Tipos de suelo para jardín y sus características

Muchas veces, los resultados de tus cultivos dependen del tipo de suelo que tienes. Por ello, es primordial saber cuál es el tuyo, sus características y cómo mejorar las condiciones del mismo.

Cuando te animas a realizar tu propio cultivo, sin importar las plantas que vayas a sembrar, es primordial conocer el área en la que lo harás. Por eso, debes siempre saber los tipos de suelo para jardín y sus características.

De esta manera, te aseguras que sea el adecuado según la necesidad que tengan tus plantas. Cabe destacar que, en general, el suelo contiene como principales componentes las partículas de roca pulverizada, la materia orgánica y el agua.

No obstante, hay otra serie de compuestos más específicos que hacen posible la clasificación. Así que, si deseas más profundidad sobre el tema, sumada a una serie de recomendaciones para mejorar las condiciones del cultivo, continúa leyendo.

¿Cuáles son los tipos de suelo comunes para el jardín?

Dependiendo de la zona en la que te encuentres, la composición del suelo puede variar. En este sentido, para clasificar cada tipo es necesario analizar la cantidad de materia orgánica, agua o partículas de roca.

Suelo arcilloso

La arcilla es un componente que se destaca por retener los nutrientes. Aquí las partículas de roca son bastante pequeñas, por lo que al sostener una porción de esta tierra es común apreciar que se aplasta y se forma una bola compacta.

En este caso, el suelo es muy fértil, pero cuando se riega tiene mal drenaje. Esto quiere decir que, al echarle agua, la misma se mantiene en la superficie. Como consecuencia, se priva a la planta de los nutrientes necesarios para poder crecer en óptimas condiciones.

Uno de los elementos que se les puede incorporar para mejorarlo es el compost. Este es un fertilizante de residuos orgánicos.

En resumen, es una tierra muy propensa al encharcamiento y compactación. La técnica aquí es añadir materia orgánica para mejorar su estructura.

Las principales ventajas son las siguientes:

  • Suelo húmedo y fértil.
  • Puede ser conveniente para la mayoría de los tipos de plantas.

En cuanto a las desventajas del suelo arcilloso:

  • Resulta difícil de trabajar, pesado y hasta pegajoso.
  • Es frío, por lo que tarda en calentarse durante la primavera.
  • Es propenso a la compactación.
  • Posee escaso drenaje.

Suelo arenoso

Este es uno de los más comunes y destaca por la existencia de rocas con tamaños un poco más grandes que las del suelo arcilloso. Una buena forma de distinguirlo es tomar un puñado y observar cómo las partículas de tierra se escapan entre los dedos.

Algunos aspectos a resaltar sobre el suelo arenoso es que son permeables y se secan con rapidez. Esto hace que sea necesario regarlo con frecuencia.

Pero al realizar dicha acción los nutrientes se tienden a dispersar. Para evitarlo es recomendable añadirle más materia orgánica y aplicarle agua con mucha regularidad.

A pesar de que no es tan común en cultivos, sí es posible sembrar plantas que sean resistentes a la sequía. Por ejemplo, el césped, las crasas y los árboles.

Las ventajas de este tipo son las siguientes:

  • Poseen buen drenaje.
  • Son fáciles de trabajar durante casi todas las épocas del año.
  • Tienden a calentarse con rapidez en primavera, lo que estimula el crecimiento de las plantas.

Con respecto a sus desventajas:

  • Son propensos a la sequía.
  • Pobres de nutrientes, por lo que se tiene que incorporar más materia orgánica.
  • Con frecuencia suelen ser de pH ácido.
Suelo arenoso y pedregoso para el cultivo.
Los suelos arenosos y pedregosos dificultan el cultivo y hay pocas especies que pueden crecer en ellos.

Suelo pedregoso

Se ubican dentro de la clasificación de los tipos de suelos para jardín. Destaca por presentar piedras de diferentes clases y tamaños. La interferencia de ellas hace que no tenga la capacidad de retener el agua, por lo que no se recomiendan para la agricultura.

Otro nombre que identifica a este tipo es suelo rocoso. Las formaciones se originan a través del desdoblamiento de la superficie terrestre a causa de factores inducidos mecánicamente o por eventos naturales.

Abunda en muchas partes del mundo, pero es complicado trabajar con él cuando se quieren ejecutar plantaciones. Algunos de los cultivos que se producen en esta clase de suelo son la milenrama, la caléndula y la lavanda fina.

Las ventajas son las siguientes:

  • Ideales para fines decorativos.
  • Son muy abundantes en distintas partes del mundo.
  • Tienen buen drenaje de agua.

Por otro lado, cuando se hace referencia a sus principales desventajas hay que destacar las siguientes:

  • Complicado de cultivar.
  • Imposibilita la labor de excavación.
  • Requiere de trabajos de nivelación.

Suelo calizo

Otro de los tipos de suelo para jardín bastante difícil de trabajar es el calizo. El factor que afecta de forma negativa la labor de cultivo aquí es que la materia orgánica suele descomponerse con una rapidez acelerada.

Eso ocasiona que sea imprescindible añadirle una amplia cantidad de material orgánico con frecuencia. Se debe ser muy generoso al momento de nutrir y abonar este tipo de suelo.

Adicional a ello, es común que las plantas que crecen en este sustrato tengan las hojas con apariencia amarillenta. Si quieres ayudar al mejoramiento debes agregar un buen acolchado y regarlo bien. Aparte, no hay que olvidar la incorporación de la materia orgánica junto con un fertilizante de amplio espectro.

