Logo image
Logo image

15 cuentos cortos para pensar

18 minutos
Estas piezas literarias, aunque breves, nos enfrentan a dilemas existenciales, nos invitan a cuestionar lo que creemos y nos muestran la complejidad de las emociones humanas.
15 cuentos cortos para pensar
Elena Sanz

Revisado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz

Última actualización: 20 enero, 2025

Los cuentos cortos para adultos tienen la capacidad única para captar nuestra atención y llevarnos a mundos complejos en solo unas pocas páginas. Son relatos que, a pesar de su brevedad, tienen el poder de tocar las fibras más profundas del ser humano, invitándonos a reflexionar sobre temas universales como el amor, la ética, la vida y la muerte.

Hemos preparado una selección de cuentos breves que no solo buscan entretener, sino también provocar introspección y debate. Algunos provienen de grandes autores reconocidos, mientras que otros son adaptaciones de historias y parábolas populares por su poder para cuestionar las creencias y desafiar las perspectivas. Te aseguramos, eso sí, que todos te harán reflexionar.

1. Una libra de mantequilla

Hace mucho tiempo vivía un granjero que vendía mantequilla en un pueblo muy pequeño. El panadero era uno de sus clientes más fieles, pero un día empezó a sospechar que la barra de mantequilla pesaba menos que la libra que estaba pagando.

Así, decidió pesarla en su negocio y descubrió que sus temores no eran infundados. Reunió a varios pobladores como testigos y se encaminó a los tribunales para demandar al granjero. Una vez allí, el juez le preguntó al granjero si usaba una medida para vender las libras de mantequilla.

Con una voz segura y con mucho temple el acusado respondió que, al trabajar con instrumentos primitivos, no tenía un mecanismo para pesar su mercancía. Sin embargo, sí tenía un método que usaba como escala. Los testigos, el panadero y el juez inclinaron el cuerpo para escuchar mejor la defensa del granjero:

«Señor juez, mucho antes de que el panadero empezara a comprarme mantequilla yo le he comprado una libra de pan todos los días. Él me lo trae temprano por la mañana, y lo que hago es ponerlo en una balanza y le doy la misma cantidad de mantequilla por el peso que él me da de pan».

Todos reclinaron el cuerpo hacia atrás y miraron de forma despectiva al panadero. Este decidió retirar los cargos y nunca más se quejó al respecto del peso de la mantequilla. Sin duda uno de los mejores cuentos cortos para pensar, uno cuyas enseñanzas puedes aplicar en tu día a día.

2. El príncipe feliz (Oscar Wilde)

«El príncipe feliz» es un emotivo cuento escrito por Oscar Wilde que narra la historia de una estatua dorada de un príncipe que, en vida, habitó en un palacio rodeado de lujos, pero tras su muerte, su figura se convirtió en un símbolo de riqueza y belleza, observando desde lo alto de la ciudad. Sin embargo, a su alrededor, todo estaba lleno de pobreza y sufrimiento, algo que el príncipe nunca experimentó en vida.

Un día, una golondrina que viaja hacia el sur decide descansar en los pies de la estatua durante el invierno. El príncipe, a través de su corazón de plomo, le pide a la golondrina que le ayude a aliviar el sufrimiento de la gente de la ciudad.

Le pide que saque sus piedras preciosas, su oro y su vestimenta para repartirlos entre los más necesitados: un niño enfermo, una mujer pobre con hijos, un hombre que no tiene nada con qué calentar su hogar, entre otros.

La golondrina, aunque al principio solo quería descansar, finalmente decide ayudar al príncipe y, a medida que va entregando los tesoros, su propio cuerpo se va empobreciendo. El príncipe pierde todo su esplendor y, por desgracia, la golondrina, agotada por el frío y el sacrificio, muere junto a la estatua.

Al final, la ciudad fue transformada por el altruismo del príncipe y la golondrina, quienes, a pesar de su sacrificio, encontraron la verdadera esencia de la felicidad en dar sin esperar nada a cambio.

3. El anciano del pueblo

Había una vez un anciano que vivía en un pueblo. Todos los habitantes lo evitaban, ya que tenía la mala fama de estar siempre de mal humor. Los niños temían pasar por el frente de su casa, e incluso los adultos recelaban al desearle los buenos días.

Los habitantes más longevos del pueblo aseguraban que desde siempre mantuvo esta actitud. Su amargura, odio y resentimiento superaba su carácter; ya que su casa, su césped e incluso sus vecinos también asimilaban este tono lúgubre.

Lo cierto es que un buen día, aquel en el que el anciano celebraba nueve décadas de vida, se empezó a esparcir el rumor de que el anciano estaba feliz. De repente su casa ya no se veía oscura, los vecinos habían recuperado su jovialidad y su césped era el más verde de todo el pueblo.

Todos rodearon su casa en espera de lo que había sucedido, a lo que el anciano los recibió con una gran sonrisa y emoción. Uno de los habitantes se atrevió con voz tartamuda preguntar por qué estaba tan feliz. La respuesta del anciano fue: «Nada en especial. He vivido noventa años buscando la felicidad y fue inútil. Hoy decidí dejar de buscarla y amanecí más feliz que en toda mi vida».

