Tipos de pelvis y su relación en el parto

Los tipos de pelvis favorecen o dificultan el parto, pero no son los únicos factores que influyen en esto. El organismo femenino, además, libera hormonas durante el embarazo para que la zona pélvica sea más flexible.
Tipos de pelvis y su relación en el parto
Leidy Mora Molina

Revisado y aprobado por la enfermera Leidy Mora Molina el 01 enero, 2021.

Escrito por Edith Sánchez, 01 enero, 2021

Última actualización: 01 enero, 2021

Los diferentes tipos de pelvis influyen en el desarrollo del parto. Comencemos por decir que la pelvis es un conjunto de huesos que está ubicado en la parte inferior del torso. En concreto, entre la espalda baja y los muslos.

La pelvis cumple importantes funciones, como servirle de sostén a la parte superior del cuerpo y conectarla con las extremidades inferiores. Además, protege los órganos ubicados en esa zona y permite movimientos, como ponerse de pie o correr.

En principio hay dos grandes tipos de pelvis: la masculina y la femenina. Lo usual es que la de la mujer sea más ancha y abierta, ya que esto facilita el parto natural. Sin embargo, la pelvis femenina también puede presentar diversas modalidades. Veamos.

¿Cuáles son los 4 tipos de pelvis?

Los tipos de pelvis femenina se han definido con base en los tres estrechos que hay dentro de este conjunto óseo. Los estrechos son, como el nombre lo indica, escotaduras de los huesos en esa zona. El bebé tiene que atravesarlos al momento del parto.

Según la clasificación tradicional, hay cuatro tipos de pelvis femenina. Sin embargo, se ha sugerido que muchas mujeres no se ajustan en forma plena a ninguna de estas, sino que presentan combinaciones de dos o más. Pese a todo, la clasificación convencional elaborada por Caldwell y Moloy en 1930 se sigue utilizando.

1. Ginecoide

El 50 % de las mujeres presenta este tipo de pelvis, por lo que se le considera la más común. Es también la forma ósea que más favorece el parto vaginal. Se caracteriza porque tiene una forma redondeada o ligeramente ovalada y tiene unos estrechos amplios.

Parto vaginal de una mujer.
La pelvis ginecoide es la forma más habitual y la que más favorece el trabajo de parto natural.

2. Androide

La pelvis androide, también conocida como infundibuliforme, es similar a la masculina. Se estima que está presente en el 25 % de las mujeres y se caracteriza porque es estrecha y con diámetros angostos. Aún así, este es uno de los tipos que permite un parto vaginal en muchas ocasiones.

3. Antropoide

La pelvis antropoide presenta una forma ovalada y un diámetro estrecho en la parte superior. Esto dificulta de forma notoria el paso del bebé durante el nacimiento. Por lo tanto, no favorece el parto vaginal, aunque tampoco elimina esa posibilidad. Se estima que un 10 % de las mujeres tienen este tipo de pelvis.

4. Platipeloide

Es la modalidad menos frecuente y se caracteriza porque presenta un diámetro muy reducido que no favorece el nacimiento natural en ningún sentido. Lo usual es que esta configuración retrase el trabajo de parto y exija la práctica de una cesárea.

¿Cómo pueden influir en el parto los tipos de pelvis?

Es importante anotar que la pelvis femenina no es estática, sino que se mueve. De hecho, es posible flexibilizarla a partir de entrenamientos. Por lo tanto, los tipos de pelvis son un punto de referencia, pero no tienen por qué determinar siempre el tipo de parto que va a tenerse.

Dicho esto, conviene señalar que los estrechos de la pelvis dan lugar a unas áreas conocidas como planos de Hodge. Son cuatro y se numeran de arriba hacia abajo. Así pues, el primer plano es el más alto y el cuarto el más bajo.

El bebé tiene que pasar por un estrecho y ocupar cada uno de los planos de forma sucesiva. Desciende y rota a través del canal del parto para llegar, por fin, al mundo exterior. En principio, todos los tipos de pelvis permiten tener un parto natural, sin embargo, cada uno imprime ciertas variaciones.

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Tipos de pelvis y parto

Los tipos de pelvis determinan las características de los estrechos y de los planos. De este modo, favorecen u obstaculizan el paso del bebé:

  • Ginecoide: su forma ancha y abierta es la más propicia para el parto vaginal. El bebé cuenta con un espacio amplio para pasar de un plano al otro.
  • Androide: este tipo de pelvis dificulta el trabajo de parto. Lo usual es que el bebé tenga que moverse muy lento de un plano al otro. Puede requerir cesárea.
  • Antropoide: es más espaciosa en el plano de adelante que en el de atrás. Permite que haya parto vaginal, pero es posible que este sea más demorado y difícil.
  • Platipeloide: el bebé tiene grandes problemas para atravesar la entrada pélvica y esto hace muy difícil el parto. Este es uno de los tipos de pelvis que, por lo general, requiere de cesárea.
Ejercicios de Kegel para embarazadas.
La realización de ejercicios de Kegel en el embarazo permite flexibilizar la pelvis para mejorar el trabajo de parto.

¿Cómo identificar el tipo de pelvis?

Los tipos de pelvis no siempre se ajustan del todo a la clasificación que hemos descrito. Así mismo, durante el embarazo se liberan hormonas que ayudan a que los ligamentos pélvicos y las articulaciones presenten un mayor relajamiento, para facilitar el parto.

Ahora bien, existe información en internet y otras fuentes que, en apariencia, permiten determinar qué tipo de pelvis tiene cada mujer. Sin embargo, esos datos no son muy confiables. La mejor manera de establecerlo es con el médico o la partera.

Una persona con conocimientos al respecto realiza un examen pélvico en el que le hace una medición a los huesos. Dicho examen se conoce como pelvimetría y permite determinar qué tipo de pelvis corresponde a cada caso particular.

No solo importan los tipos de pelvis

Los tipos de pelvis no son los únicos factores que inciden en la facilidad o dificultad del parto. Hay otros elementos que influyen, como la posición del bebé, la condición del cordón umbilical y de la placenta, la presencia de varios fetos y el estado anatómico de la madre.

Es importante mantener un chequeo regular con el obstetra e informarle de cualquier dolor, presión o molestia que se tenga en el área pélvica. Algunos ejercicios guiados durante el embarazo ayudan a flexibilizar aún más esta zona, favoreciendo así el parto vaginal.

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