Depresión después del sexo o disforia postcoital: ¿por qué ocurre?

07 Diciembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
Cuando finaliza la actividad sexual solemos experimentar relajación y bienestar. Pero ¿qué ocurre si en su lugar sentimos tristeza o angustia? Hablamos de la disforia postcoital.

El sexo es una actividad placentera y, generalmente, resulta de lo más gratificante para sus participantes. Pero esto no siempre es así, ya que en ciertas ocasiones es posible experimentar sensaciones de angustia, tristeza o desasosiego tras la actividad sexual. Esto se conoce como disforia postcoital.

Si en algún momento te has visto en esta tesitura no te alarmes, ya que no es una condición infrecuente. Sin embargo, será necesario analizar en profundidad sus causas para evitar que el problema se cronifique.

La esfera sexual es una parte importante de la salud de las personas y de la dinámica de las relaciones. Frecuentemente se halla vinculada a otros ámbitos de la vida de manera bidireccional, de modo que los problemas personales suelen afectar a la actividad sexual así como las disfunciones sexuales influyen en el bienestar general.

Por lo mismo, pese a que las dificultades de esta índole suelen esconderse por culpa o vergüenza, es importante abordarlas a fin de alcanzar el bienestar personal.

¿Qué es la disforia postcoital?

Depresión después del sexo o disforia postcoital

La disforia postcoital también es conocida como depresión después del sexo. Sin embargo, no se trata de una depresión propiamente dicha, sino de la presencia de emociones negativas, como tristeza, ansiedad o nostalgia al finalizar la actividad sexual. Dichas sensaciones pueden durar desde pocos minutos hasta varias horas.

Estas emociones pueden aparecer tras el coito en pareja o tras la masturbación y afectan a hombres y mujeres de cualquier edad. Igualmente, no es necesario que la relación sexual haya sido insatisfactoria. Esta disforia puede presentarse, incluso, tras encuentros consensuados, deseados y disfrutados.

Por lo general, al finalizar la actividad sexual suelen experimentarse sensaciones de relajación y bienestar. Sin embargo, en este caso se produce una disfunción en la fase de resolución del ciclo de respuesta sexual. Por lo mismo, las emociones son entonces perturbadoras y desagradables.

Se trata de una condición que ocurre frecuentemente de manera esporádica. Aproximadamente el 41 % de los hombres y el 46 % de las mujeres afirman haberla experimentado alguna vez en la vida, según varios estudios.

En su mayoría, esto no tiene mayor importancia y suele tratarse de una situación transitoria. No obstante, cuando la disforia postcoital aparece de forma regular es importante analizar qué puede estar ocurriendo.

¿Cuáles son las causas?

Las causas de la disforia postcoital aún no están del todo claras. No se dispone de evidencia científica suficientemente sólida al respecto. No obstante, la principal teoría afirma que esta guarda relación con los procesos bioquímicos involucrados en la respuesta sexual.

Tengamos en cuenta que durante el orgasmo se liberan grandes cantidades de hormonas que generan bienestar. Además, durante este proceso se desactivan dos importantes áreas cerebrales: el lóbulo frontal y la amígdala (implicadas en el razonamiento y en emociones primitivas como la ansiedad respectivamente).

Así, tras el orgasmo, el organismo vuelve al nivel base y esto puede desencadenar las emociones negativas. Además, existen varias hipótesis que pueden complementar a la anterior respecto al origen de la disforia postcoital:

  • Las personas con una educación excesivamente rígida o religiosa pueden mantener creencias disfuncionales acerca del sexo. Al asociarlo con el pecado, la culpa o la vergüenza, pueden dar lugar a la aparición de esta depresión postcoital.
  • Quienes han sufrido violaciones o abusos sexuales de cualquier índole se encuentran más predispuestos a experimentar dichas emociones negativas relacionadas con el acto sexual.
  • En ocasiones, la disforia postcoital aparece debido a que no se mantiene una conexión lo suficientemente profunda con el compañero sexual. O, en otras palabras, porque no estamos física o emocionalmente preparados para mantener ese tipo de relaciones ocasionales.
  • Los problemas de pareja también pueden influir en este suceso. La intimidad puede hacernos más conscientes de los conflictos, los rencores o las insatisfacciones que, al salir a la luz, nos generan tristeza o angustia.

Tratamiento de la disforia postcoital

Como antes comentamos, si la disforia postcoital aparece de forma esporádica, no hay por qué preocuparse. Generalmente, se trata de algo transitorio que se resuelve sin necesidad de atención profesional. Por otro lado, si es un problema frecuente, el tratamiento irá dirigido a resolver las causas que se encuentren en el origen.

Así, tras descartar la existencia de alguna alteración orgánica, habrá que revisar las creencias personales respecto al sexo. Si este se considera tabú o se mantienen pensamientos de culpa o de vergüenza, será necesario reestructurar esas creencias.

Por otro lado, si se han vivido abusos puede que sea necesario trabajarlos en psicoterapia para que dejen de interferir en el funcionamiento presente. Del mismo modo, si hay problemas de pareja, una terapia conjunta puede resultar muy positiva para solucionar esos conflictos.

En general, resulta recomendable que la interacción no termine tras el orgasmo. Es decir, que ambos miembros de la pareja dediquen unos minutos a acariciarse, abrazarse o seguir compartiendo un vínculo más allá del sexo.

Cómo actuar frente a la disforia postcoital

Atención psicológica
Si tras las relaciones sexuales te sientes triste o afectado emocionalmente, consulta con un psicólogo de confianza.

Ante todo, si experimentas disforia postcoital, permítete sentir esa tristeza y pregúntate de dónde viene. Muchas veces nos conocemos mejor de lo que pensamos pero, simplemente, nos da miedo escucharnos.

Por último, si lo consideras necesario, no dudes en buscar apoyo profesional por parte de tu médico de confianza o psicólogo: el sexo también es salud.

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