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Demócrito, erudito griego: "el deseo desmesurado es la marca de un niño, no de un hombre"

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Demócrito advirtió que el deseo sin medida refleja inmadurez. Reconocerlo en la vida adulta ayuda a dirigir mejor nuestras decisiones.
Demócrito, erudito griego: "el deseo desmesurado es la marca de un niño, no de un hombre"
Escrito por Valentina Vallejo
Publicado: 21 febrero, 2026 08:00

El filósofo griego Demócrito, conocido por su visión materialista del mundo, también dejó reflexiones sobre la vida práctica y la madurez humana. Una de sus frases más citadas afirma que “el deseo desmesurado es la marca de un niño, no de un hombre”. Con ella, nos invita a pensar en cómo los impulsos sin medida pueden convertirse en una forma de inmadurez.

No se trata de eliminar los deseos, se trata de aprender a darles forma y medida para que no nos dominen. La madurez, en este sentido, consiste en dirigirlos en lugar de ser arrastrados por ellos. A continuación, te contamos cuáles son esas señales de inmadurez que conviene identificar

Impaciencia

Un niño quiere todo de inmediato, no tolera la espera y se frustra fácilmente. En la vida adulta, la impaciencia se traduce en decisiones apresuradas, en la incapacidad de sostener proyectos a largo plazo y en la ansiedad por resultados instantáneos. Cuando el deseo se vuelve desmesurado, la espera se percibe como insoportable.

La madurez, en cambio, reconoce que los procesos requieren tiempo. Aprender a esperar, a cultivar la paciencia y a valorar el esfuerzo sostenido es una forma de poner medida al deseo.

Comprar o decidir por impulso

El deseo sin límite también se refleja en las compras impulsivas o en decisiones tomadas sin reflexión. Es el mismo gesto infantil de querer algo “porque sí”, sin pensar en las consecuencias. Este tipo de comportamiento puede llevar a endeudamientos, arrepentimientos o elecciones poco coherentes con los objetivos personales.

La versión madura implica detenerse, evaluar y preguntarse si aquello que se quiere realmente aporta valor. No se trata de reprimir el impulso, se trata de darle un cauce más consciente.

Necesidad de gratificación inmediata

Los niños buscan recompensas rápidas como dulces, juegos, atención. En la vida adulta, esta tendencia se manifiesta en la búsqueda constante de entretenimiento, reconocimiento o placer inmediato. El problema surge cuando esa gratificación se convierte en la única forma de motivación, dejando de lado metas más profundas.

La madurez enseña a posponer la recompensa, a trabajar por objetivos que requieren constancia y a distinguir entre lo que es un capricho y lo que es un propósito.

¿Cómo se ve la versión madura del deseo?

Cuando el deseo se regula, no desaparece; se transforma en fuerza dirigida. Algunas señales de esa madurez son:

  • Elegir prioridades: saber qué merece atención y qué puede esperar.
  • Posponer gratificaciones: aceptar que lo valioso requiere tiempo.
  • Distinguir capricho de objetivo: reconocer qué es pasajero y qué responde a un propósito real.

Este enfoque no elimina la energía del deseo, la convierte en motor de proyectos más sólidos y coherentes.

Una forma simple de aplicarlo en la vida moderna

La filosofía puede parecer abstracta, pero se traduce en acciones cotidianas. Una práctica sencilla para regular el deseo es la pausa consciente:

  • Detenerse antes de actuar: respirar y dar unos segundos de reflexión.
  • Preguntarse: “¿Esto lo quiero o lo necesito ahora?”.

Este pequeño ejercicio permite diferenciar entre impulso y necesidad, y ayuda a tomar decisiones más alineadas con los objetivos personales. Con el tiempo, se convierte en un hábito que fortalece la autonomía.

Controlar el deseo no significa volverse frío ni renunciar a las ambiciones. Al contrario, implica dirigirlas con inteligencia y darles un cauce que construya en lugar de destruir. La verdadera libertad aparece cuando los impulsos dejan de llevar el volante y somos nosotros quienes decidimos el rumbo.

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.