4. La lotería (Shirley Jackson)

«La lotería» es un inquietante cuento corto de Shirley Jackson que expone la crítica a las tradiciones no cuestionadas y la conformidad social. La historia tiene lugar en una pequeña comunidad rural donde todos los años, durante el solsticio de verano, los habitantes se reunían para participar en un evento conocido como «la lotería».

Era la mañana del 27 de junio y la gente se reunía en la plaza; los niños jugaban, y los adultos conversaban mientras el calor del verano se hacía presente. El señor Summers, el encargado de la lotería, se acercó con la vieja caja de madera, que contenía los papeles con los que se decidiría el destino de uno de los habitantes.

Cuando todos estuvieron reunidos, comenzó el sorteo. Primero, las familias debían mandar a un miembro para sacar un papel. Bill Hutchinson fue el primero de su familia, y al abrir el papel, vio que tenía el manchón negro. Esto significaba que toda su familia debía participar en un segundo sorteo.

Uno a uno, cada uno de los miembros fue sacando su papel y, cuando llegó el turno de Tessie, la esposa de Bill, ella sacó el papel con el manchón negro. Inmediatamente comenzó a gritar, exigiendo que el sorteo se repitiera, que no era justo. Pero nadie la escuchó; ni su marido ni los demás aldeanos la defendieron.

La multitud, que había estado tranquila, comenzó a actuar de manera mecánica, casi como si la violencia fuera parte de una rutina. Los niños recogían piedras, mientras los adultos se preparaban para lo que estaba por venir. Tessie intentó escapar, pero no pudo. Finalmente, fue apedreada por la comunidad entera, que se dispersó rápidamente sin remordimiento. La lotería había terminado y la violencia, una vez más, se había cumplido.

Esta historia muestra cómo la conformidad social y la ciega obediencia a las tradiciones podían llevar a la violencia y a la deshumanización.

5. El sabio de la montaña

En una montaña vivía un sabio que respondía a todas las preguntas, dudas e inconvenientes que tenían las personas. Miles acudían a él a diario para consultarle acerca de sus problemas. Un día, al percatarse de la dependencia que se estaba creando en torno a sus consejos, decidió reunirlos a todos alrededor de su gruta.

Allí, con miles y miles a su alrededor, les contó una anécdota graciosa que hizo soltar carcajadas a todos los presentes. Al terminarla esperó un minuto en silencio y empezó de nuevo a contar la anécdota. Esta vez solo unos pocos se rieron y muchos asumieron un temple de confusión.

El sabio hizo lo propio una tercera vez, solo que en esta ocasión nadie se rió de la historia. Uno de sus mayores admiradores se acercó y le preguntó cuál era el sentido de la dinámica. A lo que el sabio respondió: «No pueden reírse del mismo chiste una y otra vez, pero sí pueden quejarse y llorar una y otra vez por los mismos problemas. ¿No es acaso paradójico?».

Todos aquellos que lo rodeaban bajaron la cabeza avergonzados y se retiraron poco a poco de la montaña. Desde entonces, solo recibe un par de consultas al día; todas estas relacionadas con cosas estrictamente importantes.

6. El hombre muerto (Horacio Quiroga)

«El hombre muerto» es uno de los cuentos más famosos de Horacio Quiroga. Cuenta la historia de un hombre que trabajaba en su plantación de bananos, realizando las mismas tareas que llevaba años haciendo.

Confiado en la rutina, cruzó un cerco de alambre con su machete en la mano, sin imaginar que en un segundo todo cambiaría. Al dar un paso en falso, tropezó y cayó de forma aparatosa. Su propio machete, filoso y cruel, se hundió en su abdomen.

Quedó tendido en el suelo, aturdido por el dolor y la sorpresa. Miraba el cielo y escuchaba los sonidos familiares de su entorno: el zumbido de los insectos, el canto de los pájaros, el susurro del viento entre las hojas. Todo seguía igual, como si el mundo no se detuviera por su tragedia.

Intentó levantarse, pero sus fuerzas lo abandonaron. La sangre fluía lentamente, mezclándose con la tierra que tantas veces había trabajado. El hombre, consciente de que la muerte se acercaba, no gritó ni pidió ayuda. Su mirada fija en el cielo parecía aceptar la fatalidad de su destino.

Reflexionó en silencio sobre lo irónico de su situación: cómo una vida de trabajo y esfuerzo podía terminar de forma tan abrupta y absurda. Finalmente, el hombre murió allí, en el mismo campo que había sido su vida. La naturaleza, indiferente a su tragedia, siguió su curso.

7. El peso del vaso

En una clase sobre el manejo del estrés, un profesor no encontraba la manera de que sus estudiantes asimilaran sus enseñanzas. Decidió, justo antes de terminar, coger un vaso de agua, levantarlo al frente de todos y preguntarles con seriedad: «Cuánto pesa este vaso?».

