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Spinoza sobre el arte de callar: "Nada resulta más difícil de dominar que la lengua"

3 minutos
En ocasiones, hablamos de más y terminamos diciendo palabras que no queríamos. Mas lo ideal es frenarse y evaluar las frases antes de mencionarlas.
Spinoza sobre el arte de callar: "Nada resulta más difícil de dominar que la lengua"
Escrito por Daniela Bernal
Publicado: 06 septiembre, 2026 22:00

Baruch Spinoza fue uno de los grandes filósofos del siglo XVII. En su libro más famoso, titulado “La Ética”, formuló una observación que puede resultar incómoda —pero con mucha validez—, y que se popularizó en una frase poderosa: “Nada resulta más difícil de dominar que la lengua”.

Con esto quería decir que los seres humanos tenemos muy poco dominio de nuestros propios deseos y aún más sobre lo que decimos. Creemos que elegimos nuestras palabras con libertad. Pero lo cierto es que las causas que nos empujan a hablar muchas veces vienen de un impulso.

El peso de los impulsos

De acuerdo al filósofo, vivimos bajo la ilusión de que cada frase que pronunciamos es un acto de voluntad pura. Pero, si analizamos nuestras conversaciones diarias, podemos detectar que muchas palabras aparecen empujadas por emociones que no controlamos del todo. Por ejemplo, en una discusión acalorada, la ira puede hacer que digamos insultos o palabras hirientes que en calma no haríamos.

La vergüenza puede inducirnos a dar excusas de gran complejidad, mientras que el entusiasmo excesivo lleva a comprometernos con promesas difíciles de cumplir. Incluso la tecnología juega un papel en ese mayor torrente de palabras sin filtro que emitimos.

Y es que las prisas y la ansiedad por contestar rápido generan textos automáticos de los que puedes arrepentirte a los pocos minutos de enviarlos. Por ejemplo, revelando una confidencia por WhatsApp que no querías o colgando un comentario en redes sociales que permanecerá cuando la emoción que lo provocó ya haya pasado.

¿Cómo crear espacio entre el impulso y la palabra?

No necesariamente tienes que callar siempre para “dominar la lengua”. La idea es que aprendas a crear una pequeña distancia entre el impulso y la palabra. Antes de responder o enviar un mensaje, detente unos segundos y hazte las siguientes preguntas:

  1. ¿Qué estoy sintiendo? Con esta pregunta identificarás la emoción latente, que intenta tomar el control de la conversación.
  2. ¿Qué espero conseguir? Te ayuda a distinguir la intención auténtica de esas palabras. Bien sea resolver algo, o solo desahogar una emoción momentánea.
  3. ¿Lo que estoy a punto de decir me acerca a ese objetivo? Al hacerla, evalúas la eficacia y consecuencia de tus palabras. Sí contribuirán al resultado o serán contraproducentes.

El valor de la palabra oportuna

Ten en cuenta que “dominar la lengua” también incluye saber cuándo hablar. Y es que hay momentos en donde guardar silencio se vuelve un error y requieres de un uso preciso de la palabra. Por ejemplo, al poner un límite claro a un comportamiento abusivo, explicar una necesidad personal con honestidad o corregir una información falsa.

También es importante reconocer un error cuando hemos hablado mal. Pedir disculpas por una palabra dicha a destiempo es una forma de recuperar el control sobre nuestra narrativa personal.

No necesitamos impedir que aparezca el impulso de hablar. Lo que sí debemos intentar evitar es que los impulsos decidan todas nuestras palabras. Esta es la idea detrás de la frase de Spinoza.

Este texto se ofrece únicamente con propósitos informativos y no reemplaza la consulta con un profesional. Ante dudas, consulta a tu especialista.