Mark Twain: "Anhelamos más ser distinguidos por un talento que no poseemos que por los quince que poseemos"

Alguien puede escuchar con frecuencia que escribe muy bien, tiene facilidad para organizar o sabe resolver problemas bajo presión y responder con un simple “gracias”. Sin embargo, basta con que tenga dificultades para hablar en público para que esa capacidad pendiente ocupe buena parte de su atención.
Mark Twain observó esta paradoja en su autobiografía: podemos desear más el reconocimiento por un talento que no poseemos que los elogios por muchos de los que ya tenemos. Su reflexión plantea una pregunta que sigue resultando familiar: ¿por qué aquello que nos falta puede parecernos más importante que todo lo que hacemos bien?
Qué significa la frase de Mark Twain sobre los talentos que no poseemos
La familiaridad puede hacer que algunas capacidades pierdan importancia ante nuestros propios ojos. Si llevamos años escribiendo, cocinando, organizando o resolviendo determinadas situaciones, quizá dejemos de percibir el aprendizaje y la experiencia que existen detrás.
Una habilidad que se nos resiste, en cambio, permanece mucho más visible. Cada dificultad vuelve a recordarnos que todavía no la dominamos y puede convertirla en una especie de prueba pendiente. Lo que hacemos bien se vuelve cotidiano; lo que no conseguimos hacer continúa reclamando nuestra atención.
Lo que haces con facilidad también puede ser una fortaleza
Una capacidad no pierde valor porque utilizarla resulte natural. Pensemos en esa persona a la que todos recurren cuando hay que organizar un viaje, explicar un tema complicado, mediar en un desacuerdo o resolver rápidamente un imprevisto.
Precisamente porque algunas fortalezas forman parte habitual de nuestra manera de desenvolvernos, podemos acabar considerándolas normales. Incluso aparece el pensamiento de que «cualquiera podría hacerlo», aunque la experiencia de quienes nos rodean indique lo contrario.
Busca las capacidades que has dejado de ver
Para reconocer tus fortalezas, puede ser más útil buscar patrones que intentar elaborar de inmediato una lista de talentos. ¿Qué elogios recibes repetidamente? ¿Qué tareas suelen confiarte? ¿Para resolver qué problemas buscan tu ayuda? ¿Qué haces con relativa soltura que a otras personas les cuesta?
También puedes mirar hacia atrás. Algo que hoy haces casi automáticamente quizá requirió años de práctica antes de resultar sencillo. Recordar ese proceso permite distinguir entre una capacidad verdaderamente espontánea y otra que has desarrollado hasta el punto de olvidar cuánto esfuerzo hubo detrás.
Ninguna de estas señales constituye una prueba definitiva. Un elogio aislado no convierte automáticamente una actividad en una fortaleza, pero la repetición puede revelar capacidades que habías dejado de considerar especiales.
¿Quieres aprender esa habilidad o necesitas demostrar algo con ella?
Cuando deseas dominar algo nuevo, merece la pena preguntarte qué representa para ti conseguirlo. Quizá simplemente quieras aprender a bailar, liderar un equipo o hablar en público porque te interesa, lo disfrutas o lo necesitas profesionalmente.
Pero también puede ocurrir que una habilidad adquiera un significado adicional: demostrar que eres inteligente, creativo, interesante o capaz. La investigación sobre las llamadas contingencias de la autoestima ha estudiado precisamente cómo la valoración personal puede quedar especialmente vinculada al desempeño en determinados ámbitos.
La diferencia no está en dejar de perseguir aquello que nos cuesta, sino en detectar cuándo conseguirlo empieza a convertirse en una condición para sentir que finalmente somos suficientes.
Reconocer tus fortalezas no significa dejar de mejorar
Valorar aquello que ya sabes hacer y desarrollar capacidades nuevas son perfectamente compatibles. Puedes reconocer que escribes bien y seguir practicando para hablar mejor en público; admitir que sabes escuchar y querer convertirte en un mejor líder.
La reflexión de Twain resulta especialmente útil cuando una carencia empieza a borrar de la cuenta todo lo demás. Aquello que todavía no sabemos hacer merece espacio para aprender y mejorar, pero no necesita convertirse en la medida de nuestro valor.
Quizá el ejercicio sea tan sencillo como cambiar ocasionalmente la pregunta. En lugar de mirar únicamente qué talento te falta, pregúntate también qué haces tan bien y con tanta naturalidad que has dejado de considerarlo una fortaleza. Reconocerlo no significa conformarse: significa dejar de tratar como insignificante aquello que ya forma parte de ti.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







