Suicidio en el adulto mayor: factores de riesgo y consejos de prevención

El adulto mayor vive una serie de condiciones psicosociales que pueden desencadenar el comportamiento suicida. Exploramos los factores de riesgo y cómo prevenirlo.
Suicidio en el adulto mayor: factores de riesgo y consejos de prevención
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 27 septiembre, 2022

El suicidio es una realidad que afecta a personas de todos los orígenes y procedencias, de toda clase social y, por supuesto, de todas las edades. Sin embargo, en cada etapa de la vida, la muerte voluntaria presenta unas particularidades en cuanto a factores de riesgo y posibilidades de prevención. Por ello, hoy exploramos el suicidio en el adulto mayor y sus características asociadas.

El suicidio es la principal causa de muerte no natural en España. Esta tendencia es cada vez más común en la población de edad avanzada.

Para comprender sus causas hemos de recurrir tanto a factores biológicos, como psicológicos y sociales. Estamos ante un fenómeno complejo, aunque prevenible en muchos casos.

El suicidio en el adulto mayor y sus particularidades

El comportamiento suicida abarca desde la ideación suicida hasta la planificación y la consumación de la muerte voluntaria. Sin embargo, no se presenta de la misma forma en todos los grupos de edad.

Centrándonos en el adulto mayor (personas de más de 60-65 años), diremos que presenta las siguientes particularidades:

  • El adulto mayor planifica bien el suicidio y lo hace de forma rápida. Los suicidios impulsivos son menos frecuentes.
  • Apenas dan señales y suelen ocultar sus intenciones hasta el último momento.
  • Existen menos intentos suicidas porque la mayoría de las veces logran el resultado fatal. Esto es debido, probablemente, al uso de métodos más letales (como ahorcamiento o precipitación al vacío).
  • A diferencia de otros grupos de edad, el adulto mayor suele recurrir con frecuencia al suicidio pasivo. Es decir, dejarse morir por medio de la no ingesta de alimentos, no tomar los fármacos recetados o descuidar su salud y su higiene.

Causas y factores de riesgo

La decisión de terminar con la propia vida nunca tiene una sola causa. Quien comete suicidio lo hace, en general, para liberarse de un dolor que no sabe cómo gestionar y considera que durará para siempre. Quitarse la vida aparece en su mente como la única opción para dejar de sufrir o abandonar una existencia sin sentido.

Sin embargo, el adulto mayor vive una serie de condiciones psicosociales que influyen en la aparición del comportamiento suicida. Así, los siguientes son algunos de los principales factores de riesgo.

Adulto mayor con riesgo de suicidio.
El adulto mayor vive particularidades que lo hacen susceptible al suicidio por causas diferentes a las de los jóvenes.

Jubilación

La jubilación es, con frecuencia, el hito que marca el paso hacia la tercera edad. Así se vive a nivel subjetivo, como el cambio que nos convierte en adultos mayores y nos introduce en la última etapa de la vida. Al jubilarnos perdemos nuestro rol como trabajadores; uno que suele marcar profundamente la identidad de las personas.

Nos desconectamos de ese ámbito laboral, perdemos relaciones humanas y dejamos de sentirnos importantes y productivos. Las rutinas diarias cambian y puede sentirse un vacío.

No para todos es igual, pero a muchas personas les cuesta aceptar esta transición y todas las diferencias que marca en su día a día. Si no se gestiona adecuadamente, puede causar un enorme malestar.

Deterioro físico y dependencia

A medida que envejecemos, es común que la salud se deteriore. Ya no somos tan ágiles como antes, ni física ni mentalmente.

Podemos perder vista, audición y movilidad. Esto nos convierte en personas cada vez más dependientes. Además, la situación se agrava si existen enfermedades o dolores constantes e incapacitantes.

Más allá del dolor físico, sentir que ya no podemos valernos por nosotros mismos, que somos una carga para otros, puede afectarnos. Esta es una de las principales cuestiones que experimenta el adulto mayor.

Afrontamiento de duelos

La muerte de un ser querido puede ocurrir en cualquier momento de la vida, pero en esta etapa de senectud, las pérdidas son más frecuentes y constantes por un mero motivo de edad. El adulto mayor puede verse obligado a afrontar la muerte de su cónyuge, de sus hermanos y otros familiares, de sus amistades…

Cada pérdida genera un duelo y nos enfrenta a una realidad de ausencias. Si estos se encadenan o se producen de forma muy seguida, el impacto emocional se multiplica y puede ser difícil de gestionar.

Soledad

La soledad es una de las emociones que con más frecuencia experimentan los adultos mayores.

Se han perdido las conexiones laborales, han ocurrido diversas muertes de seres cercanos y, además, es común que los familiares no dediquen mucho tiempo a acompañar al mayor. Dado que somos seres sociales, esta soledad impuesta pesa y puede impactar negativamente en el estado de ánimo.



Sensación de inutilidad y falta de propósito

No es sencillo asumir que cada vez somos menos necesarios. Si antes fuimos trabajadores productivos, padres entregados y personas muy activas, hoy esos roles han cambiado y podemos sentir una falta de propósito. Muchos adultos mayores se perciben inútiles e inservibles.

Adulto mayor en soledad.
La soledad, la falta de conexiones humanas, la jubilación y la autopercepción de minusvalía contribuyen a la ideación suicida de los adultos mayores.

Patologías mentales

En muchas ocasiones, el suicidio en el adulto mayor viene precipitado por algún trastorno psicológico subyacente; principalmente, la depresión. Se estima que esta patología afecta aproximadamente al 14 % de los mayores de 65 años, por lo que es uno de los grandes factores de riesgo.



Prevención del suicidio en el adulto mayor

Aunque todavía no existen programas lo suficientemente completos ni se está prestando la adecuada atención al suicidio en el adulto mayor, este puede prevenirse en muchos casos. Las medidas a tomar deberán ir dirigidas a paliar el impacto de los factores de riesgo y potenciar los factores de protección.

Así, algunas de las principales recomendaciones son las siguientes:

  • Promover el envejecimiento activo, optimizando la salud, la seguridad y la participación del adulto mayor.
  • Procurar el contacto humano y la creación de redes sociales y de apoyo. Evitar la soledad y el aislamiento.
  • Asumir responsabilidades familiares.
  • Potenciar la autonomía y la independencia tanto como sea posible. Para esto, se debe contar con buena asistencia médica y social.
  • Participar en actividades gratificantes y placenteras.
  • Detectar precozmente y tratar la depresión. Los profesionales sanitarios han de estar bien preparados para identificar posibles señales de alerta, ya que un alto porcentaje de los mayores que se suicidan visitan a su médico días antes de intentar quitarse la vida.

En definitiva, prevenir el suicidio en el adulto mayor es una tarea que debemos afrontar como sociedad, atendiendo a las necesidades específicas de esta etapa vital y ofreciendo soluciones útiles. Concienciarnos sobre el impacto de la soledad, la falta de apoyo y de propósito en la tercera edad es fundamental para realizar cambios apropiados.

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