Validar los sentimientos de los hijos ayuda en su desarrollo emocional

Validar los sentimientos de los hijos hace que ellos desarrollen más su inteligencia emocional, así como sus habilidades sociales. Invalidarlos, en cambio, deja huellas que se manifestarán en su vida adulta.
Validar los sentimientos de los hijos ayuda en su desarrollo emocional
Elena Sanz

Revisado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz.

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 16 diciembre, 2021

Validar los sentimientos de los hijos es más importante de lo que muchos padres creen. Esto les ayuda a reconocerse a sí mismos y a consolidar una personalidad sólida. Todo ello se verá reflejado en su vida adulta.

Hay padres que están convencidos de que validar los sentimientos de los hijos consiste en halagarlos y llenarlos de mimos. Sin embargo, esto no les permite a ellos identificar sus propias emociones y pensamientos.

El propósito no es hacerlos sentir especiales o amados, sino favorecer el reconocimiento de su subjetividad, de modo que ellos mismos desarrollen estrategias para autorregular sus emociones.

Validar los sentimientos de los hijos es organizar sus emociones

Aunque no lo noten, muchos padres invalidan con frecuencia a sus hijos. Lo hacen sin querer, por falta de información. Ocurre cuando, por ejemplo, al niño se le rompe un muñeco y el padre minimiza lo sucedido, diciéndole que ya mañana comprarán otro.

El punto es que no siempre se tiene claro lo que significa validar los sentimientos de los hijos. Para decirlo de una forma muy sencilla, se podría decir que es ayudar al niño a traducir sus sentimientos en palabras. Solo con esto, él logrará comprender mejor lo que siente y lidiará con ello de manera más acertada.

Si retomamos el ejemplo ya expuesto, la validación en ese caso consistiría en decir algo así como “estás triste y enojado porque perdiste tu muñeco y es importante para ti”. Un mensaje de ese estilo le permite al pequeño organizar sus emociones.

Quien desarrolló la teoría de la validación de los sentimientos fue la psicóloga y trabajadora social estadounidense Naomi Feld. Ella sostuvo la idea de que, si se ignoran los sentimientos de rabia, angustia o dolor, estos se fortalecen. En cambio, al reconocerlos se alivian y se reduce su intensidad.

¿Cómo validar los sentimientos de los hijos?

Dentro de las necesidades humanas está la de recuperar el equilibrio y la tranquilidad cuando estas han sido alteradas por algún motivo. Reconocer y validar las emociones que dan lugar al desequilibrio es uno de los caminos para recuperar la serenidad.

Ahora bien, no siempre es fácil pasar de la teoría a la práctica. Las siguientes son algunas pautas para hacerlo.

Abrazar al hijo que llora para validar sus sentimientos.
La cercanía padres-hijos es clave para que los niños puedan expresarse sin miedos.

El diálogo empático

El diálogo empático se basa en la apertura a los sentimientos del niño y en la capacidad para comprender las situaciones desde su punto de vista. Esto se logra, en principio, aprendiendo a escuchar sin juzgar.

A veces, los padres quieren intervenir de inmediato para aliviar los sentimientos negativos que detectan en sus hijos, porque esto los angustia. Pueden optar por compensarlos, negándoles la validez de tales sentimientos.

Lo más acertado no es hacer esto, sino darse un momento para abrirse al pequeño y escucharlo. Tal escucha va más allá de las palabras, pues implica interpretar sus gestos, actitudes y emociones. La idea es no intervenir de inmediato, sino dar lugar al silencio y la escucha antes de hacer algo.



Acompañar en lugar de dirigir

Validar los sentimientos de los hijos tiene más que ver con acompañar ese proceso de crecimiento y desarrollo que con dirigirlo. Cuando el pequeño expresa estados de ánimo o sentimientos negativos, en su interior sufre. Puede que esto no sea comprensible del todo para un adulto, pero así es.

El papel de los padres, en ese momento, es el de hacer presencia y ayudarle al niño a deshacer ese laberinto interior en el que se encuentra sin herirlo. Es importante entender que los pequeños suelen manifestar lo que sienten de forma inapropiada. Están en formación.

