Síndrome del corazón de atleta: ¿qué es y por qué ocurre?

El síndrome del corazón de atleta no es como tal una enfermedad. Se trata de una condición adaptativa al esfuerzo que se realiza durante la actividad física. ¿Quieres saber más al respecto? ¡Sigue leyendo!
Síndrome del corazón de atleta: ¿qué es y por qué ocurre?
Samuel Antonio Sánchez Amador

Escrito y verificado por el biólogo Samuel Antonio Sánchez Amador el 10 Mayo, 2021.

Última actualización: 10 Mayo, 2021

El acondicionamiento regular a la actividad física conlleva una serie de cambios anatómicos y fisiológicos en el corazón. Estas adaptaciones pueden concebirse a nivel clínico como eventos anormales, pero nada más lejos de la realidad; aquello que se conoce de forma coloquial como «síndrome del corazón de atleta» hace referencia a los efectos del ejercicio.

La actividad física se asocia con variaciones hemodinámicas que alteran las condiciones de carga del corazón. Si quieres conocer más sobre el síndrome del corazón de atleta y sus particularidades, sigue leyendo.

¿Por qué se hace más grande el corazón de los atletas?

El corazón es el órgano central de la circulación sanguínea. Este músculo, que pesa unos 300 gramos de media (el 0,4 % del peso corporal), es el más potente de todo el cuerpo humano, ya que se encarga de bombear la sangre por las arterias y las venas a cada una de las células del organismo.

En concreto, bombea la totalidad de la sangre circulante (4,5 litros) en cuestión de un minuto, y se estima que late más de 3000 millones de veces a lo largo de la vida de un humano sano. La facilidad con la que el corazón realiza su trabajo se mide con la presión arterial sistólica y diastólica. A mayor presión, más le cuesta al órgano funcionar.

Tal y como indica una publicación en British Medical Journalcon el ejercicio se aumenta tanto la frecuencia cardíaca como el volumen sistólico, o lo que es lo mismo, el volumen de sangre que el corazón expulsa hacia la aorta o la arteria pulmonar durante el periodo de contracción. Ambos parámetros son los que determinan la tasa de gasto cardíaco.

Gasto cardíaco= volumen sistólico de eyección (VS) x frecuencia cardíaca (FC)

En condiciones normales, el gasto cardíaco medio es de 4,5 litros/minuto. En comparación, fuentes experimentales han informado que un atleta bien entrenado puede presentar un gasto cardiaco en reposo de hasta 6,24 litros/minuto. ¿Por qué?

Salud cardiovascular
Con la práctica de ejercicio físico intenso, el ritmo cardíaco aumenta, al igual que el volumen sistólico.

Los cambios en el corazón del atleta

El corazón es un músculo, y como tal, cuanto más se entrena más se fortalece. El Manual MSD indica algunos de los cambios fisiológicos más evidentes en este órgano si se lleva a cabo una rutina de ejercicio intensa. Entre todos los cambios, destacamos los siguientes:

  • El corazón es más grande: las paredes y el tejido de las cámaras cardíacas se hacen más grandes. Esta condición se conoce como «hipertrofia cardíaca asociada al deporte». En disciplinas como el piragüismo, el boxeo, el triatlón o el ciclismo casi el 40 % de los atletas presentan hipertrofia cardíaca en mayor o menor medida.
  • Las paredes del corazón son más gruesas: el aumento del grosor del tejido cameral cardíaco le permite al corazón bombear una cantidad de sangre mucho mayor con cada latido. Cuando el miocardio se vuelve más fuerte y resistente, es capaz de expulsar más sangre fuera del órgano en cada ciclo.
  • Aumento del volumen eritrocitario: según la Revista Ciencias de la Salud, hacer ejercicio aumenta de forma sostenida el conteo de glóbulos rojos en sangre y de hemoglobina circulante dentro de estas células. Cuanto más entrenamiento se realiza, más oxígeno necesitan los músculos para desempeñar tareas más complejas.

Estos no son los únicos beneficios de hacer ejercicio. Practicar deporte de forma sostenida incrementa la capacidad pulmonar, reduce la cantidad de grasa corporal, mejora los síntomas de estrés generalizado y ansiedad crónica, entre otros eventos clínicos. Sin duda, estar activo es necesario para estar bien.

¿Cómo se detecta el síndrome del corazón de atleta?

El síndrome del corazón de atleta se clasifica erróneamente como una patología, cuando no lo es. Estamos hablando de una condición adaptativa. El hecho de que el cuerpo se acostumbre a una demanda fisiológica no solo no es malo, sino que es lo esperable en una persona sana.

