forma suave luego de la actividad nocturna.
La segunda alternativa es valerte de las almohadillas térmicas o saquitos rellenos de semillas calientes. Tan solo colócalos sobre la rodilla, siempre con un paño de tela fina entre la piel y la fuente de calor, durante 20 minutos. Las almohadillas y los saquitos generan un calor seco y localizado, permitiéndote centrar el efecto en un punto específico, como por ejemplo los laterales de las rodillas. Con su ayuda relajarás los músculos y mejorarás la sensación de movilidad.
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Cuidados posteriores al calor local
Ten en cuenta que la sensación de alivio que experimentaste puede irse rápidamente si permites que las rodillas se enfríen de forma brusca. Por ello, sécate muy bien al terminar tu ducha, ya que la humedad residual en la piel roba parte del calor al evaporarse.
Una vez seca o al terminar de aplicarte la almohadilla térmica, debes abrigar la zona, bien sea con pantalones térmicos o medias largas. Así prolongarás el calor y confort por un mayor tiempo. De igual manera, evita quedarte inmóvil tras aplicar el calor y haz movimientos conscientes, flexionando y extendiendo la rodilla con suavidad. Esto ayuda a que el líquido sinovial recupere su fluidez natural.
¿Cuándo evitar el calor?
Aunque el calor local contribuye a reducir esa sensación de oxidación causada por el frío, hay casos en los que lo mejor es evitarlo. Si presentas hinchazón en la rodilla, enrojecimiento, tienes una herida, te diste un golpe reciente en el área, experimentas pérdida de la sensibilidad o posees un dolor fuerte, no lo apliques y consulta a tu médico.
De igual manera, recuerda que el calor local no hace milagros. Si lo aplicas con moderación, a una temperatura media y con sentido común, sirve como un gran aliado para combatir la rigidez cotidiana por el frío. Mas no funciona como tratamiento de lesiones, artritis o dolores persistentes. En esos casos debes seguir las recomendaciones dadas por tu médico de cabecera.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







