Cómo mejorar nuestra capacidad de resolución de conflictos

Cuando discutimos o tenemos algún intercambio de pareceres con alguien, es muy importante diferenciar aquello que nos han dicho con aquello que creemos que nos han dicho, para así evitar conflictos mayores
Cómo mejorar nuestra capacidad de resolución de conflictos

Última actualización: 05 mayo, 2022

Mejorar nuestra capacidad de resolución de conflictos es algo clave en la vida, para mantener buenas relaciones, tanto en los espacios laborales, como en el ámbito familiar, e incluso con nuestra pareja.

¿Cuántas veces hemos discutido con un amigo o con un compañero de trabajo y luego nos hemos arrepentido? O simplemente, tras conversar con otra persona nos hemos dado cuenta de que nos hemos alterado más de lo que debimos…

Lo queramos o no, las diferencias están presentes en todos los ámbitos en los que tenemos que relacionarnos con otras personas. Son prácticamente inevitables, ya que al convivir o trabajar con alguien distinto a nosotros, es normal que haya puntos de vista encontrados.

De ahí que saber gestionar los conflictos sea de gran ayuda, para evitar así que se convierta en un mal mayor. Veamos cómo hacerlo. 

Lo que aquí te explicamos son consejos para la resolución de conflictos que no están validados por un profesional de la psicología. Si crees que necesitas una ayuda especializada, lo mejor que puedes hacer es acudir a un psicólogo.

Claves para la resolución de conflictos

Distintas disciplinas se han preocupado por el estudio de técnicas para mejorar la resolución de conflictos y cuidar así los vínculos con los demás. El objetivo es establecer un clima tranquilo y de respeto. A continuación, señalamos algunas claves a tener en cuenta.

1. La actitud es lo primero

Decía Aristóteles: “Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso ciertamente, no resulta tan sencillo”.

Y en la resolución de conflictos, esto es aún más complicado. Lo primero que debemos aprender, por tanto, es el manejo emocional. Discutir desde las emociones es complicado; más aún si lo que predomina es la ira.

Entonces, para comenzar hay que saber serenarse. Aunque este principio se debe observar desde inicio y a lo largo de todo el proceso. Antes, durante y después del conflicto: mantener la calma es indispensable.

2. Escuchar es mejor que hablar

En muchas ocasiones ocurre que nos atropellamos para hablar, para expresar lo que pensamos que está mal y hasta para criticar. Pero, si queremos mejorar nuestra capacidad de resolución de conflictos, tenemos que escuchar un poco más.

De hecho, se dice que la razón por la que tenemos dos oídos y una sola boca es porque deberíamos escuchar el doble de lo que hablamos. Es posible que escuchando lo que el otro tiene que decir, no solo entenderemos mejor su punto de vista, sino que en ocasiones descubriremos que no había tal conflicto, sino que solo era un malentendido.

3. Definir el problema

Ya que tenemos la actitud adecuada y la disposición para escuchar, debemos comenzar por aclarar: ¿sobre qué discutimos? ¿Qué originó la discusión? En la mayoría de las ocasiones, si nos hacemos estas preguntas e indagamos en lo sucedido, nos damos cuenta de que la causa del problema puede ser algo sin importancia.

Lo ideal es definir el problema de manera breve y específica, centrándonos en el ahora y mejor aún, en las posibles soluciones, dejando la retahíla de problemas subyacentes al asunto.

Pareja discutiendo sobre un sillón

4. Preguntar, si algo no está claro

Tenemos que asegurarnos de haber entendido el punto de vista de la otra persona. No perdemos nada si le pedimos que nos aclare algunas cosas, antes de pasar a refutar algún punto.

No importa si tenemos que preguntar varias veces, tanto por nosotros como para que la persona también se entienda a sí misma. Esto es lo que se conoce como la técnica de la mayéutica. Sin embargo, se debe evitar que parezca un interrogatorio.

5. Aprender a parafrasear

También es una opción responder al otro realizando un resumen de lo que nos ha dicho. Este es un método para comprobar que hemos entendido lo que nos ha querido decir.

