Efecto espectador: ¿cómo actuamos durante una emergencia?

El efecto espectador señala que la influencia social es una variable de importancia; lo que hacen los otros condiciona el comportamiento.
Efecto espectador: ¿cómo actuamos durante una emergencia?
Maria Fatima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fatima Seppi Vinuales.

Última actualización: 09 mayo, 2022

¿Cómo crees que actuarías durante una emergencia? Si ves que alguien está sufriendo un ataque en la calle, ¿qué piensas que harías? muchas personas contestarían «intervengo, sin dudarlo» o «llamaría a la policía». No obstante, hay quienes dudan de ser capaces de poder tener una reacción efectiva. ¿Qué es el efecto espectador?

Bajo los resultados que arrojaron algunas experiencias y posteriores experimentos, el efecto espectador evidencia que esas respuestas pueden verse influenciadas por la presencia o ausencia de otras personas en la escena. Veamos de qué se trata.

¿Qué es el efecto espectador?

También conocido como «efecto Genovese», este fenómeno surgió a partir de un incidente ocurrido en la vía pública, en Nueva York, en 1964. Catherine Genovese regresaba a su casa cuando fue atacada y golpeada.

La escena fue vista por varias personas desde sus ventanas (se calcula que alrededor de 38 personas) y solo una de ellas fue capaz de intervenir, gritando: «deja a la chica en paz».

Este hecho —escalofriante por sí mismo— causó aún mayor conmoción por lo que podría llamarse pasividad de quienes estaban presentes, casi como espectadores. ¿Qué fue lo que sucedió?

Un grupo de psicólogos dedicados a la investigación de fenómenos sociales, llamados Bibb Latané y John Darley, llevaron a cabo una serie de experimentos en un ambiente al intervenir con algunas variables del contexto para indagar sobre el «efecto espectador».

¿Qué es el efecto espectador?
El efecto espectador evidencia que la presencia de varias personas en una situación de emergencia disminuye la capacidad de respuesta.

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¿En qué consistió el experimento?

Se convocaba a estudiantes a participar de un debate sobre diferentes problemas de la vida estudiantil en la gran ciudad. Se les indicaba que iban a poder opinar por turnos y escucharse mutuamente, pero que iban a quedar aislados por habitación.

En realidad, solo el sujeto de la primera habitación era real; era a quien se estudiaba. El resto de los participantes eran ficticios, ya que eran voces grabadas.  El experimento se organizó de la siguiente forma:

  • Una persona en la primera habitación y otra en la segunda.
  • Otra en la primera habitación y dos en la segunda.
  • También una persona en la primera y cinco en la segunda.

Durante la prueba, una de las persona decía que solía tener ataques de epilepsia cuando se ponía nerviosa. Luego, emitía su opinión y continuaban los otros participantes (voces grabadas). Por último, intervenía el sujeto real.

Pero, posterior a esto, cuando le vuelve a tocar el turno a la persona con epilepsia, empieza a decir que se siente mal, que está muy nerviosa y finge un ataque. En este punto, lo que se midió es la cantidad de participantes que ayudaron y el tiempo que se demoraron en hacerlo.

Los resultados arrojaron que cuando había más personas en la habitación, disminuía la intervención. De esta manera, se confirmaba la teoría propuesta con anterioridad respecto al efecto espectador.

Por último, vale la pena referir que se realizaron varios experimentos en la misma línea, con resultados semejantes. Por ejemplo, los de Latané y Rodin (1969).

¿Cuáles fueron las conclusiones del experimento?

Más allá de poder pensar en un shock inicial que paraliza la actuación, existen otros motivos sobre la no actuación. Algunas de las conclusiones del experimento que soportan la teoría del Efecto Espectador fueron las siguientes:

  • Cuanta mayor sea la presencia de personas, hay una mayor probabilidad de que nadie —o muy pocos testigos— intervengan. 
  • En una situación en la que hay varios testigos y cualquiera de ellos pueda intervenir, el sentido moral y de la responsabilidad se diluye. Es decir, dicha responsabilidad se vuelve compartida, por lo que es posible sentirse menos presionado a actuar. Incluso hay quienes dan por seguro que otra persona habrá intervenido llamando a la policía o realizando un pedido de ayuda de cualquier tipo.
  • Las personas toman en consideración el criterio de sus semejantes al momento de tomar una decisión. Por lo tanto, al observar que nadie se implica en una situación, la conclusión a la que se llega es que seguramente es mejor no intervenir. Es decir, «si el resto no hace nada, debe ser porque es mejor no hacerlo». La influencia social tiene un enorme peso al momento de tomar una decisión sobre actuar o no hacerlo.
  • Por último, si una situación es ambigua en un primer momento, las personas deciden no actuar porque no comprenden bien qué es lo que sucede. Incluso en algunos casos, como un modo de «autotranquilizarse», se llega a la conclusión de que no es conveniente implicarse en algunos asuntos «privados».

Por otro lado, como una conclusión adicional al experimento, se plantea que el efecto espectador tiene mayores probabilidades de ocurrir en grandes ciudades, que se caracterizan por el anonimato, al igual que en países más desarrollados.



¿Qué podemos hacer para no ser simplemente espectadores?

Repuestos del susto o shock inicial, es importante intentar mantener la calma y organizarse con las personas presentes ante la situación de emergencia.

Alguien puede llamar a la policía, mientras que otros pueden aplicar primeros auxilios, entre otras medidas, según lo requiera la situación. Es necesario poder ejercitar la empatía y actuar como nos gustaría que lo hicieran otros si se trata de nosotros o de algún ser querido.

Mujer con empatía
La empatía es una de las cualidades que hay que ejercitar para no caer en el efecto espectador.

Cambiar la anestesia por una acción con sentido

Si bien el efecto espectador y los subsiguientes experimentos se realizaron hace ya un par de décadas, hoy en día no nos encontramos tan lejos de situaciones similares.

¿Cuántas veces vemos en las redes sociales o en televisión filmaciones de peleas callejeras, accidentes, bromas y otros, que incluso se transmiten «en vivo y en directo»? ¿Qué sucede con aquellas personas que, además de estar como audiencia, son capaces de viralizarlo en lugar de implicarse en la situación o de respetar la privacidad de las víctimas?

Las situaciones son distintas y el contexto también; sin embargo, la pregunta acerca de nuestra responsabilidad e implicación en determinadas circunstancias queda flotando en el aire para invitarnos a revisar nuestra conducta.

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