Poco a poco todos empezaron a dar sus conjeturas acerca del peso, hasta que no quedó un solo estudiante presente sin que intentara acertar la respuesta. Cuando llegó este momento, el profesor respondió: «A mi parecer, el peso de este vaso es irrelevante. Todo depende de la cantidad de tiempo que lo sostenga». El salón permaneció en silencio y el profesor continuó:

«Si lo sostengo durante un minuto me parecerá que es un vaso muy ligero. Si lo hago durante horas mi brazo creerá que pesa varios kilos. Finalmente, si sostengo el vaso durante un día mi brazo se entumecerá y sentiré que pesa varias toneladas».

Ante la mirada confundida de sus alumnos el profesor expuso: «El peso del vaso no cambia, por supuesto, pero cuanto mayor es el tiempo que decido sostenerlo mayor sentiré que es su peso. Lo mismo sucede con las preocupaciones de la vida: piensa en ellas durante un minuto y te parecerán sencillas. Hazlo durante unas horas y empezarás a preocuparte. Llévalas contigo todo el día y te dejarán paralizado».

Los estudiantes asintieron con el rostro y el profesor puso el vaso sobre la mesa. Con esta dinámica pudo enseñarle más que todo aquello que había expuesto durante la clase.

8. El regalo de los reyes magos (O. Henry)

«El regalo de los reyes magos» es una de las obras más conocidas del escritor americano O. Henry, considerado uno de los maestros del cuento. Esta narración nos enseña que el amor verdadero reside en el sacrificio y en los gestos desinteresados, demostrando que lo más valioso no son los objetos materiales, sino la entrega mutua.

Della y Jim eran una joven pareja profundamente enamorada, pero su vida estaba marcada por la pobreza. Se acercaba la Navidad y, aunque ambos deseaban regalarse algo especial, sus bolsillos estaban casi vacíos.

La mujer tenía un cabello largo y hermoso, su mayor orgullo, mientras que el hombre poseía un reloj de oro que había heredado de su padre, su único bien preciado.

Determinada a comprar un regalo digno para Jim, Della tomó una decisión dolorosa: vendió su cabello a una tienda de pelucas, recibiendo apenas unos pocos dólares a cambio. Con ese dinero, compró una elegante cadena de platino para el reloj de Jim, imaginando cuánto le alegraría tenerla.

Esa misma noche, Jim regresó a casa con una expresión extraña. En sus manos llevaba un paquete pequeño, el regalo para Della. Al ver su cabello cortado, Jim pareció sorprendido, pero no dijo nada. Della, emocionada, le entregó la cadena para su reloj.

Entonces, Jim sonrió con ternura y le mostró su propio regalo: un juego de peines ornamentados para su cabello, algo que ella siempre había deseado.

La ironía era devastadora. Jim había vendido su reloj para poder comprar los peines. Ambos habían sacrificado lo más valioso que poseían, solo para hacer feliz al otro. Sin embargo, en ese sacrificio, descubrieron que su amor era el regalo más grande de todos.

9. El recipiente roto

Un anciano granjero de un pueblo de China tenía que hacer una larga caminata para llevar agua del arrollo hasta su granja. Para ello usaba un tronco en su cuello con dos recipientes grandes en sus extremos. Sin embargo, uno de estos tenía una grieta por la que se perdía un poco de agua.

Todos los días el anciano debía hacer varias caminatas de media hora para buscar agua. El recipiente con la grieta, a pesar de llenarlo por completo en el río, llegaba solo con la mitad del agua. Por supuesto, el intacto lo hacía sin perder una sola gota.

Así transcurrió la vida del granjero durante dos años, yendo y viniendo varias veces al día con sus recipientes. Un día, al inclinarse para recoger agua en el arrollo, notó que el recipiente agrietado estaba triste. Con una preocupación genuina interrogó los motivos, a lo cual este respondió:

«Estoy muy avergonzado contigo. Desde hace dos años mi grieta impide cumplir mi función. Te hago trabajar más por menos, así que ya no soy eficiente. Deberías reemplazarme por un recipiente que no filtre agua». El granjero calló, recogió agua e inició el camino de regreso.

A la mitad del trayecto el anciano respondió: «¿Notas todos estos árboles frutales y flores que crecen a tu lado? Bueno, están ahí gracias a ti. Planté semillas al percatarme de tu grieta y durante dos años has sido tú quien ha hecho que crezcan». A partir de ese día el recipiente recuperó su confianza y cumplió su labor con solemnidad.

10. La cuerda del reloj

Un anciano relojero vivía en un taller repleto de engranajes y manecillas, donde el tiempo parecía haberse detenido. Cada reloj que reparaba tenía una historia, pero aquel que llegó una mañana lo dejó especialmente intrigado.

Un hombre de mediana edad le entregó un reloj de bolsillo desgastado, con una inscripción casi borrada: «El tiempo es oro, pero su valor no se mide en monedas».

«Este reloj ha estado en mi familia por generaciones», explicó el hombre. «Dejó de funcionar hace años, pero no me atreví a tirarlo. ¿Puede arreglarlo?».

El anciano examinó el reloj con cuidado. Cada engranaje estaba en su lugar, cada resorte intacto. Finalmente, lo devolvió al hombre y dijo: «No necesita arreglo. Solo necesita que le des cuerda».

