Técnica de sobrecorrección en la educación de los niños, ¿cómo usarla?

Si quieres corregir un comportamiento inapropiado de tus hijos o eliminar malos hábitos, la sobrecorrección puede ayudarte. Te contamos cómo aplicar esta técnica.
Técnica de sobrecorrección en la educación de los niños, ¿cómo usarla?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 16 febrero, 2022

En la educación de los niños pueden surgir muchas dudas y conflictos respecto a cómo actuar. Quieres enseñarles lo que está bien, mostrarles el camino correcto y, para eso, a veces debes corregir sus conductas. Pero ¿cómo hacerlo? Pues bien, la técnica de sobrecorrección puede convertirse en una excelente opción en estos casos.

Afortunadamente, las últimas generaciones de padres están en desacuerdo con cualquier castigo que dañe la integridad física o psicológica de sus hijos. Sin embargo, al renunciar a estos estilos autoritarios en ocasiones se ven sin alternativas para educar.

La realidad es que existen herramientas muy eficaces que no causan ningún perjuicio a los niños y que puedes implementar en el día a día. Descubre, a continuación, una de ellas.



¿Qué es la sobrecorrección?

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La sobrecorrección es una técnica de modificación del comportamiento derivada del conductismo. Según esta corriente psicológica, toda conducta se mantiene, se incrementa o desaparece en función de las consecuencias que la siguen. Así, si quieres que un niño deje de comportarse de cierto modo, esa conducta debe estar seguida por una consecuencia negativa.

El castigo físico, las amenazas o las humillaciones no son alternativas válidas en ningún caso, ya que estas no educan y causan grandes daños. Sin embargo, tampoco sirve cualquier consecuencia. Es fundamental que esta esté estrechamente relacionada y vinculada con el mal comportamiento del niño.

Por ejemplo, si tu hijo ha pintado una pared y le castigas sin ver la televisión, esto no tiene ningún sentido. Debido a la falta de conexión natural entre ambos eventos, difícilmente establecerá una relación y aprenderá una lección valiosa al respecto. En este caso, una consecuencia coherente sería tener que limpiar con sus propias manos la pintura de la pared.

En este caso, la técnica de sobrecorrección va un paso más allá y «exagera» o extiende la consecuencia para que el aprendizaje sea mayor y más efectivo. Siguiendo con el ejemplo anterior, la sobrecorrección haría que el niño no solo limpiase la pintada de la pared, sino que limpiase además todas las paredes de la sala.



¿Cómo se aplica?

Como ves, se trata de una técnica totalmente inocua, que no daña al pequeño de ningún modo y, además, le ayuda a aprender de una forma natural y relacionada con su conducta. Ahora bien, existen dos formas diferentes de aplicar la sobrecorrección; en función de las circunstancias concretas, se podrá elegir la que mejor se ajuste a las necesidades.

Sobrecorrección restitutiva

En este caso, se busca restituir o reparar el daño causado por la conducta inapropiada. El ejemplo antes mencionado entraría en esta categoría: al limpiar la pared, el niño repara el daño material y aporta algo más. Es decir, deja el entorno mejor de lo que lo encontró.

Otro ejemplo válido podría darse en caso de que el menor rompiese un jarrón de porcelana. En este caso, podría pedírsele que lo repare pegando las piezas rotas con pegamento y que, además, le diese una capa de barniz o de pintura.

Sobrecorrección por práctica positiva

Existe otra modalidad que puede emplearse cuando no se haya causado un daño que se pueda reparar o cuando quieras fijar con mayor profundidad la conducta adecuada. En este caso, se le pide al niño que practique el comportamiento apropiado varias veces seguidas.

Por ejemplo, imagina que tu hijo después de ducharse ha dejado la toalla tirada en el suelo en lugar de ponerla en el colgador. En este caso, puedes pedirle que recoja la toalla y la cuelgue y, después, la vuelva a descolgar y a colocar varias veces más.

Ventajas y desventajas

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Esta técnica puede utilizarse para corregir las conductas inadecuadas de los niños y para modificar sus malos hábitos. También, es eficaz para eliminar conductas autoestimulantes y hábitos nerviosos, y reducir comportamientos agresivos. Se trata de una herramienta muy útil que reporta varias ventajas:

  • Permite señalar con claridad cuál es la conducta inadecuada
  • Como la consecuencia tiene una relación directa con el comportamiento, el aprendizaje es más eficaz
  • El niño puede restituir el daño causado, lo cual le enseña a hacerse cargo de sus actos y errores
  • Permite aprender y practicar una conducta positiva y alternativa. De este modo, no solo señalas lo incorrecto, sino que propones una solución y un modo correcto de proceder en futuras ocasiones.

Realmente, la sobrecorrección presenta pocas desventajas. Es una técnica que no causa humillación, daño ni resentimiento en el niño; asimismo, le permite sentirse útil y ser reconocido por la buena conducta posterior. Sin embargo, es importante que los padres sean firmes y constantes en su aplicación.

Al fin y al cabo, no deja de tratarse de un castigo (es decir, de una consecuencia que para el niño resulta negativa y poco apetecible). Así, es normal que se resista a cumplirla, que muestre ira o llanto. Es fundamental no ceder ante estas negativas, pues de lo contrario el menor entenderá que puede librarse de las consecuencias y no se producirá ningún aprendizaje positivo.

La sobrecorrección no es una venganza

Por último, conviene recordar que al aplicar la sobrecorrección estás tratando de enseñar al menor una forma apropiada de comportarse, pero no te estás vengando debido a su mal comportamiento. Al proceder, no debes hacerlo con ira, con reproches o amenazas, sino con tranquilidad y empatía.

Has de hacerle ver al niño que comprendes que esté enfadado por tener que cumplir el «castigo», pero que aun así debe hacerlo y tú estarás a su lado para acompañarle. Puedes incluso realizar la acción con él para actuar como modelo y enseñarle cómo se hace. De este modo, le mostrarás que no hay nada negativo o vergonzoso en la consecuencia que le has impuesto; que es solo una forma de aprender.

Si eres constante en la aplicación de esta técnica, puedes obtener muy buenos resultados sin dañar la relación con el niño. Por ello, no dudes en ponerla en práctica desde hoy mismo.

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