La Organización Mundial de la Salud define la enfermedad como la «alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible». El síndrome del corazón de atleta no se puede englobar en esta definición.

Al no ser una enfermedad, no existen síntomas o signos que la evidencien. Por lo tanto, no se detecta de ninguna forma sin pruebas diagnósticas de por medio. Si el atleta presenta algún signo clínico, será porque está sufriendo una entidad relacionada con el sistema circulatorio que sí que se concibe como tal.

Las diferencias entre un corazón normal y otro con indicios patológicos son las siguientes:

  • A pesar de presentar un corazón más grande y robusto, en el atleta las válvulas y contracciones funcionan de la forma esperable. En los cuadros patológicos son comunes las arritmias, existen dolores en el pecho y hay desmayos regulares, sobre todo al realizar esfuerzos.
  • El corazón agrandado del deportista no reporta más riesgo de sufrir un ataque al corazón u otro trastorno por su variación fisiológica.

¿Representa algún riesgo el corazón de atleta?

En absoluto. El síndrome del corazón de atleta representa una respuesta adaptativa al aumento de la carga cardíaca, con la intención de normalizar la tensión ejercida en las paredes de las cámaras del órgano. De todas formas, aunque este síndrome no reporte ningún problema, hacer ejercicio de forma obsesiva sí que puede suponer peligros a largo plazo.

Por ejemplo, la Fundación del Corazón discute que hacer deporte sin control podría favorecer la aparición de arritmias y daños en el tejido cardíaco. El sobreesfuerzo y el aumento de resistencia de este órgano podría desembocar en irregularidades a largo plazo, pero aún se requieren más estudios para cimentar estas ideas.

¿Representa algún riesgo el corazón de atleta?
El síndrome del corazón de atleta no acarrea riesgos, ya que es una respuesta adaptativa.

La importancia del diagnóstico

La hipertrofia relativa del tejido cardíaco por ejercicio es algo normal, pero un corazón agrandado (cardiomegalia) es un signo clínico de que algo va mal. En algunas personas, puede que la cardiomegalia no provoque síntomas, pero en otras causará dolor, arritmias e hinchazones corporales en forma de edemas.

Existe una línea fina que diferencia el engrosamiento del corazón normal de lo patológico. En la siguiente lista, te presentamos algunos de los criterios que se utilizan para distinguir el síndrome del corazón de atleta de una miocardiopatía.

  • Hipertrofia ventricular izquierda: en el síndrome del corazón de atleta esta hipertrofia es menor a 13 milímetros, mientras que en la miocardiopatía o cardiomegalia el valor supera en todos los casos los 15 milímetros.
  • Función diastólica: la diástole es el periodo en el que el tejido cardíaco se relaja después de una contracción. En un cuadro de cardiomegalia, la función diastólica se ve como anormal en una ecocardiografía.
  • Hipertrofia septal: en el síndrome es simétrica, pero en la miocardiopatía hipertrófica este evento se presenta de forma asimétrica. Es decir que, en el corazón del atleta, los septos cardíacos se hiperdesarrollan al mismo tiempo y de la misma manera, mientras que en un cuadro patológico no es así.
  • Antecedentes familiares: muchas cardiopatías presentan una tasa de herencia de hasta el 50 %. Por ello, aunque la persona sea deportista, habrá que someterla a pruebas accesorias si hay un historial familiar de disfuncionalidades cardiovasculares.
  • Descondicionamiento: la hipertrofia ventricular izquierda desaparece con el tiempo si el deportista deja de hacer ejercicio (regresión). En el caso del cuadro patológico, esto no es así.

Como podrás ver, las diferencias entre ambos términos clínicos son muy sutiles. Por ello, ante cualquier sospecha, lo mejor es que el paciente opte por realizarse una serie de pruebas (electrocardiograma, ecocardiografía y radiografía torácica) para descartar un proceso patológico. Si todas las variables están bien, no hay de qué preocuparse.

¿Qué hay que recordar?

Los deportistas de élite suelen someterse a análisis sanitarios rutinarios. Con los medios y los equipos médicos adecuados, es sencillo diferenciar una condición grave de una respuesta adaptativa. No obstante, en el caso de las personas físicamente activas que no tienen a un grupo de profesionales detrás, la cosa se complica un poco.

De todos modos, no vale la pena obsesionarse con síndromes o patologías detrás del dolor torácico. El síndrome del corazón de atleta no es malo ni hace referencia a una enfermedad. No es necesario dejar de hacer ejercicio (dentro de los límites normales) por miedo a desarrollarlo. Sin embargo, sí es bueno solicitar exámenes médicos preventivos.

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