El hombre quedó desconcertado. «¿Darle cuerda? Dejé de hacerlo porque pensé que ya no tenía tiempo para detenerme a escuchar su tic-tac».

El relojero lo miró a los ojos y respondió: «Ahí está el problema. El tiempo nunca se detiene, pero somos nosotros quienes dejamos de darle importancia. Escucha su sonido. Es el eco de tu vida».

11. El comerciante y el mendigo

Cada mañana, un comerciante adinerado cruzaba la plaza del mercado y veía a un mendigo junto a un pozo. «¿Por qué desperdicias tu vida aquí?», le preguntaba siempre. El mendigo sonreía con calma y respondía: «Cada día tiro una moneda al pozo y pido un deseo».

Intrigado, el comerciante arrojó una moneda al pozo y pidió un deseo: «Que mi riqueza nunca desaparezca». Pero en los días siguientes, su fortuna empezó a desvanecerse. Negocios que antes prosperaban cayeron y su opulenta casa quedó vacía.

Desesperado, volvió al pozo y encontró al mendigo sonriendo. «Perdí todo», confesó.

«¿Y qué has ganado?», preguntó el mendigo. El comerciante reflexionó y se dio cuenta de que, sin sus riquezas, había recuperado tiempo para su familia y una paz que nunca había sentido antes.

12. El secreto del éxito

Una vez un discípulo le preguntó a su maestro acerca del secreto del éxito. El maestro, luego de reflexionar en silencio, le pidió que lo esperase al amanecer en la orilla del río para darle la respuesta.

Al día siguiente, justo antes del amanecer, el discípulo encontró a su maestro frente a la orilla del río. Sin decir palabra alguna, el maestro hizo un pequeño gesto, indicándole que lo siguiera, y comenzó a adentrarse en el agua.

El agua empezó a subir de los tobillos a la rodilla, de esta a la cadera y finalmente hasta el pecho. Justo cuando estaba por cubrirle el rostro, su maestro lo tomó y lo hundió con vehemencia bajo el agua. Empezó así una lucha feroz por emerger a la superficie, pero la fuerza de su maestro era tal que se lo impedía.

Finalmente, luego de varios segundos, este dejó que subiera por una bocanada de aire. Lo llevó a la orilla y le preguntó: «¿Qué era lo que más deseabas al estar sumergido?». «¡Respirar!», contestó el joven discípulo. A lo que el maestro contestó: «Allí tienes el secreto del éxito. Deséalo tanto como deseabas respirar aire el día de hoy. Cuando lo hagas, lo obtendrás».

13. El inverno más frío

Esta es reflexión tomada de la parábola del erizo del filósofo Arthur Schopenhauer. Sucedió en uno de los inviernos más fríos que asoló al planeta. Miles de animales morían y ya no quedaban grutas disponibles para salvaguardarse de la temperatura y la ventisca.

Varios erizos, al ver que morirían si no hacían algo, decidieron agruparse para mantenerse calientes. Parecía una gran idea, hasta que las púas de cada uno herían a sus compañeros más cercanos. Al no poder soportar el dolor, varios erizos se separaron y al poco tiempo murieron de frío.

El grupo de erizos debió tomar entonces una difícil decisión: permanecer juntos a pesar de las heridas para tener calor, o distanciarse y morir de frío. Aquellos que aprendieron a convivir con el dolor sobrevivieron al invierno, mientras que los que no resistieron murieron solos en la nieve.

14. Las luces de la ciudad

Una mujer siempre soñó con mudarse a la gran ciudad. Durante años, ahorró cada centavo para dejar atrás su pequeño pueblo. Finalmente, llegó el día en que logró su sueño. La ciudad la deslumbró con sus luces, su ruido, su inagotable energía.

Pero, con el tiempo, la fascinación se convirtió en rutina y las luces que tanto la habían encantado comenzaron a parecerle frías. Una noche, regresó al pueblo donde había crecido. Miró al cielo y vio las estrellas brillar como nunca.

Un anciano vecino se acercó y le dijo: «Las luces de la ciudad pueden ser hermosas, pero nunca eclipsarán la eternidad de las estrellas».

La mujer, conmovida, entendió que lo extraordinario siempre había estado al alcance de su mirada, aunque lo había olvidado.

15. El mundo (Eduardo Galeano)

Para cerrar con esta selección de cuentos cortos para adultos, te presentamos este microcuento del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano que aparece en su aclamada obra El libro de los abrazos.

«Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

—El mundo es eso —reveló— un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende».

Este relato nos invita a reconocer la belleza y el valor en la singularidad de cada ser humano. Aun cuando no todos brillan con la misma intensidad o de la misma forma, todos tenemos algo único que ofrecer al mundo

Los cuentos cortos para adultos nos invitan a reflexionar

Los cuentos van más allá de la literatura infantil, son obras que nos brindan momentos de reflexión y nos invitan a conectar con las diversas facetas de la experiencia humana. Desde la crítica social hasta las poderosas metáforas que nos ayudan a comprender nuestra existencia, estos relatos nos enfrentan a realidades que muchas veces preferimos evitar. ¡No dejes de compartirlos y de memorizar aquellos que más te han gustado!