Lo ideal es que los padres se conviertan en un punto de referencia. Al descontrol no se responde con descontrol, sino con serenidad. El padre o la madre son la orilla a la cual se puede sujetar el niño para salir de su malestar.

No ofrecer soluciones, sino validar

Cuando se habla de validar los sentimientos de los hijos, a lo que se hace referencia es a permitir, aceptar y respetar que ellos sientan lo que sienten. El objetivo no es indicarles lo que deben hacer o tratar de resolverles la situación en la que se encuentran.

Validar de una forma adecuada implica reconocer lo que el niño siente y facilitarle el camino para que él también lo reconozca. El lenguaje gestual puede ayudar mucho. Por ejemplo, agacharse para estar a la misma altura de él. Así mismo, emplear palabras que pueda entender.

Lo habitual es que al comienzo, el niño no quiera conectar con los padres, en especial si está enojado. A veces solo es cuestión de darle unos minutos para sentir y que se dé cuenta de que ahí están los padres, dispuestos a ayudarlo.

Aceptar y respetar

Una persona alterada, sea niño o adulto, no necesita verborrea, sino una comunicación puntual y efectiva. Es importante hablar de tal modo que escuche, vocalizando bien y empleando solo las palabras necesarias. El tono debe ser neutro.

Muchas veces no es fácil para un padre mantenerse incólume en situaciones como esta. Si siente que no está en condiciones de lidiar con ello, también debe darse algo de tiempo para recuperar su propio equilibrio: es hora de validar los propios sentimientos.

El niño está en proceso de formación y no puede actuar como lo haría un adulto. Una buena técnica es buscar el diálogo y parafrasear lo que el niño dice, para que ambos lo comprendan mejor. Así mismo, conviene normalizar los sentimientos. Sentir ira o malestar no es algo del otro mundo.



Consejos y recomendaciones para validar los sentimientos de los hijos

Validar los sentimientos de los hijos hace que ellos se sientan comprendidos y aceptados. Esto les proporciona bienestar y le resta intensidad a la emoción negativa que los invade. Luego, se produce una apertura mental hacia la búsqueda de soluciones.

El resultado de esto es que el niño logra sentirse en mayor sintonía consigo mismo y con más capacidad de tramitar situaciones de manera autónoma. Esto incrementa su inteligencia emocional y será de gran ayuda para él en el futuro.

Sin embargo, no solo el niño sale ganando con esto. A medida que los padres logran que su hijo tramite sus emociones de forma más acertada, también se consigue que la crianza se convierta en una tarea más sencilla.

Cuando los padres consiguen validar los sentimientos de los hijos hacen que ellos se vuelvan más tolerantes a la frustración. Así mismo, que desarrollen más compasión y empatía con los demás.

Padre habla con el hijo para validar sus sentimientos.
La validación de los sentimientos no solo es beneficiosa para los niños. También los padres se fortalecen.

Los niños no son adultos en miniatura

No es fácil para un adulto ponerse en el lugar de un niño. Por eso, algunos padres invalidan los sentimientos de sus hijos sin darse cuenta. A veces, lo que para los pequeños es un gran problema, para los adultos es un asunto sin trascendencia.

Es precisamente esta perspectiva la que hay que cambiar. No es cierto que un niño sea un adulto en miniatura. Es alguien que apenas está empezando a acumular aprendizajes y experiencias; por eso necesita que le ayuden a encontrar su camino.

Te podría interesar...
5 consejos para pasar tiempo de calidad con tus hijos
Mejor con Salud
Leerlo en Mejor con Salud
5 consejos para pasar tiempo de calidad con tus hijos

Pasar tiempo de calidad con tus hijos es complicado pero necesario para su desarrollo emocional. Las siguientes pautas te ayudarán a lograrlo



  • Rieffe, C., Villanueva, L., Adrián Serrano, J. E., & Górriz Plumed, A. B. (2009). Quejas somáticas, estados de ánimo y conciencia emocional en adolescentes.
  • Ramírez, M. A. (2005). Padres y desarrollo de los hijos: prácticas de crianza. Estudios pedagógicos (Valdivia), 31(2), 167-177.
  • Marulanda, A., & Gómez, A. M. (1999). Creciendo con nuestros hijos. Editorial Norma.