¿Qué papel desempeña la dieta en la función inmunitaria?

La dieta consigue modular la función inmunitaria a través de la ingesta de micro y macronutrientes. Estos mejoran la respuesta ante agentes patógenos.
¿Qué papel desempeña la dieta en la función inmunitaria?
Saúl Sánchez Arias

Escrito y verificado por el nutricionista Saúl Sánchez Arias el 12 mayo, 2021.

Última actualización: 12 mayo, 2021

La dieta desempeña un papel importante a la hora de modular la función inmunitaria. Varios nutrientes están relacionados con la diferenciación de las células de la serie blanca, que son las responsables de rechazar organismos patógenos. Asimismo, los antioxidantes juegan un papel clave ayudando a evitar patologías complejas.

Por este motivo, siempre se recomienda llevar a cabo una dieta saludable y variada. Es importante combinar una correcta alimentación con otros hábitos adecuados, como la práctica de ejercicio físico de forma regular y el buen descanso. Solo manejando estos 3 pilares se conseguirá una función inmunitaria realmente eficiente.

¿Cómo y por qué influye la dieta en la función inmunitaria?

Como comentamos, la función inmunitaria depende en gran medida de las células de la serie blanca. Estas son las encargadas de detectar elementos extraños dentro del organismo, eliminándolos posteriormente. Ciertos nutrientes como el zinc son clave para conseguir el desarrollo de dichas células, tal y como afirma un estudio publicado en Nutrients.

La dieta en la función inmunitaria incluye los micronutrientes necesarios
La comida saludable es una excelente fuente de macro y micronutrientes.

Existen muchos otros nutrientes que intervienen de forma determinante en la prevención y en la curación de los procesos patológicos.

La vitamina C es buen ejemplo, ya que su ingesta a dosis adecuadas es capaz de reducir la incidencia de las enfermedades respiratorias y de mejorar su manejo. Así lo evidencia una investigación publicada en Frontiers in Immunology.

Por otro lado, la vitamina D no solo estimula la función inmunitaria contra agentes externos, sino que también juega un papel esencial en la prevención de las patologías complejas. Mantener unos niveles bajos de la misma ha demostrado incrementar la incidencia y el riesgo de desarrollar problemas de tipo cardiovascular.

¿Cuáles son los efectos adversos de llevar dietas poco saludables?

Plantear dietas poco saludables y sostenerlas en el tiempo genera un impacto notorio a nivel de composición corporal. La masa muscular puede reducirse, aumentando la porción grasa del organismo.

Una dieta inadecuada podría no satisfacer los requerimientos de los nutrientes antes comentados, lo que provoca un efecto directo sobre la función inmunitaria. Esta se vuelve cada vez menos eficiente, por lo que los patógenos serán capaces de atravesar las barreras del organismo y de multiplicarse dentro del cuerpo humano, causando síntomas.

Es importante garantizar que se consumen macronutrientes de calidad en proporciones óptimas, como las grasas saludables.

Estas son clave para que se mantenga una situación de homeostasis en el medio interno, sobre todo en lo que a equilibrio de los procesos inflamatorios se refiere. Hay que recordar que la inflamación es un proceso subyacente a muchas patologías graves.

Por último, se debe hacer mención al impacto de una dieta poco saludable sobre la microbiota, ya que esta se relaciona también con la función inmuntaria.

Si se produce una pérdida de diversidad o de densidad bacteriana en este órgano, será más probable que los patógenos traspasen las barreras del medio interno, originando así problemas.

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Dietas que estimulan la función inmunitaria

La dieta en la función inmunitaria incluye la dieta mediterránea
La dieta mediterránea, por ejemplo, se caracteriza por el consumo de pescados de forma habitual.

Las dietas que satisfacen los requerimientos de los nutrientes comentados son positivas para la función inmunitaria. Es fundamental que contengan vitamina C, vitamina D, zinc y grasas saludables en dosis óptimas y de manera diaria. Así la incidencia de las patologías infecciosas y crónicas se reducirá.

Ahora bien, al mismo tiempo es importante cuidar la microbiota, por lo que la inclusión de alimentos fermentados y de fibra se vuelve relevante. Por ello es siempre positivo consumir yogur o kéfir de forma habitual, además de garantizar la presencia de vegetales en grandes cantidades.

Tanto la dieta meditarrénea, como la atlántica e incluso la cetogénica cumplen estas características. Son densas a nivel nutricional, generan un ambiente de homeostasis a nivel interno y, si se plantean de forma adecuada, ayudan a mantener un estado de composición corporal óptimo.

De todos modos, han de ser complementadas con la práctica de actividad física de forma regular y con un buen descanso para conseguir explotar al máximo sus beneficios. En estos dos puntos falla una gran mayoría de la gente.

Para mejorar la función inmunitaria, come bien

La alimentación juega un papel clave en el mantenimiento de la función inmunitaria. Si el aporte de nutrientes no es eficiente se pueden producir problemas en la diferenciación de las células de la serie blanca, lo que vuelve al organismo más susceptible de padecer infecciones.

Los desequilibrios desde el punto de vista energético o nutricional consiguen provocar estados inflamatorios que aumentan la incidencia de enfermedades complejas, como las cardiovasculares. Por ello es importante evitar el consumo de ultraprocesados, de grasas trans y de azúcares simples.

No te olvides que la microbiota juega también un papel determinante dentro de la función inmunitaria, por lo que hay que cuidarla. Para ello conviene asegurar el consumo de alimentos fermentados y de fibra, aunque un suplemento de probióticos de forma puntual puede resultar de gran ayuda para apoyar sus funciones.

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