Los cuentos cortos para adultos tienen la capacidad única para captar nuestra atención y llevarnos a mundos complejos en solo unas pocas páginas. Son relatos que, a pesar de su brevedad, tienen el poder de tocar las fibras más profundas del ser humano, invitándonos a reflexionar sobre temas universales como el amor, la ética, la vida y la muerte.

Hemos preparado una selección de cuentos breves que no solo buscan entretener, sino también provocar introspección y debate. Algunos provienen de grandes autores reconocidos, mientras que otros son adaptaciones de historias y parábolas populares por su poder para cuestionar las creencias y desafiar las perspectivas. Te aseguramos, eso sí, que todos te harán reflexionar.

1. Una libra de mantequilla

Hace mucho tiempo vivía un granjero que vendía mantequilla en un pueblo muy pequeño. El panadero era uno de sus clientes más fieles, pero un día empezó a sospechar que la barra de mantequilla pesaba menos que la libra que estaba pagando.

Así, decidió pesarla en su negocio y descubrió que sus temores no eran infundados. Reunió a varios pobladores como testigos y se encaminó a los tribunales para demandar al granjero. Una vez allí, el juez le preguntó al granjero si usaba una medida para vender las libras de mantequilla.

Con una voz segura y con mucho temple el acusado respondió que, al trabajar con instrumentos primitivos, no tenía un mecanismo para pesar su mercancía. Sin embargo, sí tenía un método que usaba como escala. Los testigos, el panadero y el juez inclinaron el cuerpo para escuchar mejor la defensa del granjero:

«Señor juez, mucho antes de que el panadero empezara a comprarme mantequilla yo le he comprado una libra de pan todos los días. Él me lo trae temprano por la mañana, y lo que hago es ponerlo en una balanza y le doy la misma cantidad de mantequilla por el peso que él me da de pan».

Todos reclinaron el cuerpo hacia atrás y miraron de forma despectiva al panadero. Este decidió retirar los cargos y nunca más se quejó al respecto del peso de la mantequilla. Sin duda uno de los mejores cuentos cortos para pensar, uno cuyas enseñanzas puedes aplicar en tu día a día.

2. El príncipe feliz (Oscar Wilde)

«El príncipe feliz» es un emotivo cuento escrito por Oscar Wilde que narra la historia de una estatua dorada de un príncipe que, en vida, habitó en un palacio rodeado de lujos, pero tras su muerte, su figura se convirtió en un símbolo de riqueza y belleza, observando desde lo alto de la ciudad. Sin embargo, a su alrededor, todo estaba lleno de pobreza y sufrimiento, algo que el príncipe nunca experimentó en vida.

Un día, una golondrina que viaja hacia el sur decide descansar en los pies de la estatua durante el invierno. El príncipe, a través de su corazón de plomo, le pide a la golondrina que le ayude a aliviar el sufrimiento de la gente de la ciudad.

Le pide que saque sus piedras preciosas, su oro y su vestimenta para repartirlos entre los más necesitados: un niño enfermo, una mujer pobre con hijos, un hombre que no tiene nada con qué calentar su hogar, entre otros.

La golondrina, aunque al principio solo quería descansar, finalmente decide ayudar al príncipe y, a medida que va entregando los tesoros, su propio cuerpo se va empobreciendo. El príncipe pierde todo su esplendor y, por desgracia, la golondrina, agotada por el frío y el sacrificio, muere junto a la estatua.

Al final, la ciudad fue transformada por el altruismo del príncipe y la golondrina, quienes, a pesar de su sacrificio, encontraron la verdadera esencia de la felicidad en dar sin esperar nada a cambio.

3. El anciano del pueblo

Había una vez un anciano que vivía en un pueblo. Todos los habitantes lo evitaban, ya que tenía la mala fama de estar siempre de mal humor. Los niños temían pasar por el frente de su casa, e incluso los adultos recelaban al desearle los buenos días.

Los habitantes más longevos del pueblo aseguraban que desde siempre mantuvo esta actitud. Su amargura, odio y resentimiento superaba su carácter; ya que su casa, su césped e incluso sus vecinos también asimilaban este tono lúgubre.

Lo cierto es que un buen día, aquel en el que el anciano celebraba nueve décadas de vida, se empezó a esparcir el rumor de que el anciano estaba feliz. De repente su casa ya no se veía oscura, los vecinos habían recuperado su jovialidad y su césped era el más verde de todo el pueblo.

Todos rodearon su casa en espera de lo que había sucedido, a lo que el anciano los recibió con una gran sonrisa y emoción. Uno de los habitantes se atrevió con voz tartamuda preguntar por qué estaba tan feliz. La respuesta del anciano fue: «Nada en especial. He vivido noventa años buscando la felicidad y fue inútil. Hoy decidí dejar de buscarla y amanecí más feliz que en toda mi vida».

