Lao-Tsé: "El que conoce a los demás es sabio; el que se conoce a sí mismo es iluminado"

Podemos llegar a conocer bastante bien a quienes nos rodean. Sabemos qué comentario molestará a un amigo, cuándo un compañero está bajo presión o cómo probablemente reaccionará alguien ante determinada noticia. Sin embargo, reconocer con la misma claridad nuestros propios patrones puede resultar bastante más complicado.
“El que conoce a los demás es sabio; el que se conoce a sí mismo es iluminado”, frase atribuida a Lao-Tse y procedente del capítulo 33 del Tao Te Ching, plantea precisamente esa diferencia. La reflexión invita a dirigir hacia nosotros mismos parte de la atención que utilizamos para interpretar a los demás. El autoconocimiento puede comenzar así: observando nuestras reacciones, expectativas y comportamientos cotidianos para comprender mejor qué los desencadena.
Conocer a los demás y conocerte no es exactamente lo mismo
Observar a otras personas nos proporciona información valiosa para relacionarnos. Con el tiempo aprendemos a reconocer sus comportamientos, anticipar determinadas respuestas y comprender mejor algunas de sus decisiones.
Conocernos a nosotros mismos supone dirigir esa observación hacia dentro. La pregunta deja de ser únicamente “¿por qué esta persona actúa así?” y pasa también a ser “¿qué hago yo cuando esto ocurre?”. No significa asumir la responsabilidad por el comportamiento ajeno, sino identificar nuestra manera de responder ante determinadas situaciones.
El autoconocimiento empieza por reconocer patrones
Conocerse no exige tener una explicación perfecta de la propia personalidad. Puede comenzar con algo mucho más concreto: detectar comportamientos que aparecen una y otra vez.
Quizá aceptas más tareas de las que realmente puedes asumir y después terminas agotado. Tal vez determinadas discusiones siguen siempre una secuencia parecida o reaccionas con mayor irritación cuando llevas demasiadas horas sin descansar. Reconocer estos patrones no implica juzgarlos; significa obtener información que puede ayudarte cuando vuelvan a aparecer.
Observa qué ocurre justo antes de reaccionar
A menudo analizamos una reacción cuando ya ocurrió: respondimos de manera brusca, aceptamos otro compromiso que no queríamos o convertimos una diferencia pequeña en una discusión. Una forma de conocerse mejor consiste en prestar atención también a lo que sucede inmediatamente antes.
Si sabes que respondes peor cuando estás cansado, por ejemplo, identificar ese agotamiento antes de mantener una conversación complicada puede ayudarte a decidir si ese es realmente el mejor momento. Quizá puedas esperar, explicar que necesitas una pausa o entrar en la conversación sabiendo que tienes menos paciencia de la habitual.
Tus expectativas también pueden revelar mucho sobre ti
No todos los patrones aparecen como acciones visibles. Las expectativas pueden influir silenciosamente en nuestra manera de interpretar lo que hacen los demás.
Si esperas que alguien reaccione de determinada manera y no lo hace, puede aparecer frustración. Reconocer esa expectativa permite preguntarte si habías expresado lo que necesitabas o estabas esperando que la otra persona lo adivinara.
Lo mismo sucede con las expectativas personales. Exigirnos completar una cantidad poco realista de tareas y frustrarnos cuando no lo conseguimos puede convertirse en un patrón tan revelador como cualquier reacción visible.
Conocerte puede darte un pequeño margen para elegir
Identificar un patrón no significa que desaparecerá inmediatamente. Puedes saber perfectamente que la prisa te vuelve impaciente y, aun así, perder la paciencia alguna vez. El autoconocimiento personal no implica alcanzar un control absoluto sobre cada respuesta.
Su utilidad puede estar en reconocer las señales un poco antes. Ese pequeño intervalo entre “sé lo que suele pasarme en esta situación” y reaccionar abre otras posibilidades: esperar unos minutos, pedir ayuda, poner un límite, revisar una expectativa o responder de otra manera.
Para llevar la frase de Lao-Tse a la vida cotidiana, puedes escoger una reacción que se repita y observar durante varios días qué suele ocurrir antes de que aparezca: cansancio, prisa, exceso de tareas, ciertas conversaciones o expectativas sobre otras personas. Quizá conocerse mejor no consista en descubrir una respuesta definitiva sobre quiénes somos, sino en reconocer nuestros patrones con suficiente claridad como para decidir qué queremos hacer con ellos.
Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.







