Depresión blanca o blues de Navidad: ¿qué es y cómo superarla?

18 Diciembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por Valeria Sabater
Son muchas las personas que experimentan desánimo y malestar cuando llega la Navidad. La conocida depresión blanca hace que recordemos con mayor añoranza y sufrimiento a quienes ya no están.

La depresión blanca o blues de Navidad afecta a un buen número de personas. La llegada de esas fechas no siempre es motivo de ilusión, alegría o mágica festividad. En ocasiones, surge en nosotros una melancolía pegajosa, un desánimo constante y una sensación sombría que contrasta con muchos de quienes nos rodean, ávidos por disfrutar estas fechas.

Un hecho recurrente que acompaña a estos estados es la sensación de pérdida y añoranza. En estos días, es común recordar a quienes ya no están con nosotros. Esas ausencias son, quizá, más dolorosas en este tiempo. Además, también se dan otros factores, como el estrés, los desencuentros familiares, los problemas económicos o incluso el peso de la soledad.

Por otro lado, cabe señalar algo importante. La conocida depresión navideña se define como un trastorno emocional estacional. Es decir, puede ir perdiendo fuerza a medida que avanza el año. No obstante, en ciertos casos puede conformar un cuadro clínico grave al combinarse con la ansiedad o al arrastrar, ya previamente, una depresión no diagnosticada.

Depresión blanca o blues de Navidad: definición, síntomas y tratamiento

La depresión blanca o blues de Navidad define una condición psicológica marcada por el desánimo, la negatividad y el abatimiento durante estas festividades. No todo el mundo se deleita de esas calles iluminadas, de los cúmulos de gente comprando en los centros comerciales o de las canciones navideñas sonando casi en cualquier sitio.

No es que nos convirtamos en un Grinch navideño ni en el señor Scrooge, el clásico personaje de Charles Dickens, a quien le disgustaba mucho la Navidad. La depresión blanca no surge a raíz del odio a estas fechas, sino del abatimiento emocional que suscita. Es algo más frecuente de lo que pensamos y, de hecho, el número de casos aumenta cada año.

Mujer con depresión
La depresión blanca suele aparecer debido a la ausencia de seres queridos. También puede ser el resultado de problemas personales.

Te puede interesar: Depresión endógena: síntomas y causas

¿Qué síntomas causa la depresión blanca?

Esta condición lleva décadas estudiándose. Investigaciones, como las realizadas en la Universidad de  Estatal de Wright en Dayton, en Ohio, nos señalan algo interesante. Es cierto que durante esas festividades el estado de ánimo empeora, sin embargo, el final de las mismas también supone otra fuente de estrés y sufrimiento.

Ante estas situaciones, es esencial estar atentos a los síntomas.

Síntomas cognitivos (pensamientos)

  • Pérdida total del interés en las fiestas de Navidad. Se consideran inútiles u orientadas solo al marketing.
  • El pensamiento negativo y catastrófico se eleva.
  • La persona puede no dejar de pensar en quienes ya no tiene a su lado, en recordar a seres queridos que ya no están.
  • También se puede hacer balance de la propia vida, focalizándose antes en los malos recuerdos antes que en los buenos.
  • Aparecen problemas de concentración.
  • Es común sentir cierta niebla mental, es decir, nos percibirnos más despistados o agotados mentalmente.

Síntomas emocionales

  • Tristeza persistente.
  • Estado melancólico, esa situación en que experimentamos añoranza y pesadumbre.
  • Cambios en el estado de ánimo, como enfados, ataques de ira, rabia, etcétera.
  • Aparece la angustia psicológica, sensación de que todo va muy mal, de que la falta de esperanza lo inunda cada aspecto de la vida.

Síntomas comportamentales

  • Nulo interés por celebrar estas festividades.
  • Malestar al salir a la calle y ver las decoraciones navideñas.
  • Experimentar estrés al salir a comprar, al tener que realizar cenas y reuniones familiares.
  • La persona prefiere el aislamiento y la soledad.
  • Elevado agotamiento.
  • Cambios en la alimentación (inapetencia o hambre compulsiva).
  • Alteraciones en el sueño (insomnio o hipersomnia).