4. La lotería (Shirley Jackson)

«La lotería» es un inquietante cuento corto de Shirley Jackson que expone la crítica a las tradiciones no cuestionadas y la conformidad social. La historia tiene lugar en una pequeña comunidad rural donde todos los años, durante el solsticio de verano, los habitantes se reunían para participar en un evento conocido como «la lotería».

Era la mañana del 27 de junio y la gente se reunía en la plaza; los niños jugaban, y los adultos conversaban mientras el calor del verano se hacía presente. El señor Summers, el encargado de la lotería, se acercó con la vieja caja de madera, que contenía los papeles con los que se decidiría el destino de uno de los habitantes.

Cuando todos estuvieron reunidos, comenzó el sorteo. Primero, las familias debían mandar a un miembro para sacar un papel. Bill Hutchinson fue el primero de su familia, y al abrir el papel, vio que tenía el manchón negro. Esto significaba que toda su familia debía participar en un segundo sorteo.

Uno a uno, cada uno de los miembros fue sacando su papel y, cuando llegó el turno de Tessie, la esposa de Bill, ella sacó el papel con el manchón negro. Inmediatamente comenzó a gritar, exigiendo que el sorteo se repitiera, que no era justo. Pero nadie la escuchó; ni su marido ni los demás aldeanos la defendieron.

La multitud, que había estado tranquila, comenzó a actuar de manera mecánica, casi como si la violencia fuera parte de una rutina. Los niños recogían piedras, mientras los adultos se preparaban para lo que estaba por venir. Tessie intentó escapar, pero no pudo. Finalmente, fue apedreada por la comunidad entera, que se dispersó rápidamente sin remordimiento. La lotería había terminado y la violencia, una vez más, se había cumplido.

Esta historia muestra cómo la conformidad social y la ciega obediencia a las tradiciones podían llevar a la violencia y a la deshumanización.

5. El sabio de la montaña

En una montaña vivía un sabio que respondía a todas las preguntas, dudas e inconvenientes que tenían las personas. Miles acudían a él a diario para consultarle acerca de sus problemas. Un día, al percatarse de la dependencia que se estaba creando en torno a sus consejos, decidió reunirlos a todos alrededor de su gruta.

Allí, con miles y miles a su alrededor, les contó una anécdota graciosa que hizo soltar carcajadas a todos los presentes. Al terminarla esperó un minuto en silencio y empezó de nuevo a contar la anécdota. Esta vez solo unos pocos se rieron y muchos asumieron un temple de confusión.

El sabio hizo lo propio una tercera vez, solo que en esta ocasión nadie se rió de la historia. Uno de sus mayores admiradores se acercó y le preguntó cuál era el sentido de la dinámica. A lo que el sabio respondió: «No pueden reírse del mismo chiste una y otra vez, pero sí pueden quejarse y llorar una y otra vez por los mismos problemas. ¿No es acaso paradójico?».

Todos aquellos que lo rodeaban bajaron la cabeza avergonzados y se retiraron poco a poco de la montaña. Desde entonces, solo recibe un par de consultas al día; todas estas relacionadas con cosas estrictamente importantes.

6. El hombre muerto (Horacio Quiroga)

«El hombre muerto» es uno de los cuentos más famosos de Horacio Quiroga. Cuenta la historia de un hombre que trabajaba en su plantación de bananos, realizando las mismas tareas que llevaba años haciendo.

Confiado en la rutina, cruzó un cerco de alambre con su machete en la mano, sin imaginar que en un segundo todo cambiaría. Al dar un paso en falso, tropezó y cayó de forma aparatosa. Su propio machete, filoso y cruel, se hundió en su abdomen.

Quedó tendido en el suelo, aturdido por el dolor y la sorpresa. Miraba el cielo y escuchaba los sonidos familiares de su entorno: el zumbido de los insectos, el canto de los pájaros, el susurro del viento entre las hojas. Todo seguía igual, como si el mundo no se detuviera por su tragedia.

Intentó levantarse, pero sus fuerzas lo abandonaron. La sangre fluía lentamente, mezclándose con la tierra que tantas veces había trabajado. El hombre, consciente de que la muerte se acercaba, no gritó ni pidió ayuda. Su mirada fija en el cielo parecía aceptar la fatalidad de su destino.

Reflexionó en silencio sobre lo irónico de su situación: cómo una vida de trabajo y esfuerzo podía terminar de forma tan abrupta y absurda. Finalmente, el hombre murió allí, en el mismo campo que había sido su vida. La naturaleza, indiferente a su tragedia, siguió su curso.

7. El peso del vaso

En una clase sobre el manejo del estrés, un profesor no encontraba la manera de que sus estudiantes asimilaran sus enseñanzas. Decidió, justo antes de terminar, coger un vaso de agua, levantarlo al frente de todos y preguntarles con seriedad: «Cuánto pesa este vaso?».

Poco a poco todos empezaron a dar sus conjeturas acerca del peso, hasta que no quedó un solo estudiante presente sin que intentara acertar la respuesta. Cuando llegó este momento, el profesor respondió: «A mi parecer, el peso de este vaso es irrelevante. Todo depende de la cantidad de tiempo que lo sostenga». El salón permaneció en silencio y el profesor continuó:

«Si lo sostengo durante un minuto me parecerá que es un vaso muy ligero. Si lo hago durante horas mi brazo creerá que pesa varios kilos. Finalmente, si sostengo el vaso durante un día mi brazo se entumecerá y sentiré que pesa varias toneladas».