Las plantas que surgen bien en este tipo son las clavellinas, las clemátides, las flores silvestres y demás que sean resistentes a la sequía.

Haciendo referencia a sus principales ventajas, se puede decir que, si la capa superficial es más o menos profunda y contiene materia orgánica, se transforma en un suelo fértil con la ayuda necesaria.

Las desventajas más evidentes del suelo calizo son las siguientes:

  • Se caracteriza por ser alcalino, lo que lo convierte en no apto para plantas acidófilas.
  • Si es poco profundo es muy drenante.
  • Pérdida rápida de nutrientes.

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Suelo de marga

Cuando se buscan tipos de suelo para jardín que sean eficientes, sin lugar a dudas hay que tomar en consideración al de marga. Algunos también lo conocen como suelo franco. Se destaca por contener reservas de nutrientes y una disponibilidad de agua abundante.

En el momento en que examinas la tierra y descubres que posee un color marrón oscuro y es desmenuzable, significa que tiene presencia de materia orgánica. Como consecuencia de ello, los problemas para cultivar son casi nulos.

Un detalle que se puede distinguir es que encuentras lombrices en la capa superficial. Sumado a ello, producen excavaciones que aumentan la estructura del suelo.

Las ventajas más resaltantes son las siguientes:

  • Permite cultivar la mayoría de los tipos de plantas sin problemas.
  • Retienen una gran cantidad de agua y nutrientes.
  • Las plantas que se desarrollan en este entorno requieren muy poco aporte extra o incluso ninguno.

La desventaja rotunda es que no es ideal para el crecimiento de flores silvestres, ya que estas necesitan de un suelo pobre.

¿Cómo se pueden mejorar las condiciones de los tipos de suelo para jardín?

Los tipos de suelo para jardín juegan un papel fundamental en el planeta debido a que, a través de ellos, nacen los alimentos y las plantas. Por esa razón, con el pasar de los años las personas han realizado y realizan esfuerzos constantes para mejorar la calidad de los mismos.

En tal sentido, los terrenos de un cultivo deben cumplir con ciertos aspectos:

  • Contar con los nutrientes necesarios para que las plantas crezcan sin problemas.
  • Ofrecer un soporte para que se mantengan firmes.
  • Tener un buen drenaje y así reducir el exceso de líquido.
  • Asegurar aire y agua suficiente para las raíces.

Entonces, la capacidad de cultivo está condicionada por la calidad del suelo en el que se siembre. De allí la importancia de que cada agricultor regenere o mejore las condiciones del mismo. Para que lo hagas de manera eficiente toma en cuenta algunos de los siguientes puntos.

Agregar composta al suelo

La composta es un abono orgánico que se encarga de liberar nutrientes al suelo con lentitud. A través de esa constante liberación la tierra se mantiene nutrida y va mejorando con el pasar de los días.

Uno de los principales beneficios es que permite emplear una gran variedad de desperdicios orgánicos reciclados para su preparación. Eso se traduce en una reducción de gastos.

Lo ideal es que no sean desperdicios de origen animal, ya que pueden producir infecciones y parásitos. Haz uso de otros elementos, tales como pedazos de madera, hojas secas, ramas y residuos vegetales.

Utilizar plantas cobertoras

Un buen método para que tu suelo sea de mayor calidad es incorporar plantas cobertoras. Estas se encargan de proveer alimentos y dar sombra. Eso hace que cubran, protejan y alimenten el área para futuras cosechas.

El primer paso es identificar el terreno que esté deteriorado y sembrar estas plantas para que la fertilidad aumente. Las raíces de ellas abren canales por los que logra penetrar el agua y el oxígeno hacia la superficie.

Una recomendación es sembrar plantas de diferentes familias para potenciar la efectividad del proceso. Aparte, puedes dividir tu espacio en dos, de forma que destines una zona para la producción y otra para trabajar con el aumento de la fertilidad.

Planta cobertora para mejorar suelo del jardín.
Las plantas cobertoras agregan nutrición al suelo del jardín.

Añadir plantas con raíces profundas

Si no quieres invertir en fertilizantes o no posees el presupuesto para ello, siempre será buena idea sembrar plantas con raíces profundas. A través de ellas hay mayor facilidad para que los nutrientes entren en el subsuelo y se transporten hacia el exterior.

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Procedimientos para comprobar tu tipo de suelo de jardín

Una vez que ya sabes las características, ventajas y desventajas de los tipos de suelo para jardín, es momento de aprender a comprobar cuál tienes tú.

Uno de los métodos más comunes es cavar pozos de inspección en diferentes épocas del año y zonas. Con esos huecos cavados obtendrás datos sobre la textura del suelo, la profundidad de la capa superficial, el tipo de subsuelo y el contenido hídrico.

También puedes llevar a cabo la prueba del tacto. Como su nombre lo sugiere, consiste en tomar un pedazo de tierra con las manos y mover los dedos hasta apreciar detalles.

Una opción más avanzada es la prueba de sedimentación. Para lograrlo tendrás que introducir una muestra de tierra en un recipiente de vidrio que sea más alto que ancho. Solo debes llenar el envase hasta la mitad. Después completas con agua hasta el borde. Lo cierras y sacudes con energía.

Déjalo sobre una superficie plana y espera unas cuantas horas. Al transcurrir ese tiempo se distinguen tres capas de varios colores. La más baja la constituye la arena. La intermedia es limo y la superior es arcilla. La más superficial es de materia orgánica y agua.

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