Cómo alejarnos de aquello que nos hace daño

Priorizarnos y buscar el propio bienestar y felicidad no nos convierte en egoístas, sobre todo si lo hacemos para alejarnos de aquellas personas que nos perjudican.
Cómo alejarnos de aquello que nos hace daño
Valeria Sabater

Escrito y verificado por psicóloga Valeria Sabater el 20 marzo, 2021.

Última actualización: 20 marzo, 2021

Algunas actividades, ambientes o personas llegan a ser perjudiciales para el propio bienestar. Pero ¿sabemos cómo alejarnos de aquello que nos hace daño? Esos estímulos nocivos nos cambian y alejan de lo que somos en realidad: individuos fuertes, valientes, libres y que, por supuesto, merecen felicidad.

Ahora bien, no es tan fácil distanciarse y romper de la noche a la mañana con todo aquello que vulnera nuestra autoestima. Aunque existen focos de riesgo evidentes (el fuego, algo punzante, un callejón oscuro y poco frecuentado por la noche, etc.), no siempre es tan sencillo identificar los peligros.

Es decir, a pesar de que el cerebro está programado para reconocer amenazas externas y activar la respuesta de huida, a veces resulta más complejo de lo que parece darnos la instrucción de escapar. Esto es así sobre todo en el terreno de las relaciones afectivas.

Pero veamos más despacio qué alternativas son posibles.

¿Cómo alejarnos de aquello que nos hace daño?

Al alejarnos de aquello que nos hace daño empezamos otro camino.
Para dar este paso se requiere mucha madurez emocional.

Como seres sociales, establecemos vínculos sólidos con diferentes personas. No obstante, en ocasiones algunas de ellas alteran, en cierto modo, el propio equilibrio y bienestar.

Es probable que pensemos que ‘quien nos hace daño no nos merece’. Sabemos que es fácil de decir, que en el fondo somos del todo conscientes de que quien no nos respeta no nos quiere de verdad. Pero ¿cómo llegar a admitirlo? ¿Cómo reaccionar?

A continuación proponemos 4 claves que pueden ser de utilidad en estos casos.

1. Evitar a quienes todo el tiempo se priorizan a sí mismos

Cuando comentamos que algunas relaciones hacen daño, lo primero que consideramos es la violencia física. Sin embargo, también existe ese maltrato implícito, indirecto y silencioso igual de nocivo.

  • La falta de empatía y habilidades sociales a menudo obstaculiza los intercambios basados en el respeto y la reciprocidad.
  • Las parejas que suelen anteponer sus intereses a las de su compañero son asimismo destructivas.
  • Si la comprensión y la confianza brillan por su ausencia, resultará inviable construir lazos afectivos sanos.

Por tanto, ante cualquiera de estas situaciones, la posibilidad de poner distancia impedirá mayores consecuencias.

2. Dejar escapar los gestos que producen dolor

A menudo ya no es solo lo que alguien dice, sino cómo lo expresa y formula. Usar un tono despectivo, levantar la voz o hacer uso de la ironía son aspectos tácitos que atacan a la autoestima de quien los recibe.

  • Si, por ejemplo, la comunicación que unos padres tienen con su hijo es deficitaria o autoritaria, el autoconcepto y la seguridad del niño también se verán resentidos.
  • A su vez, en las amistades y relaciones de pareja, la forma en que damos la información o planteamos el diálogo dice más de nosotros que las propias palabras.

Si detectamos estos gestos en nuestro entorno, quizás la elección más saludable sea dejarlos marchar y eludir próximos encuentros.

3. Defenderse ante lo que nos perjudica

Al alejarnos de aquello que nos hace daño nos sentimos mejor.
Puede que dejar ir no sea fácil, pero muchas veces es necesario.

Sabemos reaccionar ante un estímulo físico amenazante, pero las dudas nos asaltan cuando se trata de uno social que nos rompe.

Además, el daño es aún mayor si el protagonista es un familiar o alguien de nuestro círculo más cercano. ¿Qué hacer si una madre, un hermano o una pareja no nos respeta?

  • Los límites son lo primero. Atreverse a decir no ante lo que no nos gusta o nos incomoda.
  • Lejos de ser un acto egoísta, consiste en informar a quienes nos rodean de que merecemos consideración y que hay detalles que nos molestan.
  • Lo esencial es que, ante esa advertencia, la persona reaccione.

No obstante, si a pesar de haber avisado, todo sigue igual, acaso sea el momento de tomar alguna decisión. Quien nos hace daño de forma voluntaria no nos merece.

4. Quererse es una forma de alejarnos de aquello que nos hace daño

Dado que se trata de cuidar de nosotros mismos, no esperemos que lo hagan las personas que, con sus actos, nos desprecian o manipulan.

  • Solo nos harán crecer las relaciones que nos permitan ser tal cual somos, esas en las recibimos cariño y comprensión.
  • Si de verdad nos queremos y deseamos proteger nuestra autoestima, la apuesta pasa por ponernos en primera posición.

Con todo, la distancia es una de las estrategias para preservar el propio equilibrio emocional. Es decir, limitar el contacto es una manera de apartarse de esos vínculos tóxicos.

¿Qué haremos para alejarnos de aquello que nos hace daño?

Con estas breves claves hemos querido plantear varias pautas para abordar los casos en que algo nos perjudica, sobre todo si se trata de relaciones personales.

Recordemos: somos responsables, valientes y merecemos construir la propia felicidad. La primera prioridad es uno mismo.

Por tanto, si queremos hacernos valer, quizás sea más saludable dedicarles tiempo y atención solo a quienes nos respetan y valoran. ¿Para qué desgastarnos y sufrir con las intenciones de quienes nos acaban haciendo daño?

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