Ante la mirada confundida de sus alumnos el profesor expuso: «El peso del vaso no cambia, por supuesto, pero cuanto mayor es el tiempo que decido sostenerlo mayor sentiré que es su peso. Lo mismo sucede con las preocupaciones de la vida: piensa en ellas durante un minuto y te parecerán sencillas. Hazlo durante unas horas y empezarás a preocuparte. Llévalas contigo todo el día y te dejarán paralizado».

Los estudiantes asintieron con el rostro y el profesor puso el vaso sobre la mesa. Con esta dinámica pudo enseñarle más que todo aquello que había expuesto durante la clase.

8. El regalo de los reyes magos (O. Henry)

«El regalo de los reyes magos» es una de las obras más conocidas del escritor americano O. Henry, considerado uno de los maestros del cuento. Esta narración nos enseña que el amor verdadero reside en el sacrificio y en los gestos desinteresados, demostrando que lo más valioso no son los objetos materiales, sino la entrega mutua.

Della y Jim eran una joven pareja profundamente enamorada, pero su vida estaba marcada por la pobreza. Se acercaba la Navidad y, aunque ambos deseaban regalarse algo especial, sus bolsillos estaban casi vacíos.

La mujer tenía un cabello largo y hermoso, su mayor orgullo, mientras que el hombre poseía un reloj de oro que había heredado de su padre, su único bien preciado.

Determinada a comprar un regalo digno para Jim, Della tomó una decisión dolorosa: vendió su cabello a una tienda de pelucas, recibiendo apenas unos pocos dólares a cambio. Con ese dinero, compró una elegante cadena de platino para el reloj de Jim, imaginando cuánto le alegraría tenerla.

Esa misma noche, Jim regresó a casa con una expresión extraña. En sus manos llevaba un paquete pequeño, el regalo para Della. Al ver su cabello cortado, Jim pareció sorprendido, pero no dijo nada. Della, emocionada, le entregó la cadena para su reloj.

Entonces, Jim sonrió con ternura y le mostró su propio regalo: un juego de peines ornamentados para su cabello, algo que ella siempre había deseado.

La ironía era devastadora. Jim había vendido su reloj para poder comprar los peines. Ambos habían sacrificado lo más valioso que poseían, solo para hacer feliz al otro. Sin embargo, en ese sacrificio, descubrieron que su amor era el regalo más grande de todos.

9. El recipiente roto

Un anciano granjero de un pueblo de China tenía que hacer una larga caminata para llevar agua del arrollo hasta su granja. Para ello usaba un tronco en su cuello con dos recipientes grandes en sus extremos. Sin embargo, uno de estos tenía una grieta por la que se perdía un poco de agua.

Todos los días el anciano debía hacer varias caminatas de media hora para buscar agua. El recipiente con la grieta, a pesar de llenarlo por completo en el río, llegaba solo con la mitad del agua. Por supuesto, el intacto lo hacía sin perder una sola gota.

Así transcurrió la vida del granjero durante dos años, yendo y viniendo varias veces al día con sus recipientes. Un día, al inclinarse para recoger agua en el arrollo, notó que el recipiente agrietado estaba triste. Con una preocupación genuina interrogó los motivos, a lo cual este respondió:

«Estoy muy avergonzado contigo. Desde hace dos años mi grieta impide cumplir mi función. Te hago trabajar más por menos, así que ya no soy eficiente. Deberías reemplazarme por un recipiente que no filtre agua». El granjero calló, recogió agua e inició el camino de regreso.

A la mitad del trayecto el anciano respondió: «¿Notas todos estos árboles frutales y flores que crecen a tu lado? Bueno, están ahí gracias a ti. Planté semillas al percatarme de tu grieta y durante dos años has sido tú quien ha hecho que crezcan». A partir de ese día el recipiente recuperó su confianza y cumplió su labor con solemnidad.

10. La cuerda del reloj

Un anciano relojero vivía en un taller repleto de engranajes y manecillas, donde el tiempo parecía haberse detenido. Cada reloj que reparaba tenía una historia, pero aquel que llegó una mañana lo dejó especialmente intrigado.

Un hombre de mediana edad le entregó un reloj de bolsillo desgastado, con una inscripción casi borrada: «El tiempo es oro, pero su valor no se mide en monedas».

«Este reloj ha estado en mi familia por generaciones», explicó el hombre. «Dejó de funcionar hace años, pero no me atreví a tirarlo. ¿Puede arreglarlo?».

El anciano examinó el reloj con cuidado. Cada engranaje estaba en su lugar, cada resorte intacto. Finalmente, lo devolvió al hombre y dijo: «No necesita arreglo. Solo necesita que le des cuerda».

El hombre quedó desconcertado. «¿Darle cuerda? Dejé de hacerlo porque pensé que ya no tenía tiempo para detenerme a escuchar su tic-tac».