Además, nos ayudará a evitar cualquier tipo de inferencias equivocadas sobre motivaciones, pensamientos, sentimientos y actitudes. De igual modo, es muy importante para diferenciar aquello que nos han dicho, de aquello que creemos que nos han dicho.

6. Ref0rzar lo positivo

Una vez que hemos escuchado y comprendido, comenzaremos a exponer nuestra posición, no criticando lo que el otro hizo, sino recalcando algo positivo. Así evitaremos que haya alguna explosión de ira y que se caldeen de nuevo los ánimos.

7. Los hechos, antes que las personas

Debemos aprender a concentrarnos en los hechos, no en las personas. De esta manera, hay que darle entender al otro que nuestra queja o crítica va dirigida hacia su conducta y no tanto a su forma de ser.

Aquello que ha suscitado el conflicto es algo puntual, que hizo en un momento determinado, pero no es lo que lo define. En suma, no ataquemos a la persona. Además, haciendo esto estaríamos más lejos de resolver el problema.

8. No generalizar

La generalización puede conllevar a diversos errores y a un aumento de la frustración. Decir a alguien “tú siempre haces eso”, cuando en realidad es algo que ocurrió una vez, es una generalización que podría influir negativamente en la autoestima.

9. No culpabilizar

Ninguno de nosotros posee la verdad absoluta con respecto a las cosas y las personas. No somos jueces ni estamos por encima de toda circunstancia para venir a juzgar. Además, la idea al resolver un conflicto es encontrar una solución, no un culpable.

Culpabilizar desemboca en desprecios, críticas, actitudes defensivas e indiferentes que tienen poco o nada que ver con el comienzo de la discusión. Esto incluye las recriminaciones, los reproches y otras actitudes, que lejos de ayudar a aclarar el asunto, añaden más leña al fuego.

Además, según el psicólogo John Gottman, esta dinámica recibe el nombre de los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, y puede tener consecuencias desastrosas.

10. Cuidar la expresión de sentimientos y emociones

Debemos en todo momento dar a entender al otro como nos sentimos. Esto es algo muy importante, sobre todo en una relación interpersonal. Hacerlo inspira confianza y abre la comunicación.

Y estos son dos pilares básicos si queremos mejorar nuestra capacidad de resolución de conflictos. Sin embargo, debemos cuidar cómo expresamos nuestras opiniones. “Yo pienso que…”, “Yo creo que…” es un modo asertivo de expresarnos.

Pareja enojada en un restaurante

11. Pensar en el futuro

Muchos refranes y expresiones lo recalcan. No se puede cambiar el pasado ni lo que ocurrió, pero sí podemos incidir, definitivamente, en el futuro. Por eso, la solución que se proponga debe apuntar en esa dirección.

12. Generación de alternativas

En este caso nos referimos a las posibilidades. Algo muy recomendado es generar tantas soluciones posibles como se nos ocurran. Por supuesto, entre las personas que mantienen el conflicto.

Una vez  realizado esto, lo conveniente es escoger aquella solución que beneficie a ambas partes de alguna manera. De este modo podremos valorar bien cada opción para ello.

13. Festejar los acuerdos

Una vez que hemos logrado resolver el problema y llegamos a algún acuerdo, no está de más alegrarnos por ello y hacerlo saber a la otra persona. Esto demuestra que la apreciamos y que nos contenta seguir manteniendo la relación.

14. Mutualidad y compromiso

Para acabar, el establecimiento de un compromiso entre las partes y su cumplimiento generará mayor confianza entre los miembros. A esto nos referimos con mutualidad y compromiso.

Evitar que el conflicto pase a mayores

Una discusión, por pequeña que sea, puede desembocar en situaciones de estrés y nervios. Podemos comenzar a discutir por la bombilla del baño y terminar por reclamarnos una situación de infidelidad que sucedió hace un tiempo.

Por tanto, hay que hacer un adecuado uso de las emociones. Esto es algo imprescindible para mejorar la capacidad de resolución de conflictos, si no queremos desembocar en situaciones desastrosas.

Para ello, la práctica de la relajación y respiración frecuente puede ayudarnos a tener un mayor autocontrol emocional, indispensable para hacer frente a este tipo de situaciones.



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