¿Cuál es la causa de la depresión blanca o blues de Navidad?

La depresión blanca o blues de Navidad no aparece de manera espontánea con el primer encendido de luces navideñas. Hay causas que la orquestan. Existen, incluso, condiciones comórbidas que la acompañan y que se agravan en este periodo. Conozcamos qué hay detrás de estas realidades.

  • Las pérdidas de personas queridas. En esta época aparece el dolor por esas ausencias.
  • Mayor sensibilidad al estrés y la ansiedad. El ritmo frenético de estas fechas nos puede pasar factura si ya lidiamos con esas realidades antes citadas.
  • También debemos destacar los factores ambientales. La falta de luz y el frío también orquestan en esa sensación de malestar.
  • Atravesar por un momento económico complicado, puede hacer que vivamos esta festividad con pesadumbre.
  • Las presiones sociales y familiares pueden actuar como esa presión psicológica, capaz de minarnos el ánimo y las ganas.
  • Por otro lado, hay algo evidente. La Navidad supone el final de un año y el inicio de uno nuevo. Ello nos invita a la reflexión, a valorar determinadas realidades personales.
  • La soledad es otro factor de riesgo

Muchas veces, podemos llegar a la Navidad con un trastorno depresivo no diagnosticado. Estas fechas pueden agravar esa condición psicológica.

¿Cuál es la causa de la depresión blanca o blues de Navidad?
Es importante atender la depresión navideña. Buscar compañía o pasar tiempo de calidad es clave para evitar que tome ventaja.

¿Qué podemos hacer para manejar la depresión navideña?

Esta forma de depresión afecta cada vez a más personas. El hecho más recurrente es vivir solos. En estas situaciones es importante contar con algún apoyo, amigo o asociación con quienes pasar estas fechas. Este es un primer factor que debemos considerar. ¿Qué más ponemos hacer?

No hacer nada si no nos apetece

Comidas y cenas familiares, compras, compromisos sociales, tener que hacer regalos, preparar esto y lo otro… Aprendamos a poner límites y realizar aquello que sienta nuestro corazón. Este es un principio de salud y supervivencia que debemos practicar a diario.

Darnos instantes de calidad

Es posible que estas fechas nos obliguen a cumplir con numerosos compromisos sociales. Ahora bien, más allá de «quedar bien con todos» lo prioritario es «quedar bien con uno mismo». Por eso, lo mejor es darnos tiempo para disfrutar las cosas que nos gustan y que queremos de corazón.

Racionalizar pensamientos

«Todo va a salir mal, este nuevo año será peor que el anterior, esta tristeza me va a matar… » Si tenemos esto en la cabeza, hay que procurar detenerlo. Es momento de racionalizar los pensamientos, de desactivar enfoques negativos, creencias irracionales e ideas que solo nos hacen daño. Cuidemos nuestro diálogo interno.

Los que ya no están no desean vernos tristes

La ausencia de alguien importante puede ser el detonante de la depresión en estas fechas. De ser así, ¿le gustaría a ese ser querido vernos así? Probablemente la respuesta es no. Hay que tratar de estar mejor en su honor.

Depresión blanca o blues navideño: márcate nuevos propósitos, diseña una vida con sentido

Ya lo dijo el neurólogo Viktor Frankl: «dale un propósito y un significado a tu existencia y lidiarás mejor con las dificultades». Hagámoslo, tracemos nuevas metas para el año que viene y recordemos nuestros valores y objetivos futuros.

Es un hecho que la depresión navideña se repite año tras año. No dudemos en solicitar ayuda especializada. En caso de no manejar esta realidad mental podemos derivar en una depresión mayor. ¡Tengámoslo en cuenta!

  • Sansone RA, Sansone LA. The Christmas effect on psychopathology. Innov Clin Neurosci. 2011;8:10-13.
  • Jule Eisenbud J. Negative reactions to Christmas. Psychoanal Quart. 1941;10:639-645
  • Cattell JP. The holiday syndrome. Psychoanal Rev. 1955;42:39-43.
  • Hillard JR, Holland JM, Ramm D. Christmas and psychopathology: data from a psychiatric emergency population. Arch Gen Psychiatry. 1981;38:1377-1381.