El relojero lo miró a los ojos y respondió: «Ahí está el problema. El tiempo nunca se detiene, pero somos nosotros quienes dejamos de darle importancia. Escucha su sonido. Es el eco de tu vida».

11. El comerciante y el mendigo

Cada mañana, un comerciante adinerado cruzaba la plaza del mercado y veía a un mendigo junto a un pozo. «¿Por qué desperdicias tu vida aquí?», le preguntaba siempre. El mendigo sonreía con calma y respondía: «Cada día tiro una moneda al pozo y pido un deseo».

Intrigado, el comerciante arrojó una moneda al pozo y pidió un deseo: «Que mi riqueza nunca desaparezca». Pero en los días siguientes, su fortuna empezó a desvanecerse. Negocios que antes prosperaban cayeron y su opulenta casa quedó vacía.

Desesperado, volvió al pozo y encontró al mendigo sonriendo. «Perdí todo», confesó.

«¿Y qué has ganado?», preguntó el mendigo. El comerciante reflexionó y se dio cuenta de que, sin sus riquezas, había recuperado tiempo para su familia y una paz que nunca había sentido antes.

12. El secreto del éxito

Una vez un discípulo le preguntó a su maestro acerca del secreto del éxito. El maestro, luego de reflexionar en silencio, le pidió que lo esperase al amanecer en la orilla del río para darle la respuesta.

Al día siguiente, justo antes del amanecer, el discípulo encontró a su maestro frente a la orilla del río. Sin decir palabra alguna, el maestro hizo un pequeño gesto, indicándole que lo siguiera, y comenzó a adentrarse en el agua.

El agua empezó a subir de los tobillos a la rodilla, de esta a la cadera y finalmente hasta el pecho. Justo cuando estaba por cubrirle el rostro, su maestro lo tomó y lo hundió con vehemencia bajo el agua. Empezó así una lucha feroz por emerger a la superficie, pero la fuerza de su maestro era tal que se lo impedía.

Finalmente, luego de varios segundos, este dejó que subiera por una bocanada de aire. Lo llevó a la orilla y le preguntó: «¿Qué era lo que más deseabas al estar sumergido?». «¡Respirar!», contestó el joven discípulo. A lo que el maestro contestó: «Allí tienes el secreto del éxito. Deséalo tanto como deseabas respirar aire el día de hoy. Cuando lo hagas, lo obtendrás».

13. El inverno más frío

Esta es reflexión tomada de la parábola del erizo del filósofo Arthur Schopenhauer. Sucedió en uno de los inviernos más fríos que asoló al planeta. Miles de animales morían y ya no quedaban grutas disponibles para salvaguardarse de la temperatura y la ventisca.

Varios erizos, al ver que morirían si no hacían algo, decidieron agruparse para mantenerse calientes. Parecía una gran idea, hasta que las púas de cada uno herían a sus compañeros más cercanos. Al no poder soportar el dolor, varios erizos se separaron y al poco tiempo murieron de frío.

El grupo de erizos debió tomar entonces una difícil decisión: permanecer juntos a pesar de las heridas para tener calor, o distanciarse y morir de frío. Aquellos que aprendieron a convivir con el dolor sobrevivieron al invierno, mientras que los que no resistieron murieron solos en la nieve.

14. Las luces de la ciudad

Una mujer siempre soñó con mudarse a la gran ciudad. Durante años, ahorró cada centavo para dejar atrás su pequeño pueblo. Finalmente, llegó el día en que logró su sueño. La ciudad la deslumbró con sus luces, su ruido, su inagotable energía.

Pero, con el tiempo, la fascinación se convirtió en rutina y las luces que tanto la habían encantado comenzaron a parecerle frías. Una noche, regresó al pueblo donde había crecido. Miró al cielo y vio las estrellas brillar como nunca.

Un anciano vecino se acercó y le dijo: «Las luces de la ciudad pueden ser hermosas, pero nunca eclipsarán la eternidad de las estrellas».

La mujer, conmovida, entendió que lo extraordinario siempre había estado al alcance de su mirada, aunque lo había olvidado.

15. El mundo (Eduardo Galeano)

Para cerrar con esta selección de cuentos cortos para adultos, te presentamos este microcuento del periodista y escritor uruguayo Eduardo Galeano que aparece en su aclamada obra El libro de los abrazos.

«Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.

A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos.

—El mundo es eso —reveló— un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende».

Este relato nos invita a reconocer la belleza y el valor en la singularidad de cada ser humano. Aun cuando no todos brillan con la misma intensidad o de la misma forma, todos tenemos algo único que ofrecer al mundo

Los cuentos cortos para adultos nos invitan a reflexionar

Los cuentos van más allá de la literatura infantil, son obras que nos brindan momentos de reflexión y nos invitan a conectar con las diversas facetas de la experiencia humana. Desde la crítica social hasta las poderosas metáforas que nos ayudan a comprender nuestra existencia, estos relatos nos enfrentan a realidades que muchas veces preferimos evitar. ¡No dejes de compartirlos y de memorizar aquellos que más te han gustado!

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.